El «sueño delta» de Manu

El «sueño delta» de Manu

Comparto este relato sentido, íntimo e inspirador, poniendo palabras y una imagen con todo mi sentimiento

Mela Revuelta
MELA REVUELTA

Manu enfermó sin saber que estaba enferma, eso que tú piensas es tristeza y otros llaman depresión, algo que nunca imaginas va contigo, pero que para el mundo parece tan obvio. Una delgadez extrema, todos la echaban en falta porque ella estaba en otro plano de soledad inconmensurable, la creatividad se la escapó por el desagüe y las noches fueron su desahucio. Sus pupilas vivían en permanente estado de vigilia.

Seguramente y fruto de esa abarrotadora desidia, Manu se dejó hacer porque no había nada a lo que oponer resistencia. Todo era vacío. Y dejarse hacer fue su renacer. Aquel hombre en cuyas manos le cabía el Universo entero agarró con fuerza su desequilibrada cabecita y ayudado por sus dedos índice y pulgar, sueños y conciencia, la dijo sin dilación mientras auscultaba más allá de su mirada: «¿Y bien Manuela… a usted alguna vez le contaron cuál es la práctica más habitual en las torturas? Yo le contesto. La alteración del sueño. ¿Usted haría algo así a alguien que quiere? Pues bien Manuela, vamos a poner fin a este castigo».

Al principio la química fue una aliada hasta que Manu comprendió que sus neuronas necesitaban un reseteo. Comenzó por oxigenar el alma. Aquel neurólogo consiguió hacerla entender que la felicidad, las emociones y en definitiva la vida precisaban de un sistema neuronal en armonía. Comer sano, dormir como un bebé y desintoxicarse de los malos pensamientos.

Encontró su cómplice en la meditación muchas veces frustrada porque Manu llevaba horas atrasadas de concentración. La buena memoria y las ganas cobraron protagonismo en su retina. Hizo un pacto con sus sueños y cuando el insomnio contraatacaba, Manu respiraba y disfrutaba sólo de imaginar la victoria en el próximo asalto.

Perdió tiempo en conocerse. Empezó a cocinar y también a pasear sin rumbo fijo… y si lo hacía en casa, siempre en calcetines para deslizarse entre el silencio que ya no era ensordecedor.

Manu volvió a fijarse en la grandeza de lo pequeño, a disfrutar de escuchar, a rodearse de amor del bueno y a ser rigurosa con sus «noes».

Decía Sófocles que «el sueño es la única medicina efectiva»… Que se lo pregunten a Manu.

Síguenos en:

 

Fotos

Vídeos