Macaco: «Yo no soy Jesucristo, no pongo la otra mejilla»

David Carbonell, Macaco./EFE
David Carbonell, Macaco. / EFE

Macaco recluta a Serrat y a Drexler para su nuevo disco, 'Civilizado como los animales'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Embajador del buen rollo, Daniel Carbonell (Barcelona, 1972), el hombre que se esconde detrás de Macaco, recuerda que en su música conviven tres vertientes: la «gamberra», la «luminosa» y la «poética». Las tres sobresalen en su nuevo disco, 'Civilizado como los animales' (Sony), en el que ha reclutado, entre otros, a artistas de la talla de Joan Manuel Serrat, Jorge Drexler o El Niño de Elche. «A los tres los admiro y los tres estuvieron encantados de colaborar conmigo», dice Macaco.

«Las estrellas dicen que nosotros somos los fugaces», canta en uno de los versos más brillantes de la canción 'Blue'. «Nuestro ego nos sirve para empujarnos, pero también a devorar a los demás y ahí empiezan los problemas», afirma el compositor, miembro de Ojos de Brujo y después, exitoso artista en solitario.

«Yo no avalo la violencia, pero tampoco soy Jesucristo. Si me dan en una mejilla, no pongo la otra», agrega Macaco, que cree que en su música se alternan las canciones positivas con otras «agridulces» que buscan cambiar el mundo. «Reniego de los que dicen que no se pueden cambiar las cosas. Al contrario, la gente no es consciente de todas las cosas que se han podido cambiar con la música», argumenta.

Sin prejuicios artísticos, Macaco toca todos los palos, aunque muestra reticencias hacia el reguetón. «Pero no por su música, que viene del rap y que yo he utilizado mucho, sino por la narrativa. La mayoría de las letras dicen lo mismo y algunas son para vomitar, de un nivel bajísimo», destaca este maestro del mestizaje, que se siente un privilegiado por poder tocar en España y en todo el mundo y que reivindica el legado de Bob Marley. «Pero yo no me quiero parecer a nadie, yo sólo me quiero parecer a mí», matiza. «Algunas personas me dicen: 'No cambies nunca'. Pues no, yo creo que tengo que cambiar», concluye.