Asomarse...

Asomarse...

Una reflexión sobre el amor y la necesidad de experimentar aunque sea en caída libre

Mela Revuelta
MELA REVUELTA

Asomarse al corazón de una persona es como cuando llegas de nuevas a un hotel y te gusta inspeccionarlo todo; vas directo al ventanal y descorres las cortinas para ver las vistas… Unas veces la panorámica es espectacular mientras que otras, sí, el patio trasero tiene su encanto aun cuando la luz natural brilla por su ausencia o… sí, también, directamente pides que te cambien de habitación porque ese zulo te aterra. Todo puede pasar.

Quizá no sea el mejor ejemplo pero eso es lo que a mí me sucede cuando el pestañeo de una mirada viene a ser esa manilla que estás a punto de girar para aflorar a lo desconocido; el paisaje puede ser desolador, incluso si en apariencia todo está exquisitamente cuidado o encontrarte con la belleza más absoluta pese al chirriar de las bisagras y la madera apolillada. Paisanaje. Ruidoso, silencioso… misterio. Asomarse.

Asomarse no lleva implícito lanzarse al vacío pero si lo haces debes tirarte sin goma elástica, sin retorno, con propósito. Cada experiencia en esta caída libre de conocerme-conocerte lleva consigo una voluntad. Resulte dulce o lacerante… hay que asomarse. Sin límites. Asomarnos. Tú a mi ventana y yo a la tuya.

Y, por propósito,… ¿y si nos A-so-MAMOS?

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