«Esta es una lucha de todos»

Cinco hombres suman sus voces a la reivindicación por la igualdad, poniendo el foco en la educación de base para encontrar soluciones

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

No son el enemigo. No quieren serlo. Dentro del 50% de la población, los hombres, algunos son conscientes de los problemas y de su responsabilidad en ellos. Desde la empresa, la cultura, la educación o el deporte, se suman a la reivindicación del día que les pertenece a ellas. El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Este jueves, como aquel día de 1857 en que por primera vez las mujeres salieron a las calles de Nueva York a defender sus derechos, España se vestirá de negro y malva. Oficinas, redacciones, hogares, fábricas, comercios...se detendrán, al menos durante unas horas, para poner de manifiesto que sin las mujeres, el mundo no funcionaría igual. También Cantabria. Y entre los testimonios, también los suyos.

Ponen sobre la mesa conceptos que acostumbramos a escuchar en voces femeninas. Desigualdad, corresponsabilidad, visibilidad, brecha salarial...Identifican las carencias en las áreas de las que proceden y no buscan excusas: son realidades. Realidades contra las que debemos luchar juntos con una punta de lanza común: la educación.

El Rector de la Universidad de Cantabria, Ángel Pazos, sabe bien a qué se refiere. «Hay un cambio todavía pendiente en la educación -dice- y sobre todo en las etapas primeras; cuando un varón llega a los 15 años con una idea machista, va a ser muy difícil que esa idea cambie». Coincide con esa visión el presidente de la CEOE, Lorenzo Vidal de la Peña. «Tenemos un problema tradicional que compete a la educación y desde ese punto es necesario que empecemos a cambiar las cosas».

Un primer cambio es esta jornada. La primera huelga feminista en España. ¿Es necesaria? «La huelga es un recurso que se suele utilizar cuando hay un problema y por otras vías no te hacen ni puñetero caso», argumenta el cineasta José Luis Santos. Y en este caso, añade «mientras nos sigamos encontrando con discriminaciones salariales y laborales, con acoso, con el terrible problema de la violencia de género y su intensificación entre los más jóvenes, mientras una mujer violada tenga que soportar un juicio paralelo al del violador o la corresponsabilidad siga siendo tan poco utilizada, seguiremos teniendo problemas y seguirá siendo necesario manifestarse».

Las diferencias afectan a todos los sectores. Borja Granero, capitán del Racing de Santander alude a la situación del fútbol femenino. «Parece que ellas no son futbolistas las 24 horas, que no tienen que esforzarse lo mismo que nosotros y el trabajo es el mismo aunque la repercusión sea muy dispar». Recuerda su ilusión como desde hace un par de años en su pueblo hay un equipo de fútbol femenino, el esfuerzo que hacen y cómo todo el mundo se ha volcado. «No podría ser que a día de hoy no hubiera un equipo así o que no tuvieran oportunidades de hacer lo que realmente les gusta».

Marcos Díez, director de la Fundación Santander Creativa considera que la celebración del 8 de marzo «tiene todo el sentido» porque dando visibilidad a los problemas se pueden «buscar soluciones». A su juicio hay dos tipos de desigualdad, la estructural basada en los datos y otra «más sutil», mucho más peligrosa porque «la tenemos interiorizada incluso las personas que nos consideramos feminista». Si todas las mujeres deben enfrentarse a lo que el Rector denomina «pequeños tics diarios de discriminación en la calle, en la vida diaria de todos nosotros» a los que hay que enfrentarse, además de la «brecha salarial que es obvia», Marcos Díez señala a quienes lo tienen más difícil aún: «las que menos visibles están, las migrantes, las sin papeles, aquellas que ni siquiera tienen la posibilidad de poder hacer huelga».

Todos coinciden en que se están dando pasos en la dirección adecuada. Avances lentos. Muros que se erosionan a ritmo de río. «No percibo muchos cambios; estamos muy lejos y queda distancia pero sí percibo el esfuerzo», dice Granero. El presidente de la patronal cántabra alude a la falta de conciliación:«No existe la suficiente y, al menos en mi sector, sería la base de una equiparación real». «Es una labor de todos, una lucha de todos para que las cosas cambien», indica. El esfuerzo debe ser común, comparten. Desde todos los ámbitos, hombres y mujeres deben ser iguales, educados para crecer en igualdad, para compartir responsabilidades, deberes y derechos. «Esta es una batalla que va para largo y no hay que bajar la guardia, ni hombres ni mujeres», añade Marcos Díez, cuya percepción de esta realidad es menos halagüeña.

Y cierra el discuro Vidal de la Peña, a quien sorprende que «No es que podamos ser optimistas, es que debemos, es que tenemos que serlo. Es un poco extraño hablar de optimismo o pesimismo, porque en cuestión de igualdad no cabe valoración: tiene que ser».

 

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