Débora García Morales | Poeta

«La poesía en Cuba es nuestro refugio en días grises, un regalo en tiempos duros»

Débora García Morales, ganadora del Premio Alegría./
Débora García Morales, ganadora del Premio Alegría.

Acaba de recibir el premio Alegría del Ayuntamiento de Santander que confía que impulse su carrera como escritora

Lola Gallardo
LOLA GALLARDOSantander

La poeta cubana Débora García Morales ha ganado el premio Alegría 2019 del Ayuntamiento de Santander con 'Te doy el mar', un poema que refleja la «alternancia del pasado y el presente», en el que la autora muestra sus vivencias a través del mar. Reconoce que acude a la poesía por una necesidad interior y siempre recurre a lugares próximos al mar para inspirarse.

–¿Qué le inspiró 'Te doy el mar'?

–Yo vivo en una ciudad sin costas, pero tengo una conexión sustancial con el mar porque provengo de una familia esencialmente costera. Santa Clara, mi ciudad, comunica de muchas maneras esa cercanía emocional que sentimos por el mar. En mi poesía siempre hubo esas marcas, esa nostalgia, ese deseo perenne del mar.

–¿Qué quería transmitir con este poemario?

–Uno siempre acude a la poesía por una necesidad interior, por un magma que reclama salir, y en este caso era esa deuda con lo que significa para mí el mar como entidad poética, como fuente de ideas, de motivos… Pero además de eso, desde una perspectiva estética, me había propuesto lograr un corpus que escapara a cierto fatalismo que suele signar buena parte de la poesía. Mi segundo poemario, 'Sin ángeles tutelares', me dio muchas satisfacciones, pero su sustrato es básicamente el dolor, el desamparo, y más de una vez, al ser convocada a realizar lecturas públicas de sus textos, sentí que el acercamiento a esos temas tan duros requería de esa soledad del lector que elige sumergirse en las páginas de un libro, mientras que una lectura de poesía a un público variable (en un café literario, en una feria, en cualquier celebración) se asociaba más en mi imaginario con otra zona de las emociones humanas; yo deseaba comunicar felicidad, placer, sueños, y que todo eso estuviera contenido en ese modo de expresión que es la poesía y que yo siento como mi medio natural. Espero haberlo logrado.

–¿Cuándo empezó a escribir?

–Creo recordar que mis primeros intentos aparecieron en las últimas hojas de mis libretas escolares en la adolescencia. Supongo que intentaba comprender y escribir era mi modo de ordenar las ideas, de dar una forma reconocible a mis percepciones del mundo, a mis propias emociones.

–¿Dónde se inspira?

–Hay dos sitios que ya solo existen dentro de mí, que una vez fueron un muelle y una casa de tablas sobre el agua donde yo solía quedarme quieta, contemplando el movimiento de los botes, de la gente, y eso me daba paz, me conectaba con mis esencias, y es en esos dos sitios donde siempre me siento cuando vuelvo a la poesía.

–¿Qué es poesía?

–Yo estudié ciencias y aprendí que detrás de un concepto hay cientos de tanteos, de prueba-error, para llegar a una verdad, de modo que si se me pide el concepto de poesía, tendría que darlo desde esta visión mixta. Diría que es una especie de instrumento óptico; como el telescopio, que permite divisar la infinitud exterior, o el microscopio, que hace lo mismo pero en sentido inverso. Solo que esa zona innombrable que nos muestra este peculiar visor que es la poesía no puede usarse para el mal, eso la distingue.

–Acaba de recibir el Premio Alegría de poesía, ¿qué siente?

–Eso… alegría, por todo, por mi libro, que va a llegar más lejos y a más lectores, que va a regalar su sustancia a personas que ni siquiera conozco, y esa es una magia con la que todo escritor sueña cuando urde un libro: que se esparza, como polen, y fructifique luego…

–¿Cree que este premio impulsará su carrera como escritora?

–Espero que así sea; es inevitable que en un mundo tan superpoblado de todo y tan veloz, haga falta una señal lumínica que indique la presencia de un universo; y en materia literaria los premios pueden hacer esa función de marcador luminiscente que haga que, durante un tiempo al menos, las miradas giren en cierta dirección, las editoriales se interesen por tus libros; de manera que, aunque no creo que un premio sea la última palabra en cuanto a calidad literaria, sería ingenuo ignorar los efectos prácticos que ejercen sobre la obra de un autor.

–¿Es un buen momento para la poesía?

–Si se piensa en un momento cómodo, fácil, en el que todo esté dispuesto en favor de que la poesía ocupe el lugar que debiera corresponderle entre los hombres, habría que decir que no. Pero si valoramos que vivimos un tiempo vertiginoso, que nos arrastra en dirección a la tecnología, a las motivaciones materiales…, y si en un tiempo tan poco dado al detenimiento, a la contemplación de la belleza (interior y exterior) resulta que no deja de surgir poesía, que no deja de interesarle a la gente leer poesía, sentirla, pues creo que no hay modo de decir que no es un buen momento, es el momento en que se prueba que es fuerte, que es valiosa, que es esencial en la naturaleza humana.

–¿Cómo vive Cuba la poesía?

–Intensamente. La poesía es nuestro refugio en días grises, nuestro regalo personal en tiempos duros, nuestro recordatorio de lo que fue hermoso, nuestra ilusión y nuestra fe. En Cuba se publica poesía, se lee y se premia, nuestros trovadores cantan mucha poesía. Gracias a la poesía muchos cubanos hemos conservado cosas que sin ella habríamos perdido.

–¿Y qué papel juega en el mundo?

–No tengo dudas de que su función es reparadora, de sostén, de resistencia, de iluminación.

–¿Qué le impulsa a escribir?

–Todo; la adversidad y la dicha, el amor y su pérdida, la nostalgia, los sueños, ser…

–Terminemos con un verso, el que le ha inspirado la entrevista ¿Cuál escribe?

–Te doy el mar en mí, por que nos une.