Solo Cristiano detiene a España

Solo Cristiano detiene a España

La selección de Hierro se sobrepone a todo menos al astro portugués, que firmó un hat trick y empató en los minutos finales un partido que La Roja mereció ganar

JON AGIRIANO

Era inevitable mirar este viernes a España como a alguien que se despierta en una camilla tras una grave conmoción. ¿Estará bien? ¿Nos reconocerá? La Roja era en Sochi un gran interrogante colgado de lo alto del estadio Fisht y la respuesta que ofreció fue muy positiva, más allá del chasco que supuso encajar el empate en el minuto 86. Lo cierto es que el equipo de Fernando Hierro pudo con todo menos con Cristiano Ronaldo, autor de un hat-trick que dio vida a una Portugal mediocre. Tras el cataclismo de las últimas 72 horas, la selección española demostró una gran personalidad. Se sobrepuso a un penalti en contra poco después del pitido inicial, a la mala suerte y a un regalo bochornoso de su portero en un momento fatal. Remontó por dos veces a la campeona de Europa e hizo méritos de sobra para ganar. Muy buenas noticias, sin duda, pensando en lo que viene.

El partido comenzó con uno de esos golpes bajos que a un equipo supuestamente débil o sobrepasado por las circunstancias le pueden mandar al cementerio. Cristiano se la jugó a Nacho, su compañero en el Real Madrid, y le sacó de la manga un penalti que Gianluca Rocchi no consideró necesario consultar en el video. Los jugadores españoles tuvieron entonces razones de peso para pensar que los astros la habían tomado con ellos en este Mundial, que todo lo que podía salirles mal, les salía peor. Durante un rato, a partir de la pena máxima transformada por Cristiano, se les vio débiles, abrumados, como víctimas de una maldición.

3 Portugal

Rui Patricio - Cédric Soares, Pepe, José Fonte, Raphaël Guerreiro - Bruno Fernandes (João Mario 68), Bernardo Silva (Ricardo Quaresma 69), Joao Moutinho, William Carvalho - Gonçalo Guedes (André Silva 80), Cristiano Ronaldo (cap). DT: Fernando Santos.

3 España

David De Gea - Nacho Fernández, Gerard Piqué, Sergio Ramos (cap), Jordi Alba - Koke, Isco Alarcón, David Silva (Lucas Vázquez 86), Sergio Busquets, Andrés Iniesta (Thiago Alcantara 70), Diego Costa (Iago Aspas 77), Isco. DT: Hierro Fernando.

Goles
Cristiano Ronaldo (4 de penal, 44, 86); Costa (24, 55), Nacho Fernández (58)
Árbitro
: Gianluca Rocchi (ITA). Amonestaciones: Fernandes (28) y Busquets (17)
Incidencias
Fisht Stadium (Sochi). 43.866 espectadores

El partido tomó un cariz de lo más alarmante. La Roja no carburaba. Le faltaba ritmo. No se activaban lo que podríamos llamar sus conexiones medulares: Busquets, Iniesta, Isco y Silva. Koke y Diego Costa chirriaban. Aquello, en fin, tenía muy mala pinta ante una Portugal que jugaba muy cómoda, metida en su parcela, esperando un contragolpe de fortuna. Lo tuvo en el minuto 20, pero un mal control de Guedes dentro del área evitó lo que ya parecía el 2-0. España necesitaba una reacción. Era cuestión de vida o muerte. De haber sido aquello un partido de baloncesto, Fernando Hierro hubiera pedido tiempo muerto con un megáfono.

Y entonces sucedió lo inesperado, una de esas sorpresas que depara el fútbol y le hacen lo que es: el mayor espectáculo del mundo. Busquets pegó un balonazo largo a Diego Costa como quien lanza un botella al mar con un mensaje en su interior. A ver si un día aparece en una playa, al otro lado del océano. Discutido como estaba en la selección, el delantero hispano-brasileño sacó petróleo del pase. Se llevó la pelota en un salto en el que hizo falta a Pepe con el brazo -a Rocchi no le dijeron nada los responsables del VAR- y acabó batiendo a Rui Patricio, tras dos recortes, con un gran derechazo. A España se le abrió el cielo mientras a Portugal se le abría la tierra bajo sus pies. El escenario cambió por completo. Sencillamente, La Roja empezó a jugar como sabe. Y eso son palabras mayores.

Una segunda parte eléctrica

Isco estrelló un balón en el larguero que botó sobre la raya y el equipo de Hierro se desató. Su superioridad se hizo abrumadora. En el minuto 35, Iniesta y Koke estuvieron muy cerca del segundo gol en una gran jugada que resumía el festival de juego de la selección española en ese momento, con Isco de capitán general. Portugal aguantaba el chaparrón, incapaz de dar dos pases, y suspiraba por el descanso. Ninguno de sus futbolistas podía imaginar que Dios les vendría a ver. Sin embargo, así ocurrió. En el minuto 44, De Gea se tragó de mala manera un zurdazo centrado de Cristiano. Fue un fallo intolerable, de esos que dejan por los suelos el crédito de un portero en un Mundial.

Era obligado preguntarse cómo respondería España a ese nuevo batacazo tras el descanso. Y hay que destacar, porque tiene un gran mérito, que lo hizo de la mejor manera posible. Volvió a dominar a una Portugal timorata, pequeña, impropia de su condición de campeona de Europa. Su asedio tuvo el premio que merecía. Diego Costa hizo el 2-2 tras rebañar un pase de cabeza de Busquets en una jugada ensayada. Poco después, un trallazo lejano de Nacho, rehecho de su error en el penalti, demostrando el cuajo que tiene este jugador, supuso el tercero.

Faltaba media hora. El bochorno reinante en el estadio hacía difícil exigir un esfuerzo continuado en busca de un cuarto gol que cerrara el partido. España, refrescada con Thiago a partir del minuto 70 -Iniesta estaba muy cansado- y en la recta final con Aspas y Lucas Vázquez, optó por mantener el control. Y lo tuvo hasta que en el minuto 86, cuando todo parecía hecho, una faltita que Cristiano sacó con astucia a Piqué acabó suponiendo el 3-3. El disparo del delantero de Funchal fue perfecto y a la selección española le quedó la desazón de que el fútbol no había sido justo con ella. ¡Con lo que había pasado! El nivel que demostró, sin embargo, debería hacerle olvidar pronto ese regusto amargo.

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