«Trabajar con Almodóvar es como hacer un máster en interpretación»

Michelle Jenner, Inma Cuesta, Emma Suárez, Daniel Grao y Adriana Ugarte./
Michelle Jenner, Inma Cuesta, Emma Suárez, Daniel Grao y Adriana Ugarte.

Emma Suárez encabeza la nueva 'hornada' de actrices del director manchego junto a Adriana Ugarte, Michelle Jenner e Inma Cuesta

ROSARIO GONZÁLEZMadrid

Como en un círculo perfecto, una bella metáfora del estrecho vínculo entre la vida y la muerte siempre presente en la obra de Pedro Almodóvar, el mundo del cine despedía este semana a una de las 'chicas Almodóvar' más veteranas, Chus Lampreave, y daba la bienvenida a la nueva hornada de la cantera personal del cineasta. El manchego fía su largometraje más dramático, 'Julieta', al buen hacer de Emma Suárez, Adriana Ugarte, Inma Cuesta, Michelle Jenner y Daniel Grao, debutantes todos ellos en el particular universo de Almodóvar, que completa el reparto con la complicidad de tres actores de su órbita personal: Rossi de Palma, Susi Sánchez y Darío Grandinetti.

Emma Suárez y Adriana Ugarte son las encargadas de dar vida al personaje principal, Julieta, a quien el espectador acompaña a lo largo de tres décadas en un viaje de contención, sobriedad y dolor; el que recorre una madre y una hija convertidas en dos extrañas por el complejo de culpa y un muro de silencio. «Ha sido un regalo entrar a formar parte de su cine y más con un personaje tan complejo, que entra en territorios muy delicados y te obliga a hacer equilibrismos», explica Suárez, encargada de dar vida a Julieta en su madurez. «Trabajar con Almodóvar es como hacer un máster en interpretación, es un cineasta que mima sus películas, detallista, exigente y que no se conforma, lo que te da confianza y a la vez supone un reto», describe la actriz, que trabajó durante seis meses para atrapar a un personaje oprimido por la culpa, a «una mujer que camina sola» y que durante años trata de buscar la fortaleza necesaria para seguir adelante.

Universo femenino

La juventud de Julieta corre a cargo de Ugarte, quien explica que el mayor reto fue «no decepcionar» al director a la hora de abordar la «evolución» que vive su personaje, «su poder de gestionar el dolor o de hablar con su soledad» y unir esas dos etapas «encontrando el lenguaje de ese universo privado donde ella reposa». En definitiva, señala, lograr que el espectador «viera el drama, la culpa y las emociones» por encima de las actrices que encarnaban el papel. «Al saber que interpremos al mismo personaje el primer impulso es tratar de encontrarte en el otro y buscar una gestualidad común, pero entendimos que no iba por ahí, si no que es un personaje que se convierte en otra persona tras una vivencia terrible», añade Suárez.

En este crisol de relaciones femeninas, Inma Cuesta encarna la amistad entre mujeres, «tantas veces representada a través de la rivalidad» y que en este caso, agradece Cuesta, se aborda «desde la honestidad y la naturalidad, lo que me parece mucho más real». Su personaje, Ava, es «una artista, libre, atractiva y misteriosa» que se convertirá en una persona muy importante en la vida de Julieta, algo que se intuye más que se muestra en el metraje. «Pedro insistía mucho en la contención, no quería lágrimas si no hablar del dolor desde un lugar más profundo y más hondo y al final esta película habla de la importancia de los silencios y de las cosas que no se dicen».

El papel de Rossi de Palma, una ácida y arisca gobernanta, supone la única concesión al humor -que no comicidad- en la intensidad del drama que plantea el director. «Desde la primera vez que trabajé con él entendí aquello de que actuar, 'to play' en inglés, es un juego y se produce un abandono en el que no te cuesta trabajo dejarte llevar», relata la actriz.

Daniel Grao, 'chico Almodóvar'

Y en el epicentro de este universo femenino, el actor Daniel Grao llega con la etiqueta recién estrenada de 'chico Almodóvar'. «Durante el rodaje no eres consciente, eso viene después, trabajar con Almodóvar es una responsabilidad y también una oportunidad de aprender y de ser mejor actor tras pasar por sus manos». La mayor lección, destaca, fue lograr que desaparecieran los actores para dar paso a los personajes. «La contención que se muestra es el resultado de todo con lo que nos ha nutrido y que después el director capta con la cámara; el resultado es incluso más sugerente que mostrarlo».