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«Hay que tocar con la sencillez de un niño, cuando creces entra en juego la ambición»

«Hay que tocar con la sencillez de un niño, cuando creces entra en juego la ambición»
Daniel Pedriza

El músico David Guerrier, trompa y trompeta, se subirá viernes y sábado al escenario de la Sala Argenta dentro del ciclo de conciertos del Encuentro de Santander

Lola Gallardo
LOLA GALLARDOSantander

La música llegó de forma natural a David Guerrier (Pierrelatte, Francia, 1984). Con solo tres años escuchó el sonido de un trompeta en casa de sus abuelos. Con diez se subió a un escenario delante de uno de los mejores trompetistas que ha conocido, Maurice André y con 16 años comenzó sus estudios de trompa. Después llegaron el violín y el canto lírico, porque Guerrier quiere seguir aprendiendo «más y mejor música». ¿El salto a la dirección? No lo descarta. De momento está en Santander donde ha impartido clases magistrales en el Encuentro de Santander Música y Academia, que organiza la Escuela Superior de Música Reina Sofía y la Fundación Albéniz, presidida por Paloma O'Shea. Y viernes y sábado se subirá al escenario de la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria.

–¿Cómo llegó la música a su vida?

–No lo sé muy bien. Mi madre siempre ha cantado y me gustaba. También recuerdo que en mi casa siempre sonaba la música. Llegó de forma natural a mi vida.

–¿Y por qué la trompeta?

–Fue con 3 años cuando escuché su sonido por primera vez en casa de mis abuelos. Era un disco de Maurice André. Fue entonces cuando decidí que quería ser trompetista.

–¿Y cuándo supo que se iba a dedicar profesionalmente a la música?

–Con 10 años participé en un programa de televisión y toqué la trompeta ante Maurice André. En ese momento tomé la decisión de dedicar mi vida a la música.

–Después llegó la trompa, ¿por qué ese cambio?

–Fue con 16 años. Empecé para probar un nuevo instrumento. Al principio no me lo tomé muy en serio, pero después continué trabajando y me gustó mucho.

–Participa en Santander en el Encuentro de Música y Academia, ¿qué le parece esta iniciativa de juntar a jóvenes talentos con maestros de la música?

–No conocía este formato y me parece muy interesante. Los jóvenes tienen un nivel altísimo. Me sorprendió mucho cuando empecé a escuchar los conciertos porque tocan muy bien. Para un profesor es muy interesante tocar con gente tan comprometida y llena de energía.

–¿Cuál es su filosofía como profesor, qué es lo primero que enseña a sus alumnos?

–Hay muchas cosas que enseñar, pero lo más importante es que los alumnos lleguen a entender que en la música hay estilos muy diferentes y lo más importante es saber adaptarse a la música que se toca en cada momento. Hay que entender cada estilo e interpretar de forma distinta cada pieza. Es lo más importante para llegar a ser un músico completo.

–¿Usted qué ha aprendido de la música?

–La música requiere mucho tiempo y un músico lo es toda la vida. Es importante saber que cuando tocas música con otras personas aprendes de ellas, te proponen ideas distintas sobre una misma pieza. Lo importante es colaborar y aprender de otros músicos y del público que escucha el concierto.

–¿Cómo está el panorama musical en Europa?

–Existen excelentes músicos y hay público, porque las salas se llenan. Pero es importante recordar que la música siempre hay que defenderla aunque funcione. Hace quince años había buenos músicos, pero ahora hay muchos más, hay un crecimiento exponencial.

–¿Qué recuerda de su primer concierto?

–Fue hace mucho tiempo cuando toqué a Haydn en el conservatorio de Pierrelatte, mi localidad natal. Fue con 10 años. Cuando eres joven todo es más fácil.

–¿Y por qué cree que se complica con el paso de los años?

–Cuando eres joven te centras en el placer y el orgullo de tocar. Después entra en juego la ambición de tocar bien y eso lo hace todo más complejo. Hay que volver la vista atrás y recordar la sencillez de tocar solo para el público.

–¿Qué compositores o directores le aportaron más como músico además de Maurice André?

–Cuando era joven escuchaba mucho a Timofei Dokshizer y después estudié en Viena y me encantó el repertorio de orquesta. Es difícil responder a esta pregunta porque hay muchos compositores que me gustan como Anton Bruckner o Peter Csaba, el director artístico del Encuentro de Santander, que ha sido director de la Orquesta de Lyon. Tocar con él es una gran suerte y te ayuda a desarrollarte como músico.

–¿Qué le inspira cuando toca?

–Toco para el público y lo que intento es interpretar y recrear la obra. Lo importante es trabajar bien la música para que llegue a la gente.

–¿Tiene alguna manía antes de subir al escenario?

–No, en ese momento solo es importante la concentración y la respiración.

–¿Cómo prepara los recitales, dado que tocar la trompeta requiere un esfuerzo físico importante?

–Hay que trabajar mucho los días anteriores al concierto y ese día hacer lo mínimo posible. Antes del concierto haces ejercicios de respiración y tocas solo cinco minutos.

–¿Qué música escucha cuando está en casa?

–Nunca escucho trompeta, lo que más me gusta es música de cámara y orquesta.

–¿Qué obra le ha dado más satisfacciones?

–Muchas, pero el concierto para trompeta y orquesta de Henri Tomasi es muy bueno. Y para trompa me gusta el concierto del compositor ruso Reinhold Glière porque es lírico, sensible y bonito.

–¿Qué nuevos proyectos tiene entre manos?

–Me interesa seguir aprendiendo más música y mejor. Desde hace diez años toco el violín y hace cinco que empecé con el canto lírico.

–¿Piensa dar el salto a la dirección?

–Quizás, el repertorio de orquesta es muy rico y fabuloso. En la Orquesta Nacional de Francia ha sido extraordinario tocar y ahora la echo de menos. Es una sensación muy particular el que cien personas toquen la misma pieza a la vez.

–¿Imagina un mundo sin música?

–No, es muy difícil. La música está en todas partes. Es una práctica muy antigua que data del inicio de los siglos y el hombre tiene esa necesidad de cantar y expresar sus sentimientos a través de la música.

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