Que todo cambie para que todo siga igual

'Dobles vidas' | Género: comedia; Dirección: Olivier Assayas; Salas: Cinesa Santander y Peñacastillo

Que todo cambie para que todo siga igual
GUILLERMO BALBONASantander

Nadie para de hablar en esta lúcida radiografía, pero a diferencia de nuestro tiempo banal aquí se dicen muchas cosas. De alguna manera el filme que nos ocupa vendría a ser como la cara B de la campaña electoral. Pero para que se produzca esa hazaña cotidiana de contar algo y hacerlo bien, siempre hay alguien que escucha. Y ese sí es el gran déficit del presente.

'Dobles vidas' es el fragmento de una composición dialogada por un cuarteto magistral que, en ocasiones, si la partitura argumental lo necesita, se convierte en quinteto. Las parejas entrecruzadas, mezcladas, ausentes, demasiado presentes hablan esencialmente de su ecosistema: el mundo de la edición, del libro, de la lectura… sus certezas e incertidumbres. Pero, en realidad, el filme de Olivier Assayas se expande para palpar, señalar y revisitar los síntomas de lo contemporáneo. Y todo a través de dudas, interrogantes , temores, relatos de vidas propias y ajenas, y sobre todo, mentiras. ¿Los tiempos están cambiando? No en vano, la sentencia mantra del filme del cineasta de 'Viaje a Sils Maria' es aquella tan literaria y sobada: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie», que escribió Lampedusa en la novela 'El Gatopardo' hace ya más de medio siglo.

Las figuras de un editor y escritor y sus respectivas parejas, una actriz y una mujer de negocios, pivotan en esta disección cáustica y corrosiva de un Assayas que logra dos milagros: no bajar nunca la guardia, pues su cinta con cierto tono monocorde resulta plena de melodías diferentes, habitadas por sucesivos sarcasmos; y dos: que lo que en otros sería discursivo e insoportablemente pretencioso, en 'Dobles vidas' es un pequeño y sutil tratado de ida y vuelta sobre un supuesto presente revolucionario, el de la era digital, las redes y la democratización de lo cultural.

El director de 'Personal Shopper' agarra su presa por el pescuezo y ya no la suelta. Lo cierto es que esta conversación a dos o a cinco bandas que sostiene el filme, interrumpida o prolongada en diversos escenarios casi siempre interiores, podría haber sido el esqueje de uno de los cuentos morales de Rohmer o uno de los episodios de sus estaciones, aunque exento de la elegancia, sencillez y finura existencial del maestro de la nouvelle vague. Y, por supuesto, de igual modo, en el tratamiento de los personajes femeninos y en la verborrea y dialéctica es obvia la sombra de Woody Allen.

El 'Non fiction', título original en inglés, es el más revelador a la hora de desnudar la obra del cineasta de 'París, je t' aime'. Porque todo el filme juega entre citas, guiños y reflexiones, a escudriñar en el juego de lo oculto y lo revelado, las redes y la intimidad, lo aparente y lo sobreentendido, y, especialmente, la verdad y la mentira, la red social por excelencia.