La Audiencia deja en lesiones la condena a la madre con Munchausen que enfermó a su hija con medicamentos

La Audiencia deja en lesiones la condena a la madre con Munchausen que enfermó a su hija con medicamentos
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La sentencia, que le retira la patria potestad, entiende que no había ánimo de matar por lo que rechaza el delito de tentativa de asesinato de las acusaciones

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DM .Santander

La Audiencia de Cantabria ha condenado a dos años y tres meses de prisión, por un delito de lesiones, a la mujer diagnosticada de síndrome de Munchausen que administró un fármaco a su hija de cuatro años que los médicos le habían retirado, lo que llevó a la menor a ser hospitalizada en repetidas ocasiones.

En una sentencia que se ha hecho pública este miércoles, de la que informa EFE, el tribunal le priva también de la patria potestad y le prohíbe acercarse a la menor a menos de cien metros durante cinco años.

Aunque el fiscal y la acusación particular consideraron los hechos un delito de asesinato en grado de tentativa, la Audiencia entiende que la mujer no tenía un ánimo de matar sino que lo que quería es que la niña «estuviese continuamente enferma» para «aparentar que ella era le mejor cuidadora, siempre pendiente de su hija».

Según explica en la sentencia, la niña necesitó cuidados médicos desde sus primeros días de vida porque sufría episodios de apneas centrales, lo que generó en su madre la patología conocida como síndrome de Munchausen por poderes.

Se trata de un trastorno por el que, con la intención de generar un vínculo especial con su hija, se convierte en la persona que la protege más adecuadamente, lo que coloca a la niña «ante situaciones de grave riesgo para su salud».

A partir de agosto de 2014 suministró a la menor un medicamento que contenía cabarmazepina, sin receta ni control médico a pesar de que conocía sus efectos secundarios, un fármaco que le había sido recetado durante dos semanas pero después se le retiró. Y se lo administró «en dosis suficientes para provocar en la niña episodios de somnolencia grave, alteraciones de conducta, estupor, cefaleas, manifestaciones paroxísticas e incluso episodios de estupor/coma», que precisaron de ingresos hospitalarios, incluso en la unidad de cuidados intensivos.

Hasta marzo de 2015, cuando los servicios médicos presentaron una denuncia, la niña fue ingresada nueve veces en el Hospital Marqués de Valdecilla y fue trasladada para ser estudiada al Hospital San Juan de Dios de Madrid.

Al no ser encontrada en estos dos centros la causa que justificaba sus padecimientos, también fue trasladada al hospital San Juan de Dios de Barcelona, donde la madre le administró el medicamento en dosis superiores a las terapéuticas, como se demostró en la analítica que se le realizó ante las sospechas hospitalarias.

Para el tribunal «no cabe afirmar que una situación de un coma no profundo de una niña que no presente otros padecimientos y que es inmediatamente conducida a urgencias suponga una situación que comprometa su vida», aunque añade que eso no supone que la menor no corriese graves riesgos para la salud, ya que «pudo haber sufrido importantes lesiones y padecido relevantes secuelas».

En cuanto al medicamento que la administraba la madre, explica que existe riesgo para la vida si la ingesta es en una cantidad muy elevada y en un breve espacio de tiempo, lo que no consta que se produjese en este caso.

La Audiencia señala que el trastorno del que fue diagnosticada la madre, que tiene impedida por orden judicial desde abril de 2015 la comunicación y acercamiento a la menor, la llevó a buscar ser el centro de atención, «ejerciendo el rol de cuidadora y salvadora, lo que le reportaba beneficios psicológicos». Y aunque, según los forenses, sabía que había un riesgo, su comportamiento era compulsivo, por lo que presentaría una afectación de sus facultades volitivas entre leve y moderada.

Pero conservaba sus facultades intelectivas y tenía que ser consciente de lo que había hecho, indica el tribunal, tras referirse a la «frialdad» con la que actuaba y que le llevaba a efectuar sus acciones disimuladamente, sin ser vista por los demás.

La sala entiende que su trastorno no puede ser considerado como una eximente incompleta, como pretendía la defensa, sino simple de trastorno mental.

También aplica a la pena la atenuante de reparación del daño, ya que ha abonado los 15.000 euros fijados como indemnización, y la agravante de parentesco.

En su sentencia, que puede ser recurrida ante el Supremo, el tribunal priva a la madre de la patria potestad al entender que ha quedado demostrada la peligrosidad de su trastorno, que no es previsible que desaparezca completamente a pesar que está en tratamiento, dice