«Tenemos falocracia para rato»

«Tenemos falocracia para rato»

«El cerebro es el órgano sexual primordial», asegura la artista, que publica su particular mapa del placer femenino

MIGUEL LORENCI/R.M.R.

Sus libros sobre Frida Kahlo y David Bowie convirtieron a María Hesse (Huelva, 1982) en una estrella internacional de la ilustración. Ahora regresa a la palestra editorial en otro registro con 'El Placer' (Lumen), su personal atlas de la sexualidad femenina, a caballo entre el ensayo feminista, la confesión íntima y la historia. Militante y tierno, sus textos y dibujos invitan a las mujeres a conocerse y disfrutar de su sexualidad con plenitud y sin complejos. A no dejarse apabullar ni por «una falocracia que persistirá mucho tiempo» ni por «la culpa, la vergüenza o el desconocimiento». Con casi 20 ediciones de su biografía de Frida Khalo, Taschen ha situado a Hesse entre los cien mejores ilustradores del mudo. María Hesse impartió un taller de ilustración la última semana de agosto en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en el que a pesar de influir de manera positiva en la presencia de la mujer a través de sus trabajos no tiene la necesidad de inspirar ni a sus alumnos, ni a nadie y que lo único que desea transmitir es «la constancia y el trabajo».

– Cambia de intención y registro, pero no de estilo.

– Así es. Pero hay cierta evolución gráfica. Tras Frida Khalo y Bowie, quería hacer un libro erótico, trabajar sobre el despertar a la sexualidad de la mujer. Pero no me sentía capaz. No sabía bien por dónde tirar. No se me quitaba de la cabeza esa idea de un libro sobre el placer femenino, hasta que perfilé un discurso que no fuera el erotismo porque sí.

– ¿Es un mapa reivindicativo de la sexualidad femenina?

– No es exactamente un mapa del placer femenino. Pero sí una reivindicación que habla de un proceso de liberación, de reivindicar y visibilizar nuestro placer, que ha estado siempre relegado e hipotecado por la procreación.

– ¿Por qué ha sido relegado?

– La anatomía y el placer femenino se han estudiado poco y tarde. No interesaba. La ciencia era un mundo de hombres con poquísimas mujeres, como en lo político y lo cultural. Nuestra sexualidad dependía del hombre. No se concebía que nos masturbáramos y pudiéramos sentir placer. Estaba mal visto, condenado y castigado. La mujer no necesita el orgasmo para procrear, el varón sí, y por eso se les restó importancia y se relegó.

– Si Dios fuera mujer las cosas serían muy distintas, sostiene.

– Seguro. Todo sería más justo con nosotras. Aunque la naturaleza nos ha dado algo fabuloso: la capacidad de engendrar hijos. Incluso la menstruación, que siempre se ha visto como algo negativo, otorga mucho poder a la mujer. Pasamos por cuatro ciclos distintos y tenemos una etapa de creatividad, de empoderamiento, que tiene que ver con el sistema hormonal. Siempre se ve el lado negativo de la menstruación, que nos afecta emocionalmente y nos debilita, pero de la parte que nos empodera no se habla nunca.

– Negar ese poder de la mujer ¿genera miedo a su propio placer?

– Desde luego. Eve Ensler lo explica muy bien en los 'Monólogos de la vagina'. Lo que no se nombra no existe. Y lo que no existe nos avergüenza. Se oculta lo que está mal. No se visibiliza. Si nuestro placer y nuestro clítoris han sido ocultados, se le carga de connotaciones negativas.

– ¿Cuántos succionadores de clítoris ha regalado?

– No tantos como he recomendado, pero unos cuantos. Los fabricantes deberían pagarme una comisión. Pero hay muchos más juguetes sexuales que son maravillosos. Y te cansas si utilizas siempre el mismo.

– ¿El órgano sexual primordial?

– El cerebro. Sin duda alguna. Si tenemos orgasmos en sueños, eso lo explica todo.

– ¿Hasta cuándo tendremos la falocracia en la que dice vivimos?

– Para rato. Persistirá hasta que no se cambie el sistema imperante y modifiquemos de raíz la educación en la familia y en la escuela. Creo que no veré nunca el final de la falocracia.

– ¿No avanzamos nada en educación sexual?

– Casi nada. El año pasado empezaron a aparecer clítoris en los libros de texto. Es un tímido avance. Si los padres no saben cuándo y cómo empezar a hablar de sexualidad con sus hijos, vamos muy mal.

– ¿Es tóxica la pornografía como educador sexual de los jóvenes?

– No estoy en contra del consumo de porno. Pero es muy tóxico desde el momento en que no se comprende que se trata de una ficción. Si la única educación sexual que reciben los adolescentes es el porno, se crearán falsas expectativas. Deben saber que se trata de una ficción, como 'Juego de tronos'. Hay además una cultura del porno heteropatriarcal, totalmente falocéntrica, con la mujer siempre como objeto y nunca sujeto de placer. Es un error. Hay un porno feminista con la mala etiqueta de pornografía para mujeres que debemos romper. Debía ser consumido por hombres y mujeres con otra sexualidad.

– Lamenta que el sexo sea siempre contado y pensado por varones.

– Como tantas cosas sobre la mujer, se nos ha narrado y narra desde prismas masculinos, como cuidadoras, amantes, madres... Pasamos a veces de ser una 'femme fatale' a las mujeres nobles que aman, cuidan y confortan. Ha llegado el momento de narrarnos a nosotras mismas. No es que antes no se hiciera, ahí están Colette o Simone de Beauvoir, pero se ocultaba. Los libros de Anaïs Nin, por ejemplo, eran casi innecontrables.

– Su libro es una confesión íntima ¿en la que se revela acaso más de lo que quiso?

– Siempre trampeamos nuestros recuerdos. Emiliano Monge dice que al transformarlos somos nuestros primeros editores. Eso es ficcionar. Hay una parte autobiográfica en el libro, sí, pero no deja de estar ficcionada. Me costó mucho. Quería partir de mi experiencia sin ser exhibicionista. Pero leí a Virginie Despentes a Caitlin Moran, Eve Ensler, o Anne Sexton y sentí cierta hermandad.

– Tomó su apellido de Hermann Hesse

– Leí 'Demian' y 'El lobo estepario' en la universidad, en una época de transformación y de descubrimiento. Empecé a firmar los dibujos como Hesse y hasta hoy.