«Cuando cada pequeña cosa es un regalo, es más fácil ser feliz»

Foto: Maxi del Campo | Vídeo: Héctor Díaz

Gorka Hermosa continúa su gira mundial con su último disco, 'ELE, Lauaxeta- Lorca'

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

A los ocho años comenzó su relación con la música. A los 12 se formalizó su idilio con el acordeón, instrumento que le ha llevado a recorrer el mundo. Gorka Hermosa (Urretxu, 1976) es músico, compositor y profesor del Conservatorio de Música Jesús de Monasterio. A su alrededor crecen proyectos con alma y mensaje. Cada paso en su prolífica carrera lo vive «como un regalo» y en ese viaje está ahora acompañado por dos personajes de altura, Lorca y Lauaxeta, a los que ha unido con su música en su último disco.

- Ha reunido a dos poetas, Lorca y Lauaxeta, para construir un relato. ¿Qué historia quiere contar?

- Para la mí la música es un acto de comunicación y es importante tener cosas que decir. Lo más profundo que puede hacer uno es hablar de sus raíces, de dónde viene. Mis padres nacieron en el sur de España, yo nací en el País Vasco en los años 80, en un momento socialmente complicado, con un choque entre dos realidades culturales muy diferentes. Simbolizando un poco Lorca el sur y el norte Lauaxeta, hemos querido hacer un canto a la convivencia. A otra manera de ver la realidad entre dos sociedades paralelas, que conviven pero sin mucha relación entre ellos.

- ¿Es posible no tener relación cuando se pasan tantos años en un mismo lugar?

- Mis padres por ejemplo no saben quienes son los escritores de referencia vascos, o los músicos. Saben cuatro palabras y poco más de euskera. Y los de allí creen que quienes emigraron llegaban de turismo

- ¿Por qué eligió a estos dos autores?

- Estos dos escritores fueron fusilados por el régimen franquista. Más que una mirada al pasado es un canto al futuro. Lauaxeta fue el primer poeta vasco de referencia. Admiraba mucho a Lorca. Tradujo muchas cosas suyas al euskera. Una vez que Lorca vino al Teatro Arriaga, le dejó una nota en el hotel pidiéndole verse. No sabemos si llegó a pasar, pero tratamos de reflejar esa mirada de admiración mutua.

- ¿En qué se suele fijar para construir su música?

- Para mí no es importante si uno es pintor o músico, sino si tienes algo que decir o no. Si el mensaje está, llega de una forma apabullante. Yo toco el acordeón desde que era pequeño, mi manera natural de expresarme es la música y es la que elijo para contar y para aportar mi pequeño granito de arena en la cultura

- ¿Cómo empezó todo?

- Fue muy casual. Todos mis amigos se apuntaron a lenguaje musical y yo hice lo mismo. En País Vasco el acordeón es muy popular; mi mejor amigo lo tocaba, yo empecé también y desde que empecé a tocarlo ya enseguida empezó a fluir todo

- ¿Este que le acompaña es su instrumento habitual?

- Sí. Tiene unos cuantos viajes. Lleva unos diez años conmigo y estoy a punto de jubilarlo. Es parte de uno mismo. Son como mis cuerdas vocale y lo que utilizo para expresar lo que siento.

- ¿Es de esos músicos que tiene trauma con su paso por el conservatorio?

- Yo soy profesor, no voy a renegar. Al revés. Toda la educación está viviendo un proceso de reforma, una verdadera revolución y la música no escapa a eso. Creo que quienes se quejan de los traumas de la educación musical de hace veinte años, son bastante paralelas a los que había en la educación general. Todo va mejorando aunque siga siendo susceptible de mejora. Lo que veo aquí es mucha gente con ganas de hacerlo bien. Con sinceridad y honestidad dentro de las limitaciones de cada uno, que hacemos lo que podemos. Si un padre quiere que su hijo toque Los Ramones, quizá este no sea el mejor sitio. Pero lo mismo que si quieres que aprenda a nadar, no le lleves a atletismo. Los dos son de deporte, sí, pero no.

- Ha viajado mucho pero se ha establecido finalmente en Santander. ¿Por qué?

- Sí. Llevo ya 13 años en Santander Estuve muchos años en Castilla, en Aragón y echaba mucho en falta la humedad. ¡Se me quedaba la garganta seca! Llegaba a Vitoria y mi cuerpo empezaba a florecer. En Cantabria he encontrado ese ambiente y además el mar. Cuando busqué mi primera casa aquí lo único que quería era ver el mar. Es una sensacion increible.

