K-pop, el fenómeno oculto

Tatiana Marco y Silvia Aliaga/
Tatiana Marco y Silvia Aliaga

Las escritoras Silvia Aliaga y Tatiana Marco abordan la irrupción de este género musical, de moda en todo el mundo, en la novela 'De Seúl al cielo'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Antes, la música llegaba sobre todo desde Estados Unidos, pero la globalización ha cambiado esta inercia. Muchas de las canciones que escuchan los jóvenes de hoy han sido creadas en Asia, como el K-pop, la música global de moda, que ha aterrizado también en España para quedarse, aunque todavía sea un fenómeno oculto. Las escritoras zaragozanas Silvia Aliaga (1984) y Tatiana Marco (1987) publican 'De Seúl al cielo' (Nocturna), una novela juvenil con el K-pop como protagonista principal.

Nacido en Corea del Sur a principios de los 90, el K-pop tiene muchas similitudes con el fenómeno de las 'boys bands' occidentales (aunque en Asia los grupos son tanto masculinos como femeninos), pero con sus peculiaridades. «La música juega un papel clave, pero también la vestimenta de los artistas, su maquillaje, sus coreografías y los mensajes que transmiten tanto encima del escenario como fuera de él», subraya Marco. Los componentes de estos grupos no sólo cantan, sino que, además, son portadores de unos valores que representan al conjunto de la sociedad y sus letras hablan de romances juveniles, pero también de acoso escolar y de otros problemas que afectan al conjunto de la población.

En la novela, Paula, una bailarina española recién llegada a Seúl, se cruza con una británica que quiere devolver un colgante a un cantante con el que se cruzó en Inglaterra. Alrededor de ellas orbitan otros personajes y estrellas del K-pop que también ocultan un lado oscuro, porque los artistas de este género se ven sometidos en muchas ocasiones a una gran presión.

«El K-pop comenzó a sonar fuera de los países asiáticos en 2009, pero en España, hasta hace dos años, no se ha producido la verdadera explosión», cuenta Aliaga. Hace una década, apenas unos puñados de jóvenes desperdigados por todo el país compartían a través de los foros y los blogs las novedades sobre unos ídolos desconocidos para el gran público. Pero YouTube y las redes sociales han acabado por extender entre los adolescentes este tipo de música. «Ahora, en los institutos ya hay muchos jóvenes a los que les gusta esta música», agrega Aliaga.

No importa que los adolescentes no conozcan las letras de las canciones. «Hace años, la gente tampoco sabía inglés y por eso no dejaban de escuchar temas en ese idioma. La música es un lenguaje universal», apunta Aliaga. Pero además, los músicos de K-pop, que en la mayoría de los casos no han renunciado al coreano, han empezado a colocar subtítulos en los vídeos de YouTube, además de que los traductores virtuales ayudan también a comprender el significado de las letras. De hecho, en las plataformas musicales españolas, la música K-pop ya se sitúa habitualmente entre las más escuchadas.

El grupo BTS, uno de los máximos exponentes de este estilo, acaba de hablar en Naciones Unidas, una señal más de la importancia de estas bandas en el contexto internacional. De hecho, han jugado un papel destacado en el acercamiento entre Corea del Sur y Corea del Norte, ya que pocos factores tienen tanto en común estos dos país como el K-pop.

 

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