Ana San José, de niña a mujer especial

Ana San José, en una visita reciente al Monasterio de Santo Toribio en Liébana./DM
Ana San José, en una visita reciente al Monasterio de Santo Toribio en Liébana. / DM

La directora del Colegio La Anunciación de Santander se siente afortunada del trabajo que desempeña ayudando a niños con necesidades especiales o con riesgo de exclusión social

Gemma Alonso Monedero
GEMMA ALONSO MONEDERO

Este primer perfil que hoy publico en Cantabria DModa es uno de los momentos más especiales de mi vida. De niña, de joven siempre quise escribir y ser periodista. Claro… una lo imagina lleno de emoción, de aventura, de personas extraordinarias, pero la vida me llevó por otros derroteros. Hoy cumplo un sueño, chiquito, pero sueño al fin y al cabo, y no hay mejor manera de hacerlo que hablar de otras mujeres, de sus vidas, de sus logros, de sus metas cumplidas y de las soñadas. Por mucho tiempo…

Conocí a Ana San José (Santander, 1975) cuando era tan sólo una niña. Era ruidosa, caprichosa, vital, como todas las niñas, y hoy la reconozco en una mujer joven, madura y comprometida con su vocación de maestra hecha realidad al frente de la dirección del Colegio La Anunciación de Santander. El posgrado en Educación Especial de este centro le aporta momentos muy felices en su trabajo para afrontar sus mayores retos personales y profesionales.

Ojalá pudiérais oir su voz quienes estáis leyéndome. Emocionada y llena de ternura habla de una niña con síndrome de Down que este año ha entrado en el centro y a la que da clases. «¡Gemma, tiene 3 años y es divina!», comenta para explicarar que «nuestro colegio, el de la Anunciación, es diocesano y tenemos 115 niños y niñas. Algunos tienen necesidades especiales por dificultades en el aprendizaje y otros están en riesgo de exclusión social por dificultades económicas. Todos son igual de especiales para el profesorado».

Ana San José es una mujer apasionada y empática en grado sumo, pero ha aprendido que el desgaste emocional de una misión como la suya debe de ser debidamente administrado.

No está sola. Tiene a su lado a Jose, el compañero de vida con el que se siente comprendida y escuchada. Comparten trabajo, momentos románticos («él lo es más romántico que yo») y vida. «¡Es muy buen tío!», dice. Y yo no puedo dejar de mirarla con envidia.

La felicidad...

Nos ponemos filosóficas y hablamos de la felicidad. Ana dice que la vida es muy cambiante, que no ha tenido hijos... Pero que ha aprendido a valorar más lo que tiene que lo que le falta. «No hay vidas perfectas», comenta con voz sabia.

Le gustó que le ofrecieran el cargo de directora del colegio, pero nunca pensó que llegaría a serlo. Cuando le surgieron dudas sobre su idoneidad para el puesto, se dijo a sí misma que nunca lo haría peor que sus predecesores... Su voz se llena de risas... En todo caso, aceptó el cargo consciente de que tendría que romper barreras y trazar un camino diferente.

Le pregunto por sus amigas. Qué siente por ellas. Qué siente con ellas. Descarta que las mujeres veamos a las mujeres como rivales. Siente su amor y su amistad y sabe que, sin ellas, todo es más difícil. También el llegar hasta aquí.

Venimos de una larga estirpe de mujeres que luchan y comparten, una larga historia que, por ahora, se ha detenido en este largo momento que hemos compartido con Ana San José, la niña que conocí hace años y que se ha convertido en una mujer muy especial.

 

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