Cantabria es la única comunidad con pérdida de peso industrial

Vista aérea de la zona industrial de Torrelavega, en concreto de la fábrica de Solvay, en Barreda/
Vista aérea de la zona industrial de Torrelavega, en concreto de la fábrica de Solvay, en Barreda

El PIB regional es el segundo que más depende de la construcción de toda España, según los datos del Consejo Económico y Social

GONZALO SELLERSSantander

El cambio de modelo productivo será más complicado en Cantabria que en otras comunidades. Esta vez no se trata de una cuestión de voluntad política que también ni de capacidad, sino porque no parte de la misma posición que el resto de autonomías.

No sólo se situó el año pasado a la cola de España en el crecimiento del PIB, con un 2,6%, el peor registro de todo el país, sino que la evolución de sus sectores productivos desafina con el del resto de autonomías, según los datos aportados por el Consejo Económico y Social (CES) en su memoria de 2015.

Si una imagen sirve mejor para explicarlo, Cantabria es ahora mismo un kamikaze que conduce en dirección contraria al resto de comunidades en la autovía del crecimiento económico. No en vano, empresas privadas externas, con departamentos especializados en previsiones a corto y largo plazo, como el BBVA y Funcas, están convencidos de que Cantabria tardará más en salir del túnel que el resto.

El CES, un órgano consultivo del Gobierno, adscrito al Ministerio de Empleo y Seguridad Social, dibuja una radiografía inquietante de nuestra región. Fue la única de todo el país en la que la industria perdió peso el año pasado, mientras que se consolidó como la segunda más dependiente del sector de la construcción.

El turismo y el comercio, históricamente con una importancia en paralelo a la industrial, ya se han disparado como la principal inyección de dinero para la comunidad. Algo que no ocurre en otras regiones del norte, como País Vasco, Navarra, La Rioja o Asturias. Al mismo tiempo, la agricultura y la ganadería continúan en caída libre, sin esa capacidad de levantarse de la lona que sí se ve en otras autonomías.

Reflejo en el empleo

Estas enfermedades económicas de la región se han reflejado en la evolución del desempleo en los últimos siete años. Como ha ocurrido en todo el país entre 2008 y 2015, el grueso de los empleos se perdió en los sectores industrial y del ladrillo. Pero en Cantabria fue mucho más acentuado que la media española. Seis de cada diez trabajadores de la construcción acabaron en la cola del paro y un 27% de los del sector secundario.

«El peso específico de la industria en el PIB de Cantabria ha ido descendiendo, sobre todo en los últimos años, a favor de un mayor protagonismo de otros sectores, en especial los servicios, aunque no debemos de olvidar que la aportación del sector a la riqueza regional sigue siendo superior a la media nacional», señaló a este periódico el secretario general de UGT, Mariano Carmona.

Aunque esa explicación tiene algo de trampa. Si bien es cierto que la industria supone un 18,1% del PIB regional y la media del país es del 15,5%, son un puñado de comunidades muy concretas, sin tradición histórica industrial, las que tiran para abajo del porcentaje nacional, como Baleares, Canarias, Madrid, Ceuta y Melilla.

2,6%
creció el PIB de Cantabria el año pasado, el peor dato de todas las comunidades autónomas.

Lo que muestran los datos del CES de 2015 es que el volumen de millones de euros aportados por la industria cántabra se redujo un 0,4% respecto al año anterior. Un hecho inédito en todo el país. La siguiente peor comunidad es Aragón y tiene un crecimiento positivo del 1,9%.

Las noticias, realmente, no han sido buenas los últimos años. Al margen de la creación de 150 puestos de trabajo anunciados por Gullón el mes pasado, la comunidad ha sufrido golpes muy duros en su tejido industrial, sobre todo en la comarca del Besaya. Entre los más recientes se encuentran el cierre temporal de Sniace o las dudas que todavía se ciernen sobre Sidenor y Bosch.

«Es un momento delicado, pero yo tengo la esperanza de que acabemos la legislatura con una industria pujante», señaló el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, hace pocos meses. Un mensaje esperanzador que comparte Carmona: «Se puede hablar de una tímida recuperación e incluso de que existe una mayor sensibilidad del Gobierno regional por los problemas del sector, con una mayor apuesta por la internacionalización, el I+D+i e iniciativas de apoyo a las pequeñas y medianas empresas».

La memoria publicada por el CES también confirma la dependencia que sigue teniendo Cantabria de la construcción, a pesar de los ocho años de crisis que han arrasado con el sector. Es cierto que el desplome respecto a la edad dorada del ladrillo es muy grande, pero hoy en día se mantiene como la segunda comunidad con mayor incidencia de este sector en su PIB (6,3%), solo superada por Extremadura, con un 6,8%. Y no sólo eso, respecto al año 2014, el volumen de millones aportados por el sector se incrementó en Cantabria un 6,5%, siete puntos más que en la media de España.

A Santiago Barrio, presidente de la Asociación de Inmobiliarias de Cantabria (Afilia), le sorprende este dato. «Cuando sales fuera ves más movimientos de grúas que aquí. En Madrid o País Vasco, por ejemplo. En Cantabria han desaparecido por completo, aunque no creo que estemos lejos de volver a verlas», avanza.

Hay dos razones principales. La primera es que el precio del terreno se ha abaratado. La segunda responde a que los bancos han dejado de ser competencia. Han colocado casi por completo su stock de viviendas con precios por debajo del de construcción, lo que hasta ahora monopolizaba mucha de la demanda. «También hemos sobrevivido durante estos años con las ventas de segunda mano, que siguen subiendo», explica Barrio.

El doble por leche ecológica

La agricultura y la ganadería, un sector histórico que en otras comunidades tiene un peso económico fuerte, se ha convertido en irrelevante en Cantabria. Con sólo un 1,3%, no hay ningún otro con menos peso en el PIB regional. Hasta las actividades financieras y de seguros (3,1%), la información y las comunicaciones (2,3%) o las actividades artísticas y de entretenimiento (4,3%) cotizan más alto que el sector primario.

Mientras en Andalucía, Extremadura y Aragón, por ejemplo, la ganadería y la agricultura han dado un salto muy grande en su recuperación, de hasta un 11,2% en solo un año, en Cantabria han perdido casi la mitad de su influencia en el PIB en los últimos cinco años.

«Los precios de la leche están hundidos, han caído un 30%, y cada vez estamos un poco peor. El sector lácteo está en ruina. Pero, además, hemos desviado nuestro modo de producir y no somos competitivos. Tenemos pastos, pero producimos cada vez menos porque compramos soja y maíz de fuera. No es un modelo adecuado», opina el secretario general de la Unión de Ganaderos y Agricultores Montañeses (UGAM), Gaspar Anabitarte.

La agricultura ecológica es la gran esperanza de este sector, que reclama una apuesta verdadera por este modelo de negocio. «Pecamos de nacionalistas en este sentido. Tenemos anchoas de Santoña, corbatas de Unquera, sobaos pasiegos... marcas muy localizadas, pero no una etiqueta ecológica de toda la región, que es lo que vende fuera. Hay una demanda enorme de estos productos en Australia o China que no estamos aprovechando. Yo produzco leche ecológica y me pagan el doble que por la normal», destaca.