Neandertales pintaron en La Pasiega antes de la llegada del homo sapiens

Una de las entradas a La Pasiega. / Jorge Fernández / Consejería de Cultura
Una de las entradas a La Pasiega. / Jorge Fernández / Consejería de Cultura

Hasta la fecha nunca se había sospechado que el arte rupestre paleolítico también fuera obra de esta especie de homo que desapareció hace 35.000-40.000 años

JOSÉ LUIS PÉREZ SANTANDER.

La cueva de La Pasiega, donde los investigadores han datado una pintura hace más de 65.000 años, por lo que se sitúa entre las manifestaciones artísticas más antiguas del mundo -junto a las de las cuevas de Ardales y Maltravieso-, forma parte del complejo de grutas prehistóricas del monte Castillo, en Puente Viesgo, uno de los conjuntos de cavidades con arte rupestre paleolítico más importantes de Europa, y con un registro arqueológico principal en la boca de la cueva del Castillo que certifica la presencia de homínidos desde hace unos 150.000 años hasta la Edad Media.

Hay que remontarse a 1903 para comenzar a escribir la historia de este monte y de sus restos arqueológicos y artísticos. Hermilio Alcalde del Río descubrió ese año la cueva del Castillo que comenzó a excavar con arqueólogos extranjeros gracias al mecenazgo del Príncipe Alberto I de Mónaco. En 1911, el 23 de mayo, en el transcurso de esos trabajos de campo, en una exploración del monte, fue descubierta la cueva de La Pasiega por Hugo Obermaier, Paul Wernert y Hermilio Alcalde del Río. Está situada en la ladera del monte, entre las cuevas de La Flecha y Las Monedas, a unos 190 metros de altitud. Desde los accesos actuales, antes han quedado las bocas de la citada cueva del Castillo y de la cueva de Las Chimeneas.

La Pasiega es una cavidad de largo desarrollo, con una longitud de algo más de 400 metros, distribuidos en cuatro galerías denominadas A, B, C y D.

La cueva, debido a la dificultad de acceso, estuvo muchos años semiolvidada, hasta que en 1951, fruto de la actividad del Patronato de las Cuevas Prehistóricas de Santander, se arregló el camino y el interior de la caverna, dentro del plan de acondicionamiento del Monte Castillo. Entre 1951 y 1952 la cueva fue excavada por Jesús Carballo y Joaquín González Echegaray, quienes ya documentaron niveles de ocupación del Paleolítico Medio (musteriense). Posteriormente, el prehistoriador francés André Leroi-Gourhan, en los años sesenta, y desde 1984, Rodrigo de Balbín y César González, han estudiado las más de trescientas evidencias gráficas que se han documentado en su interior.

Los autores

Cuando en 2012 algunos miembros del equipo que ahora alumbra una cronología tan temprana para al menos una de las manifestaciones artísticas de esta cueva, avanzaron que tanto en Altamira como en El Castillo había testimonios de pinturas fechadas por el método Uranio-Torio hace 36.000-40.000 años, el primer interrogante que se hizo la comunidad científica fue si esos trazos sencillos y simbólicos pudieron ser responsabilidad de neandertales y no de sapiens. Ahora parece que la incógnita se resuelve.

Nadie se podía imaginar hace unas décadas que el arte rupestre paleolítico -en Cantabria hay más de 60 cuevas catalogadas- pudo ser obra del homo de neandertal cuya presencia está fechada en el Paleolítico Medio. Este vivió en Europa -y por tanto también en la franja Cantábrica- desde hace 300.000 años hasta hace unos 35.000 o 40.000 años. En el monte Castillo está bien certificada su presencia durante varios miles de años.

A diferencia de sus predecesores, los neandertales desarrollaron una técnica avanzada de talla de las piedras -Levallois- y comenzaron a enterrar a sus muertos, a los que hacían ofrendas y acompañaban de huesos de animales o instrumentos de piedra.

El homo sapiens surgió hace unos 200.000 años en el continente africano, desde donde emigró hacia el Próximo Oriente para llegar a Europa hace unos 50.000 años. Los investigadores tienen acreditada su presencia en la cueva del Castillo hace unos 40.500 años y se estima que convivió durante unos cuatro mil años con los neandertales, hasta que estos desaparecieron por causas aún no resueltas satisfactoriamente y con pruebas fehacientes. Fruto de esa convivencia, posiblemente no exenta de rivalidades para dominar el territorio y aprovisionarse de recursos, pudo haber hibridación como constantan los últimos estudios genéticos.

Pero, en cualquier caso, lo que revela esta investigación es que los neandertales tuvieron unas capacidades artísticas propias, sin influencia de las tradicionalmente consideradas más avanzadas comunidades de homo sapiens que, a la postre, perduran hasta nuestros días fruto de su mejor adaptación al medio y su mayor capacidad intelectual.