La fotografía visionaria

La fotografía visionaria

El CDIS acogerá esta primavera 'En éxtasis', las imágenes de las apariciones de Ezquioga (1931-1932)

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

Miradas documentales. La cámara como testigo. Retratos insólitos e intensos. Y el álbum de un hecho histórico acontecido en la España de los años treinta.

Una serie de apariciones marianas que incluían un mensaje a los visionarios pusieron a Ezquioga, pueblo guipúzcoano, en el mapa de la geografía nacional. Era el verano de 1931 y se convirtió en el centro de atención de todas las noticias. Las 'apariciones' a unos hermanos en un descampado, no obstante, tenían connotaciones insólitas: la Virgen, en postura desafiante, portaba una espada ensangrentada, anunciando que en apenas cinco años una guerra se avecinaba. Las peregrinaciones para acudir al lugar y ser testigo de los trances en los que entraban los visionarios se vieron más tarde tapadas, entrando en juego las fuerzas del orden, silenciando el caso. Algunos de los visionarios acabaron en el psiquiátrico de Mondragón.

Ahora un conjunto de documentos visuales sobre aquel acontecimiento -que también fue objeto de un guion llevado a la pantalla por el cineasta cántabro Manuel Gutiérrez Aragón en 'Visionarios'- configura la próxima exposición del Centro de Documentación de la Imagen de Santander. La Sala Ángel de la Hoz de la entidad cultural del Ayuntamiento acogerá una muestra integrada por 25 positivos actuales obtenidos a partir de 15 negativos de vidrio a la gelatina y diez tarjetas postales.

Bajo el epígrafe 'En éxtasis. Fotografías de las apariciones de Ezquioga (1931-1932)', la propuesta es fruto de los fondos que integran la Colección José Antonio Torcida. Durante los meses de marzo y abril el CDIS se hará eco de estas imágenes impactantes que recorren los casos de las supuestas apariciones marianas ocurridas durante la II República, a raíz de la proclamación de la separación entre Iglesia y Estado, en la aldea guipuzcoana de Ezkioga, muy cercana a San Sebastián.

El CDIS, único centro de Cantabria especializado en fotografía histórica, organiza de este modo la cuarta entrega expositiva organizada con fondos de José Antonio Torcida. Una muestra reivindicó, a través de su colección, la figura del pintor Diáscoro Puebla (Burgos, 1831-1901).

El pasado año, por ejemplo, el Centro mostró cerca de cuarenta imágenes inéditas y originales en 'The Picos de Europa. Memoria Fotográfica de un viaje en 1894' con fotografías de Cecil Ogilvie. Un canto a los viajes, al coleccionismo y a la trascendencia del patrimonio gráfico, a la importancia de la fotografía como principal testimonio de las costumbres de una época para conocer y recordar, todo ello en el contexto de las peregrinaciones religiosas motivadas por el Jubileo Lebaniego.

José Antonio Torcida, apasionado de la fotografía, cuya colección y estrecha colaboración durante años con el CDIS se ha traducido en selectas y sutiles miradas, ha recorrido durante años rastros, almonedas, librerías de viejo, tiendas de antigüedades. Su colección ha crecido vertebrada por sus imágenes de Cantabria, casi todas en blanco y negro, desde las miradas fundacionales de la fotografía hasta los años setenta como fondo principal.

Raymond Carr y Ezkioga

El hispanista e historiador Raymond Carr, que publicó un artículo de la 'Revista de Libros', analizaba y explicaba los hechos acontecidos en la ladera del monte de Ezkioga, donde la Virgen María se apareció a dos niños. A finales de 1931, aproximadamente un millón de personas había ido ya a Ezkioga para escuchar los relatos de los niños, así como los de unos cien «videntes» más.

juan Larrañaga
juan Larrañaga / Sicart / Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS)

Un libro de William A. Christian, que investigó los sucesos, dividió a las personas que tuvieron alguna relación con las visiones en tres categorías: los propios «videntes» o visionarios; los promotores, especialistas en manifestaciones de lo sobrenatural que organizaron, protegieron y dieron publicidad a los videntes; y, por último, los creyentes, cuyas vidas quedaron alteradas por lo que vieron y por los mensajes que recibieron de los videntes. «Todos ellos se unieron en un esfuerzo concertado para convencer a un mundo escéptico de que las visiones eran auténticas y de que en los montes se estaban apareciendo seres celestiales para transmitir mensajes de las alturas al mundo terrenal», apuntaba Carr en su artículo.

El historiador realizó una disección y contextualización de los acontecimientos de la primavera y comienzos de verano de 1931 que constituyeron el telón de fondo inmediato de las visiones de Ezkioga.

José Garmendia, Jesús del Corro y María de Durango
José Garmendia, Jesús del Corro y María de Durango / Sicart

«Se estaba produciendo una reacción de los católicos a lo que ellos consideraban una catástrofe inminente: la descatolización de España por un Estado perseguidor». Aquellos sencillos niños y niñas campesinos «no podían fabricar propaganda política; pero su llamamiento a sus oyentes a que se arrepintieran si querían que España no fuera barrida por una catástrofe inminente, que sus visiones describían gráficamente, contenía un mensaje contemporáneo».

Las apariciones de Ezkioga, apuntaba, «eran una llamada al arrepentimiento y a una renovada devoción en la tradición del misticismo español. Se dieron descripciones pormenorizadas de las ropas de la Virgen y de los recargados escenarios donde se aparecía; las imágenes así evocadas, escribe Christian, parecían «secuencias coreografiadas de películas de Busby Berkeley y Esther Williams». Formaban parte del repertorio habitual de los visionarios, conocido prácticamente por todos los creyentes españoles», precisaba Carr.