Volver la mirada hacia el bosque

Un bosque de Weilburg, en Alemania. /AFP
Un bosque de Weilburg, en Alemania. / AFP

Poetas, filósofos y horticultores reflexionan sobre la nueva relación entre el ser humano y la naturaleza

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Durante años, la naturaleza ha sido intelectualmente desprestigiada. Lo interesante ocurría en las ciudades, cuanto más grandes, mejor, mientras que en el campo sólo querían estar quienes no tenían grandes aspiraciones o los que huían de las capitales porque no eran capaces de adaptarse. Como mucho, las granjas eran un lugar de recreo al que acudían los urbanitas para descubrir que la leche no venía de un brick. Pero la tendencia del mundo moderno a la deshumanización, el estrés laboral, la presión insufrible de la tecnología y la preocupación ante el cambio climático y la contaminación están haciendo que la vida en el campo vuelva a recuperar la estima que nunca debió perder. La literatura está ayudando a marcar esta ruta.

Hace dos años, el escritor noruego Lars Mytting publicó 'El libro de la madera'. En él exponía una teoría revolucionaria para el siglo XXI: visitar los bosques, pararse en los cruces de caminos para observar el campo y apilar leña son actitudes vitales que ayudan a entender el mundo y al ser humano. En España, el segundo país con más bosques de la Unión Europea, la filosofía de Mytting ha calado y naturalistas, filósofos y jardineros se han lanzado a las librerías con nuevas miradas hacia lo verde.

El último en sumarse a esta tendencia es el guía Alex Gesse (Barcelona, 1975), que ha trasladado a España los baños de bosque, una experiencia muy extendida en Japón, en Estados Unidos y en el centro y norte de Europa a la que pone letras en el libro 'Sentir el bosque' (Grijalbo). «Cuando tengas un problema, vete al bosque», recomienda Gesse, que propone caminar entre árboles y hierbas para jugar con el latido de la naturaleza, desacelerar los ritmos vitales y combatir la ansiedad. «No se trata de volver al taparrabos y la lanza», aclara Gesse. «Pero sí debemos recordar que el bosque ha sido nuestra casa durante tres millones de años y que en las ciudades llevamos unos pocos cientos nada más, y en España menos, apenas sesenta. Aun así, en estas últimas décadas hemos desaprendido, hemos creado una barrera cultural hacia el bosque que en realidad, choca con nuestro ADN», explica.

Para Gesse, la sociedad «marca unos patrones, unas expectativas y unos dogmas que nos provocan incomodidad». «La naturaleza es todo lo contrario y actúa como un espejo psicológico: allí uno se siente libre, halla el silencio y descubre otra vez la tranquilidad», asegura el guía catalán, que invita a todos aquellos que usan 'abrazaárboles' como un insulto a darse una vuelta por un bosque. «Un paseo de 20 minutos en un buen parque urbano ayuda a ver las cosas de otra manera», subraya.

Desde un punto de vista filosófico, Santiago Beruete (Pamplona, 1961) se ha acercado a la naturaleza en 'Verdolatría' (Turner). «En alguna parte de nuestro cerebro seguimos añorando el bosque», indica el pensador navarro, que visita jardines, huertos urbanos, parques y hasta mercados de flores para reflexionar sobre la relación entre el hombre y el campo. «Los urbanitas sienten que en la ciudad se están perdiendo algo y quieren regresar a los bosques. El tiempo en la naturaleza es otro y reconecta con nuestro tiempo interior», asevera Beruete, que reivindica placeres tan genuinos como «ver crecer las plantas».

El poeta Hasier Larretxea (Arraoiz, Navarra, 1982) ha llevado hasta el extremo la unión entre literatura y naturaleza. Desde 2016 protagoniza un espectáculo fascinante: recita sus poemas mientras sus padres cortan troncos con una sierra ante atónitos espectadores que acaban recogiendo las astillas y le piden que en ellas firme autógrafos. Ha escrito el libro 'El lenguaje de los bosques' (Espasa) para reivindicar los paisajes de su infancia. «Los bosques son lugares para dialogar con uno mismo. Uno no sale del bosque igual que entra, hay un proceso de limpieza. El bosque curte y fortalece física y mentalmente», opina.

A Carlos Magdalena (Gijón, 1972) la afición por la naturaleza le llegó, como a tantos otros niños de los años 70 y 80, con los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente. Magdalena ha plasmado los secretos de su trabajo como horticultor botánico en los Jardines Reales de Kew, en Londres, en el libro 'El mesías de las plantas' (Debate). «Hablar a las plantas es bueno. Hay que preguntarles qué les pasa, cómo están, si necesitan agua, qué es ese punto que les ha salido... Tener una conversación con una planta mejora nuestras dotes de observación y nos ayudan a pensar de otra forma», sugiere el naturalista.

 

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