Expertos de la UC barajan si el cambio climático terminó con los neandertales

Recreación de un neandertal. /DM
Recreación de un neandertal. / DM

Un estudio analiza el colágeno de los huesos de animales consumidos por estos grupos en Cantabria para ver las características del medio ambiente en aquel tiempo

José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

La extinción de los neandertales ocupa desde hace años a buena parte de la comunidad científica internacional, dividida entre quienes opinan que se debió a la llegada de la nueva especie, el homo sapiens (hombre moderno), y los que ponen el foco en las difíciles condiciones climáticas que se vivieron hace 45.000 años con cambios drásticos de temperatura y humedad.

Las poblaciones de esta especie humana, con una fisonomía más compacta y pesada que el hombre moderno, ocuparon con hegemonía aplastante los continentes europeo y asiático durante más de 210.000 años. Pero el endurecimiento de las condiciones climáticas a partir del 50.000 a.C. los condujo a replegarse hacia el norte de la península ibérica, zona refugio, donde las temperaturas y la humedad permitían un ecosistema asumible para una sociedad como esa, de cazadores y recolectores. «Con los últimos estudios que publicamos en abril acreditamos que fue hace 42.000 años cuando ambas especies convivieron en la zona que hoy es Cantabria. Sapiens y neandertales cohabitaron aquí durante 1.000 años», afirma Ana Belén Marín, investigadora del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas (Iiipc) y líder del artículo que se publicó ayer en la revista Nature Scientific Reports.

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«Lo que nos interesa conocer es las condiciones climáticas que hubo en este tiempo cuando murieron los últimos neandertales», revela la experta. ¿Cómo se puede recuperar esa información de un pasado tan remoto? «Hemos desarrollado un nuevo sistema basado en el análisis de isótopos estables de colágeno extraído de restos óseos de los animales que formaron parte de la dieta de estas comunidades de neandertales». «Así podemos evaluar, entre otras cosas, los niveles de nitrógeno, algo que está íntimamente ligado a la temperatura de la época», cuenta Marín.

La investigadora Ana Belén Marín.
La investigadora Ana Belén Marín. / María Gil Lastra

El estudio entra ahora en una segunda fase, con financiación europea, para detallar con exactitud esos rangos de temperatura y humedad en ese periodo clave en la historia de la humanidad.

Cantabria árida

Por lo pronto todo apunta a que «la región cantábrica se transformó en un espacio con poca cobertura arbórea, de especies que mayoritariamente soportaban bien el frío, fundamentalmente pinos, y mucho paisaje abierto, no de estepa, pero parecido». La fauna estaba poblada por grandes mamíferos como bovinos, uros y algún bisonte, caballos y ciervos, mientras que en la montaña había cabras y rebecos. Para una sociedad neandertal, dependiente al 100% de las condiciones del medio para su supervivencia –hay que recordar que la agricultura y la ganadería no llegan a Cantabria hasta el 5.000 a.C.– estos cambios pudieron ser determinantes para conducirla hasta su final.

La constitución del homo sapiens era menos musculada, precisaba de menor energía para la supervivencia, y su trabajo en grupo, probablemente más eficaz, lo llevo a adaptarse mejor a la adversidad. «Quizá a estos cambios se unió el avance del sapiens y al final no tengamos que decidir entre una causa u otra, sino que ambas tuvieron que ver», zanja Marín.

 

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