Las universidades, a examen

De izquierda a derecha, Ana Rosa Martín, Andrés Hoyo, Consuelo Arranz y Rubén Calderón, en el foro de 'La nave que late'./Roberto Ruiz
De izquierda a derecha, Ana Rosa Martín, Andrés Hoyo, Consuelo Arranz y Rubén Calderón, en el foro de 'La nave que late'. / Roberto Ruiz

Responsables de cuatro instituciones académicas comparten experiencias y responden a las demandas planteadas por distintos representantes de la sociedad cántabra

José María Gutiérrez
JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSantander

La necesidad de potenciar una relación más estrecha entre la universidad y el sector empresarial, de mejorar la transferencia de conocimiento, de comunicar de forma más efectiva las actividades que realizan las instituciones académicas más allá de la formación y de adaptarse de forma más rápida a las necesidades cambiantes del mercado laboral son algunas de las conclusiones que deparó el encuentro que mantuvieron responsables de cuatro universidades que desarrollan su trabajo en Cantabria y de medio centenar de representantes de la sociedad, procedentes de la empresa, la hostelería, la sanidad, la industria, el deporte, la moda y la cultura, entre otros ámbitos. Una intensa jornada desarrollada en 'La nave que late' de Santander y que puso en marcha la segunda edición del proyecto Líderes Cantabria que, impulsado por la periodista de El Diario Montañés Leticia Mena, pretende conectar en un foro común personas con talento en distintas áreas, crear un espacio de conocimiento y pensamiento «para construir una Cantabria mejor».

Consuelo Arranz, vicerrectora de la Universidad de Cantabria (UC); Andrés Hoyo, vicerrector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP); Rubén Calderón, rector de la Universidad Europea del Atlántico (Uneatlántico); y Ana Rosa Martín, directora del centro asociado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Cantabria, fueron los protagonistas de esta cita, realizando una radiografía de la situación del sistema universitario en la región -por sus aulas pasan cada año más de 24.000 estudiantes- y dando respuesta a las demandas planteadas por los asistentes, repartidos en mesas de trabajo.

¿Qué demanda la sociedad civil a las universidades? ¿Están preparadas para formar sobre los nuevos oficios que requiere la sociedad? ¿Se mueven al mismo ritmo que un entorno cambiante? ¿Existe colaboración entre las distintas universidades de Cantabria? y ¿Cómo puede colaborar el tejido empresarial con ellas? fueron algunos de los interrogantes, entre otros muchos, que fueron saliendo a la palestra a través de la tormenta de ideas generada a partir de cinco claves temáticas: la transferencia de conocimiento, la formación permanente, la formación para nuevos oficios, la comunicación y la colaboración.

Calderón lamentó «el escaso margen de maniobra» que tienen las universidades para «adaptarse» a la realidad debido a «la excesiva burocracia» que rodea a la formación reglada. «Pasan de dos a tres años desde que una universidad comienza los trámites para abrir una nueva titulación hasta que se implanta», reflejó. Una lentitud «que hace imposible adaptarse a estas dinámicas y demandas sociales», añade Hoyo, y apunta que «es necesaria» una nueva Ley de Universidades «que dote de mayor autonomía y flexibilidad a los centros».

La solución que apuntan Arranz y Martín es recurrir a los títulos propios o a los cursos de extensión universitaria, dos opciones «mucho más flexibles» que ofrecen las universidades «con el objetivo de responder a las necesidades de la sociedad».

Otra de las demandas que reivindicaron los asistentes, en distintas ocasiones, fue añadir «una formación emocional, de gestión de equipos y liderazgo» a los conceptos específicos que se imparten en cada carrera.

Bidireccionalidad

De la formación a la transferencia de conocimiento. David González, director general de Mademan Group y gerente de Cervezas Colegiata recriminó, como portavoz de esta área de trabajo, que existe «un poco de endogamia» en las universidades, a las que pide «ser capaces de transmitir más y mejor» en busca de «una mayor bidireccionalidad» en esta relación.

Ana Rosa Martín aseguró que, «gracias a esa exigencia de prácticas, a la tarea investigadora y a los programas de doctorado, las universidades ya estamos colaborando con las empresas, pero se necesita estrechar más, ir un paso más allá». Sus compañeros pusieron ejemplos de las distintas iniciativas que se desarrollan con este objetivo. Así, Calderón citó las colaboraciones que mantiene Uneatlántico con el sector agroalimentario -ámbito en el que tienen en marcha tres grados-, y Arranz indicó el programa de doctorados industriales y el foro UC-Empresas que desarrolla la universidad pública. Ejemplos hay muchos, pero también, tal y como apuntó Calderón, la necesidad de «ponerse en el lugar del otro» para mejorar la comunicación entre dos mundos obligados a trabajar juntos. «Las empresas hablan su idioma y las universidades otro porque vivimos en ecosistemas diferentes. Nosotros tenemos unas funciones -docencia, investigación...- y una serie de requisitos que cumplir que impone el sistema y las empresas tienen otro objetivo, que es la rentabilidad. Si ambas partes no entendemos los idiomas del otro ese movimiento bidireccional es imposible», reflexionó. «En muchas ocasiones el tejido empresarial es más buscador de rentas, de negocio, que generador de economías de escala», añadió Hoyo.

Respecto la comunicación, Martín lamentó «que la sociedad no conozca» muchas de las actividades que organizan las universidades, que van «mucho más» allá de la formación. Y sobre la colaboración que existe entre universidades, sus responsables manifestaron que no son competencia «porque tenemos distintos destinatarios» antes de poner sobre la mesa ejemplos de trabajo en común o de espacios compartidos. «Más ejemplo que la UIMP no hay ninguno, que somos la universidad de universidades y nos nutrimos de profesores de otros centros», destacó Hoyo. Por su parte, Consuelo Arranz reconoció que, «por la necesidad de querer reforzar nuestra propia identidad y esencia, en ocasiones hay un cierto recelo a colaborar y perdemos un poco la perspectiva».

No sólo recibieron demandas, también compartieron las suyas. Así, Hoyo explicó que el 90% de la financiación del sistema I+D+i en España se realiza con fondos públicos, por lo que pidió «más implicación» del sector privado en la financiación y generación de ese conocimiento, «para su propio beneficio». Por su parte Arranz solicitó «confianza, respeto y apoyo a las universidades y, a partir de ahí, conocimiento e interacción».