Última llamada para el aeródromo de La Lora

La pista de aterrizaje del aeródromo de La Lora, reconvertida en helipuerto, con sus instalaciones a la izquierda y los molinos de viento burgaleses a la derecha./
La pista de aterrizaje del aeródromo de La Lora, reconvertida en helipuerto, con sus instalaciones a la izquierda y los molinos de viento burgaleses a la derecha.

Valderredible busca usos alternativos a una infraestructura que costó más de 1,5 millones de euros a los cántabros, se terminó en 2008 y no se ha utilizado nunca

ÁLVARO SAN MIGUELSantander

El aeródromo de La Lora es un muerto viviente que ha costado a los cántabros, de momento, más de un millón y medio de euros. El Gobierno regional, presidido entonces por Miguel Ángel Revilla, terminó de construirlo hace casi una década y aún está por estrenar. El alcalde de Valderredible, Fernando Fernández (PRC), ha presentado una propuesta para asumir mediante un convenio la gestión de esta infraestructura, abandonada a su suerte desde 2008. Su intención es sacar algún rendimiento al aeródromo que él mismo reclamó con ahínco al Gobierno de entonces, prácticamente el mismo que ocupa ahora la sede de Peña Herbosa. "Sea como sea, con carreras de coches, con exhibiciones de drones, con vuelos sin motor El aeródromo tiene un potencial enorme para Valderredible", asegura. Aunque hasta ahora nadie se lo ha encontrado.

La Lora es tierra de viento y de fantasmas. Un páramo mestizo, entre cántabro y burgalés, donde sólo medran los parques eólicos y las ruinas. A la orilla de La Lora, asomándose a los campos verdes y a las balsas de regadío de Valderredible, el pueblo abandonado de Lorilla (Burgos) da fe de lo dura que es la vida en el páramo. La iglesia y las casas de piedra son pasto de las zarzas desde hace 40 años. A solo dos kilómetros de allí, pero en tierras cántabras, el aeródromo de La Lora va por el mismo camino.

Las vallas que protegían el perímetro han ido cediendo al paso del tiempo y cualquiera puede pasear sin problemas por la pista de aterrizaje, que sigue esperando una avioneta o un helicóptero que estrene su kilómetro de asfalto. Las puertas de la torre de control y de la casa de los pilotos han sido forzadas. Los vándalos apenas han robado porque nada había que llevarse, pero han roto ventanas, cerraduras y el escaso mobiliario que estaba por estrenar. En la casa de los pilotos aún quedan las estructuras de las camas, algunas reventadas a patadas, y un colchón que, a juzgar por los preservativos usados tirados en el suelo, puede ser lo único que haya tenido algún uso en el aeródromo.

El proyecto nació en 2006, con Revilla como presidente, Jesús Oria como consejero de Desarrollo Rural y Fernando Fernández como alcalde de Valderredible. Los tres, miembros del PRC, ocupan ahora los mismos cargos que entonces.

El presupuesto inicial ascendía a 1.197.931 euros. Las obras, adjudicadas al Grupo Tragsa (filial de la SEPI), finalizaron en septiembre de 2008. En aquellos días, el consejero Oria confiaba en que el aeródromo comenzara a funcionar en unos días como base de operaciones para la lucha contra incendios forestales.

Mientras se tramitaban los permisos para la circulación aérea, Castilla y León se sacó de la manga su propio proyecto para La Lora y en 2009 comenzó a construir un parque eólico a unos metros de la pista de aterrizaje. Un proyecto que nadie supo frenar o reubicar y que inutilizó para siempre el aeródromo. Los molinos de viento interferían con la línea de despegue y por tanto AENA no podía dar permiso para volar allí. "Que yo sepa -dice Fernando Fernández- nunca se intentó llevar a los tribunales. Sé que se intentaron cosas desde el ámbito político, como cambiarlo de sitio, pero no hubo manera".

