El bonito le hace un roto a la flota

Garañaga y Castro, pescadores, trabajan con las redes en el barco/Pedriza
Garañaga y Castro, pescadores, trabajan con las redes en el barco / Pedriza

La anticipada clausura de la costera envía a los barcos al paro y descuadra la actividad pesquera

Teodoro San José
TEODORO SAN JOSÉSantander

Sin bonito que pescar, con la costera cerrada mes y medio antes de lo previsto, la actividad pesquera sufre un tremendo desequilibrio pues otras especies de pescado acusan el repentino interés que despiertan en gran número de barcos. Que se lo digan al chicharro o al jurel, por ejemplo, que, mientras otros años por estas fechas se las veía desde el agua contra doce o quince embarcaciones -las que habitualmente faenan esa especie-, ahora sufre el acoso de cuarenta barcos, muchos de los cuales deberían seguir enfrascados en la costera del bonito hasta el mes que viene. Otros buques, directamente, han parado. Todo porque no hay bonito. Mejor dicho, porque se agotó la cuota del bonito. Un escenario que lleva a buena parte de la flota a replantearse su situación porque las cuentas no salen y los números tampoco cuadran. Para muchos, su única salida es cesar en la actividad hasta fin de año.

La perspectiva para la flota, pues, es desmoralizadora. El verdel lo tienen cerrado; el bocarte, otro tanto; para el bonito ya no queda cuota y la sardina ibérica también está agotada. Solo les queda faenar el jurel/chicharro y el papardón o relanzón, que es de esta época, con el problema de que este último aún no ha aparecido por el Cantábrico. Y la sardina de aguas francesas tampoco lo ha hecho. «El panorama no es alentador», indica César Nates, presidente de la Cofradía de Pescadores de Laredo. Sucede que sólo queda el jurel, pero la flota cántabra ya ha consumido el 70% de la cuota que le corresponde «y si todos los barcos que estaban a bonito se pasan a faenar esta especie, imagínate lo que duraría». «Lo cierto es que no sabemos qué hacer, pues si actuamos así agotaremos el jurel en cuatro días».

Los barcos pequeños de todos los puertos, las embarcaciones de artes menores , siguen a lo suyo, a redes, a pescado variado (pescadilla, merluza, jargos...), si bien «con lo que se está pescando ni subsistes, ni pagas salarios», explica Nates, en tanto que los barcos grandes están parados desde mediados de agosto. «Seguiremos dos o tres semanas más así, a la espera de que salga algo y volver a la actividad. Pero si no aparece la sardina, muchos amarrarán definitivamente hasta el año que viene».

La anticipada clausura de la costera envía a los barcos al paro y descuadra la actividad pesquera

Semejante panorama se presenta en Santoña. ¿A qué va la flota ahora? «El 60% de la de aquí se va al paro», dice contundente Miguel Fernández, patrón mayor de la Cofradía. «Los barcos pequeños, los de volantas y redes que van a rape, merluza, lenguado... aguantaban con el bonito hasta noviembre. Ahora paran porque no hay nada para tirar las redes, es perder dinero. Si la empresa no produce, hay pérdidas, no cubren gastos ni para la Seguridad Social».

Fernández señala que en condiciones normales la mayor parte de la flota tendría que estar activa hasta finales de octubre o primeros de noviembre, unos a bonito, otros a jurel, otros a la sardina. «Y, sin embargo, vamos a llegar a noviembre sin peces que pescar. Chicharro, sardina, rape, merluza, verdel, bonito.... Pero no por haber acabado con ello, sino por haber acabado con el cupo», explica, «pues pescado sí que hay, pero lo hemos dejado en la mar». Y para cerrar el círculo, apunta: «Si los que estaban a bonito van todos a chicharro, nos comemos el cupo en una semana para desgracia de ese pequeño grupo de barcos que hacen siempre esa pesca. Y los que esperan a la sardina, si no la hay, están muertos».

Reconoce el presidente de la Cofradía de Santoña que la flota, en general, está viviendo «del bonito», aunque con el agravante de que no a todos les fue igual de bien. «En una costera como la del bonito, aunque hayamos agotado el cupo, no todos los barcos facturan igual», puntualiza. «Los barcos de cacea emplean otro tipo de pesca, otro modo de pescar, y necesitan más tiempo, y este año no lo han tenido. Por todo ello, lo que se entendió como costera 'excepcional' deja de serlo para todos cuando entramos a detalles como ese. Los de tanque, los de cerco, esos sí han pescado muchísimo y siguen trabajando. Ahora a la sardina a Francia».

Reposición

En el otro extremo de la región, los buques grandes de flota de San Vicente de la Barquera siguen en faena, pero a especies como jurel o bogas y en busca de la sardina, mientras que los pequeños, los de palangre, pescan locha, lubinas, rape o merluza. «Como de costumbre, más o menos con normalidad», señala el presidente de la Cofradía barquereña, Emilio Bustamante. Pero con el bonito cerrado, la dedicación de mayor número de barcos a especies que nunca pescaban «acarrea un problema», explica Bustamante, «porque no se da tiempo para que descansen», dice en referencia a una sobreexplotación pesquera, a que determinadas especies son perseguidas por más barcos y durante más tiempo sin apenas darles un tiempo para la reproducción.

«Si todos los barcos que estaban a bonito se pasan a faenar chicharro, imagínate lo que duraría»

«Como no descansemos vamos a acabar con todo», advierte. «No se les deja descansar ni desovar en sus 'playas' (caladeros) y que críen». Y avisa Bustamante: «Cuando se quita y no se repone...».

A todo esto, las lonjas también acusan la baja del bonito y la inactividad de los barcos. Un círculo vicioso: «¿Futuro inmediato -se pregunta Nates-? No lo veo bien. Ni para los barcos ni tampoco para la Cofradía, pues ha habido un bajón importante en la facturación».

Y pone un ejemplo: en la lonja de Laredo tuvieron hace dos semanas un balance de 12.000 euros cuando lo normal en una semana similar con la costera de bonito abierta hubiera sido de más de 125.000. La décima parte. Y en las demás semanas la facturación está siendo cuatro o cinco veces menos de lo normal respecto a las de años anteriores.

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