- Y toda esa etapa está ligada al conservatorio Jesús de Monasterio

- Trabajar en este conservatorio, en estas instalaciones, con compañeros que entraron a la vez, nos ha servido para hacer muchas cosas. De aquí ha salido una generación de músicos cántabros que en los próximos 5 o 10 años van a dar mucho que hablar. Mis compañeros son también mis amigos y me siento muy cómodo

- ¿Hay mucha diferencia respecto a cómo se trata la formación fuera de España?

- Cada país tiene su idiosincrasia. En Finlandia el plan de estudios y los resultados son maravillosos pero son otras condiciones, por ejemplo. Hace 30 años la enseñanza era más intuitiva, pero creo que esta generación está más preparada. Hay diferencias obvias pero lo normal entre países. Viajo mucho habitualmente pero percibo muy pocos países en los que la educación o la sanidad sean tan buenos como aquí. La queja es muy española. Marcharse también pero nos falta un punto de valorar lo que se hace.

«De este conservatorio ha salido una generación de músicos cántabros que en los próximos 5 o 10 años van a dar mucho que hablar»

- ¿En Cantabria valoramos lo que tenemos?

- No estamos tan mal. Hay cosas que mejorar; no hay un conservatorio superior o una orquesta profesional sinfónica, que son dos cosas básicas en cualquier región. De hecho es la única que no tiene. En Andalucía hay 66 conservatorios. Aquí está el de Santander, el de Torrelavega que es bastante reciente. Se habló de uno en Laredo pero con la crisis quedó olvidado. Creo que los habitantes de Reinosa, Laredo o San Vicente tienen derecho también a estudiar música clásica en un conservatorio. Es verdad que hay sedes, pero puedes aprender solo piano. En ese aspecto es bastante deficiente.

- ¿Y, más allá de la formación, si nos fijamos en las propuestas de ocio?

- En verano, hay una oferta musical muy potente de todos los estilos. En invierno está el Rvbicón, que es un lugar de referencia en España para los músicos de jazz. Es increíble los músicos que pasan por ahí con un presupuesto ridículo. Eso es gracias a la labor de alguien extraordinario como Marcos. Al final no vas a tocar por dinero sino también porque te sientes cómodo y hay pocos auditorios donde la gente te escuche con tanto respeto como en el Rvbicón. Hay otros sitios en Cantabria, pero no hay una legislación regulada en Cantabria. Es curioso que te subvencionen para hacer conciertos pero otra entidad te sancionen por hacerlo.

«La enseñanza significa devolver todo eso que te han dado y que haga crecer a los alumnos»

- Tienes una agenda repleta de lugares por visitar

- Siempre digo que lo menos importante es la música y el acordeón. Lo importante son las relaciones personales. He podido estar en China, Sudamérica, en casi todos los países europeos y hay alguien que te espera, te enseña una colina que no sale en las guías y te lleva al 'bar Manolo' del pueblo. De pequeño tenía un libro de capitales europeas y Moscú era mi favorita. Hace dos años me invitaron a dar clase allí, que para nosotros es como la NBA. Ir viendo lo que veía de chaval, gracias al acordeón, es muy bonito. Como ver personas de cualquier parte del mundo tocando piezas mías. Es muy motivador.

- Compositor, intérprete y docente. ¿Con qué faceta se siente más cómodo?

- Mi vocación era ser profesor. La enseñanza significa devolver todo eso que te han dado y que haga crecer a los alumnos. Es bonito ver cómo las experiencias propias les valen a esos chavales para labrarse su futuro. Lo de compositor es muy bonito; ahí queda lo que haces. Hace poco he visto una de mis piezas tocada en la Filarmónica de Berlín, por ejemplo. Y el escenario es lo más cálido,, es el aplauso directo, pero es un poco cortoplacista. La adrenalina es un subidón. Paco de Lucía decía que no había una droga como esa y Lola Flores que lo que le daba el escenario no se lo daba nadie, pero las cosas a medio largo plazo te llenan más.

- Desde que decidió hacer lo mismo que sus amigos, como contaba al principio, hasta la actualidad, ¿ha cumplido sus metas?

Creo que con mucho. Mi objetivo era llegar a ser profesor en algún sitio y poder vivir de eso. Y todo lo demás que está viniendo es un regalo. Cuando uno espera cosas vienen las decepciones. Cuando cada pequeña cosa es un regalo, es más fácil ser feliz.

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