El Parque Eólico Sargentes, construido por ACS y su filial Inverduero, no tardó en convertirse en una provechosa inversión para el grupo empresarial de Florentino Pérez. Tres años después de su construcción fue vendido en un paquete de once parques eólicos por 580 millones de euros. El fondo británico de capital riesgo que asesoró a distintas sociedades para que compraran los parques terminó demandando al Estado en 2015 por los recortes en las ayudas públicas a las renovables.

En estos años en que los molinos de viento han ido generando energía y riqueza, Cantabria ha seguido invirtiendo en el aeródromo para buscarle algún provecho. Así se inyectaron otros 373.952 euros de dinero público para convertirlo en helipuerto. La Agencia Espacial de Seguridad Aérea dio los permisos de vuelo para helicópteros a finales de 2014, pero según reconoce el alcalde de Valderredible, ninguno se ha posado allí jamás.

El Gobierno intentó derrotar a los molinos con un estudio histórico y jurídico que confirmara sus sospechas de que el parque eólico estaba, al menos parcialmente, en suelo cántabro. Así que pagó a un equipo de investigadores de la Universidad 13.920 euros para que recogiera evidencias suficientes. El resultado fue el mismo que imaginó Cervantes para su querido don Quijote: un fracaso.

Y mientras pasaba todo esto, las dos pedanías que cedieronen concesión administrativa por 30 años los terrenos para el aeródromo, Sobrepeña y Rebollar de Ebro, han ido llevando la cuenta de los euros que les deben. Este mismo mes, el pedáneo de Sobrepeña, Óscar Bárcena, ha explicado que a su Junta Vecinal le deben 12.900 euros. Su reacción al saber que el Ayuntamiento y el Gobierno buscan usos alternativos para la infraestructura ha sido muy clara: No se hará nada en La Lora mientras no nos paguen lo que nos prometieron.

Fernando Fernández, que además de regidor en Valderredible es diputado del PRC en el Parlamento de Cantabria, exime al Gobierno regional de responsabilidades por la inversión fallida. "Yo luché mucho por crear una infraestructura que era, y sigue siendo, muy importante de cara al problema de los incendios forestales. El Gobierno hizo lo que tenía que hacer, pero a veces suceden cosas difíciles de explicar. Me consta que se mandó el proyecto a Castilla y León y que desde allí no pusieron ningún impedimento al aeródromo. Desde el Gobierno de Cantabria hubo buena voluntad y permisos legales, así que en ese sentido no se puede decir más.

En el Ayuntamiento vecino, Sargentes de La Lora, su alcalde ofrece otra versión: "Antes de la construcción del aeródromo estaba aprobada la colocación de aerogeneradores en esa zona", dice Carlos Gallo, que no obstante lamenta no poder ofrecer más detalles sobre los orígenes del parque eólico, por lo que es difícil saber cuál de los dos proyectos comenzó a gestarse primero.

De momento, las líneas maestras del convenio que quiere firmar Valderredible con el Gobierno son bastante gruesas. Los usos alternativos para al aeródromo están por definir; hay ideas, pero nada concreto. Tienen claro que, por encima de cualquier actividad de ocio, siempre se dará prioridad a los helicópteros que necesiten aterrizar en la zona, aunque el exceso de actividad aérea no ha sido nunca un problema en La Lora. La responsabilidad de restaurar y vigilar el espacio también está por repartir. Igual que el pago del canon anual a las juntas vecinales propietarias de los terrenos, aunque Fernández afirma que eso se podría pagar con el dinero que generen las actividades que organicemos allí. Unas actividades que contarán siempre con el hándicap de la localización del aeródromo, que está a una hora y 35 minutos en coche desde Santander.

A pesar de que el aeródromo parece condenado al mismo destino que el pueblo abandonado de La Lorilla, el alcalde sigue convencido de que se puede sacar provecho del millón y medio euros que ha costado esa mortaja de asfalto. "Vamos a intentar sacarle una utilidad a esa infraestructura, porque bien gestionada puede ser un pelotazo para Valderredible".

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos