Gratinados o con patatas

Gratinados o con patatas
Diego Ruiz
DIEGO RUIZSantander

Después de la sopa de ajo, el siguiente avance en mis conocimientos de cocina fueron unos puerros gratinados, receta que intuí después de haberlos cenado en un restaurante algo afrancesado de Santander que cerró sus puertas hace ya muchos años. Por aquel entonces no existían esas clases tutoriales de internet que facilitan tanto el trabajo. Uno iba a un restaurante y tenía que adivinar cómo se había hecho tal o cual plato, o preguntaba directamente al cocinero de turno. No quedaba más. Esos puerros gratinados fueron además el preludio a mi afición por este vegetal, en invierno en plena temporada, de un exquisito y refinado sabor, y que tiene cantidad de recetas ricas y saludables.

Para elaborar este plato hacía falta cocer el puerro y envolver la parte blanca con una loncha, un poquito gruesa, de jamón de york. Después se cubría con una salsa bechamel poco espesa y se gratinaba con queso en el horno. Fácil y, de verdad, rico, rico.

Cultura gastronómica

Mi madre, en vista por mi afición al puerro y la poca gracia que me hacían el resto de las verduras, me introdujo después en la purrusalda, otra joya gastronómica que tan sólo requiere unas buenas patatas, un poco de cebolla, aceite, sal y agua y puerros al gusto del comensal. También se le pueden agregar unos trozos de bacalao desalado para hacer un plato más potente. El color de la porrusalda en el plato y el aroma que desprende son por sí solos un gran reclamo para ponerse manos a la obra y zampar, como si no hubiera un mañana, tan suculento manjar. Soy fan, tengo que reconocerlo.

También descubrí que el puerro se puede consumir en frío. Simplemente cocido y acompañado de mayonesa o vinagreta, es un aperitivo estupendo. Y qué decir de esa vichyssoise que puede comerse recién sacada del frigorífico o calentita de la cazuela. Una receta en la que la mantequilla juega un papel muy importante. Como sopa fría, en los días de calor, es excelente.