Pedro Rodríguez: «Mi novela aborda el yihadismo porque prefiero tener miedo a ser un frustrado»

Pedrto Rodríguez muestra su libro. /Héctor Ruiz
Pedrto Rodríguez muestra su libro. / Héctor Ruiz

El escritor Pedro Rodríguez Domínguez publica 'La última noche', la historia de un capitán de la Guardia Civil en Afganistán, que en una misión acaba perdido y termina matando a tres soldados norteamericanos

Héctor Ruiz
HÉCTOR RUIZLiérganes

Pedro Rodríguez Domínguez (Tortosa, 1980) todavía no sabe muy bien el motivo por el que decidió estudiar Enfermería, profesión que ejerció durante ocho años en el Centro de Salud de Liérganes. De hecho, convive con una espina clavada por no haber estudiado una carrera de letras. Sin embargo, ese sueño ahora está entre sus manos gracias a los libros que ha escrito; el primero fue 'El eterno retorno' (2014) y el segundo 'La última noche', que acaba de ver la luz, y en él juega con la idea de ser periodista a través de su protagonista. Eso sí, recalca que su trabajo en los pasillos de los hospitales es su principal fuente de inspiración; lo explica citando a Arturo Pérez Reverte cuando hablaba de que «lo que uno escribe es la mezcla de lo que uno imagina, lo que uno ha leído y lo que uno ha vivido».

-Resulta llamativo que un enfermero se dedique a la escritura...

-Decidí estudiar enfermería por una cuestión de descarte. No sé el motivo, pero en mi época los que éramos buenos estudiantes siempre nos encaminaban hacia las ciencias. Para estudiar en Cantabria tuve que decidir entre Enfermería y Medicina, y me quedé con la primera porque la segunda eran seis años y me parecía una cosa terrible. De todas formas, aunque si volviera atrás probablemente no me dedicaría a ello, mi trabajo me proporciona mucha satisfacción.

-Su primer libro lo escribió cuando todavía trabajaba en Liérganes...

-De hecho lo primero que escribí fue durante una guardia aquí. En aquel momento nos tocaba hacer 24 horas algunos sábados y domingos, y la demanda no era apabullante, así que había muchos ratos libres y empecé. Cuando tenía unos cuatro folios se los pasé a mi padre y a mi hermano, que son muy lectores.

-¿Era su primera vez?

-Sí, nunca antes había escrito. En ese momento tendría 28 años, además no soy el típico lector voraz desde niño, nuca lo he sido. Hasta los 18 años leía lo que me mandaban por obligación en el instituto. Digamos que tenía unas formas de hedonismo más prosaicas, como el fútbol o salir con los amigos. Pero en casa tenía miles de novelas de mi familia que estaban esperándome para una etapa en la que me sentí confuso. A partir de ahí vino uno, otro, otro... Una vez que empiezas a ser un lector voraz pasa que uno siempre se plantea si sería capaz de escribir...

-Tiene una familia, trabaja y oposita... ¿cuánto tiempo le queda libre para escribir?

-Cada novela he tardado en terminarla cerca de dos años. Lo que pasa que cuando uno escribe lo hace a tiempo completo. Yo voy con el móvil, y en cuanto se me ocurre una idea buena la grabo y se la mando a mi mujer.

-¿Su trabajo es una inspiración?

-Sin ninguna duda un hospital es un escenario perfecto para conocer todas las emociones humanas, desde las más brillantes, hasta las más desconcertantes y viles. Sobre todo en una planta de medicina interna, en la que hay mucha decrepitud, ancianidad y soledad, se ve todo lo buenos y lo malos que somos. También utilizo algunas sucesos, como un accidente en Miera cuando trabajaba en Liérganes.

-¿Siente que ha evolucionado mucho con su segunda publicación?

-Mi segundo libro es mucho más maduro. En la primera obra de un escritor novel suele haber un problema, que uno intenta dar demasiado de sí mismo y al final se pierde ritmo. Yo creo que desde el punto narrativo este trabajo es mucho más evolucionado. No sé cuántos libros se van a vender de 'La última noche', pero yo estoy satisfecho, no tanto con el anterior, que volvería a reescribir.

-En 'La última noche' aborda el fanatismo generado por el yihadismo...

-Me gusta definirla como una novela de pertenencia y de intriga. Es la historia de un capitán de la Guardia Civil en Afganistán, que en una misión acaba perdido y termina matando a tres soldados norteamericanos. Él después se entrega y acaba en la prisión militar de Alcalá Meco, donde decide contar su historia con la única condición de que la tiene que contar una periodista en concreto. De la relación que se establece entre los dos personajes principales, entrevistadora y entrevistado, surge toda la novela.

-¿En el momento que usted se plantea esta historia, los atentados yihadistas supusieron un freno o un acelerador a la hora de escribir?

-En ese momento ya había pasado lo de Bataclan y lo de París. Uno nunca sabe lo que puede suceder, porque lo más probable es que no te ocurra nada, pero sí tienes un punto de temor. Sin embargo, al final sigues adelante porque eliges entre frustración o miedo, y yo me quedo con lo segundo. Sobre todo porque yo ya tenía entre las manos la historia y debía que contarla.

-¿Le ha costado ponerse en la piel de una protagonista femenina?

-La narradora es ella, pero no me ha costado ese punto. Al contrario, me ha gustado mucho, porque tiene un punto irreverente, es aguda e incisiva.