La niña cuya madre está acusada de intentar matarla no comprende por qué no puede verla

La niña cuya madre está acusada de intentar matarla no comprende por qué no puede verla
Antonio 'Sane'

El técnico del ICASS recomienda visitas supervisadas de la acusada con su hija

EFESantander

La técnico del Instituto Cántabro de Servicios Sociales (ICASS) que ha intervenido en el caso de la madre acusada de un delito de asesinato en grado de tentativa sobre su hija de cuatro años, considera que «sería recomendable para la niña» que, previa valoración de la madre y en un «contexto adecuado», se lleven a cabo «visitas supervisadas» entre ambas.

La perito ha hecho hincapié en que para que estas visitas puedan tener lugar es preciso realizar una valoración del estado de la madre para comprobar si es consciente del daño que produjo a la hija al administrarle un medicamento contra el parecer de los médicos, así como que los encuentros se desarrollen «en un entorno protegido y con profesionales que supervisen las visitas».

Según ha relatado, en la segunda sesión del juicio que se desarrolla en la Audiencia de Cantabria contra la mujer diagnosticada de síndrome de Munchaussen por poderes, en los encuentros que ha mantenido con la niña, que actualmente vive con el padre (bajo la tutela del Gobierno de Cantabria), la menor «no entiende por qué no puede ver a su madre».

También ha apuntado que ha apreciado en la niña «síntomas de ansiedad» e incluso «sentimiento de culpa», además del deseo de poder preguntar a su madre «por qué lo hizo».

Ese deseo de reencontrarse con su madre, para la que la Fiscalía pide una condena de cinco años de prisión y privación de la patria potestad sobre su hija, también ha sido reconocido por la hermana de la acusada, a la que los Servicios Sociales de Cantabria atribuyeron la custodia de la menor durante cerca de año y medio, hasta que la niña pasó a vivir con su progenitor.

La tía de la niña, que ha reconocido que tiene un «trato distante» con la acusada, ha explicado que la menor, cuando vivió en su casa, «todas las noche preguntaba cuando iba a ver a su mamá y se dormía llorando«.

Y en los mismos términos se ha expresado la abuela materna, para quien «la niña quiere estar con su madre, que le dedicaba las 24 horas». Además, ha reconocido, a preguntas de la defensa, que «quizá» no dedicó el tiempo necesario a la acusada en su niñez y juventud, así como que el abuelo es «un poco rígido», ya que dos de sus tres hijos (la acusada entre ellos) abandonaron el hogar al cumplir los 18 años «por desavenencias con su padre».

Por su parte, la neuróloga pediátrica que estaba al frente del equipo que atendió a la niña en el hospital San Juan de Dios de Esplugues de Llobregat, ha explicado, a través de videoconferencia, los «episodios recurrentes de estupor» que aparecían en el historial de la niña unidos a que los análisis realizados en Cantabria por su hospital de referencia eran normales, únicamente se podía deber a dos causas «o tenía un problema metabólico o una intoxicación farmacológica».

La doctora, que ha rechazado que la niña hubiera sufrido un coma, porque «nunca fue entubada», sino «estupor», del que «se recuperaba sola en unas horas y sin ningún tratamiento», ha cuestionado también que se le llegara a recetar el fármaco Tegretol 400 (carbamazepina) «a ciegas» y «porque no sabían lo que podía tener», algo que, según ha opinado «no se debe hacer nunca».

También ha relatado que en el hospital de Espluges plantearon a los padres que iban a dar el alta a la niña cuando esta se encontraba bien y, al día siguiente, volvió a tener somnolencia y vómitos, por lo que procedieron a realizar la analítica específica para comprobar si se le estaba administrando carbamazepina, como ya sospechaban.

«Mi hipótesis es que la carbamazepina se le había administrado una hora un hora y media antes», ha afirmado.

El análisis dio positivos a unos niveles que doblaban el rango terapéutico. Y, en las horas siguientes los niveles fueron bajando, aunque en una posterior analítica siguieron siendo unos valores elevados.

Fue entonces, según ha relatado, cuando se lo comunicaron a los progenitores de la niña. «Él no se lo podía creer y la madre, muy nerviosa, decía: yo no he sido, registradme, registradme».

También se ha referido al estudio del pelo que se le realizó a la niña en busca de tóxicos, que dio positivo en carbamazepina, detectándose que había estado tomando este fármaco «de forma crónica».

Además, la coordinadora de la unidad de maltrato infantil del hospital ha señalado que el historial de la niña es «compatible» con un síndrome de Munchaussen por poderes, patología por la que el cuidador de un niño, generalmente la madre, inventa síntomas falsos o provoca síntomas reales para que parezca que el niño está enfermo.

Y ha añadido que «en este caso sería grave», no solo porque «se finja» una dolencia, sino porque «además se llegan a administrar fármacos». Además, ha considerado que de habérsele seguido dando carbamazepina esos podía conllevar un «alto índice de secuelas y consecuencias médicas, que incluso puede llegar a provocar la muerte».