Cúper no sabe ganar finales

Héctor Cúper, durante un partido.//Efe
Héctor Cúper, durante un partido./ / Efe

El seleccionador de Egipto ha perdido todos los títulos disputados a partido único, entre ellos dos Champions con el Valencia

Pedro M. Campos Dubón
PEDRO M. CAMPOS DUBÓN

«Cúper, perdónales porque no saben de fútbol». Un pequeño reducto de Mestalla mostraba una pancarta para defender al técnico argentino de la avalancha de críticas de la gran mayoría de aficionados. El entrenador había llevado al Valencia a dos finales de Liga de Campeones. Ni eso le valió. Le acusaban de practicar un fútbol muy plano y ultradefensivo. La cruzada contra Cúper tuvo su punto álgido el día que unos desaprensivos zarandearon su vehículo, con su mujer en el interior, cuando salía del coliseo blanquinegro. Llegó la hora de marcharse. La cara desagradecida del fútbol se cebó con el actual seleccionador de Egipto, que con el renqueante Mohamed Salah como figura aspira a ser una de las formaciones que den la sorpresa en el Mundial de Rusia.

Héctor Raúl Cúper (16 de noviembre de 1955, Chabás, provincia de Santa Fe, Argentina) tiene fama de entrenador maldito. Ha disputado seis finales a partido único y las ha perdido todas. Le pasó con el Mallorca en una Copa del Rey contra el Barça (cayó en los penaltis), con los bermellones se dejó una Recopa de Europa ante el Lazio, el Valencia perdió dos Ligas de Campeones (una clara ante el Real Madrid y una trágica frente al Bayern Múnich en las penas máximas), con el Aris de Salónica no sumó una Copa y ya con Egipto perdió una final de la Copa de África contra Camerún. Pero hay más. El gafe se expande al formato liguero. Con el Huracán, en 1994, y con el Inter de Milán, en 2002, se dejó dos competiciones nacionales en la última jornada. El hombre sin suerte.

Pocas veces le han afectado los desengaños (ni los éxitos). «He sido lavacopas en restaurantes, empecé de muy abajo, así que ahora no me voy a transformar en otro. Dirán que soy un perdedor, que no gané nada. Aunque me cayeron palos de todos lados, no me considero así, soy feliz, el tiempo coloca a cada uno en su lugar«, manifestó Cúper en una entrevista en El País. La normalidad en su proceder le viene de su infancia. Su padre murió con 20 años y al pequeño Héctor Raúl lo cuidó su abuela en una juventud llena de pobreza. En su casa no había agua caliente y tenía que lavarse con agua fría. Pese a que tiempo después ya podía disfrutar de más lujos, ha mantenido este hábito. Dejó los estudios con nueve años para ganarse la vida limpiando cristales y luego en un banco hasta que le atrapó el fútbol. Con 30 años, este seguidor de los western de Gary Cooper y John Wayne, retomó los estudios.

En la misma proporción que los aficionados de los equipos a los que han entrenado han mostrado virulentas reprobaciones, los jugadores caminarían por el desierto tras él. Bueno, todos no. Ronaldo, el brasileño, con el que coincidió en el Inter de Milán, llegó a decir de él que era «muy malo». ¿En qué justificaba su juicio? «En los calentamientos nos hacía correr tres kilómetros. Terminé muy mal con él y fui a hablar con Moratti (presidente del equipo italiano)». El exvalencianista Juan Sánchez, que estuvo a las órdenes de Cúper en el último año del argentino en Mestalla, ofrece una visión muy diferente: «Es muy serio, trabajador, una buena persona. Es cierto que no habla mucho, pero dice lo que tiene que decir porque tiene mucha personalidad».

Sánchez relata su historia personal con el argentino. «Al llegar en agosto a la pretemporada me dijo que no contaba conmigo, que quería que me fuera cedido. Yo le dije que no, que quería seguir y ganarme el puesto. Él accedió y finalmente acabé como el máximo goleador del equipo y siendo titular en la final de la Liga de Campeones en Milán. Fue muy claro conmigo y, de igual forma, es capaz de variar su opinión si le das motivos», afirma el delantero. La máxima de Cúper, un técnico fiel al 4-4-2, es que para atacar «tienes que saber defender» y reclama la mayor exigencia física a sus futbolistas. «Con el profe Alfano (el preparador físico) hacíamos series de un kilómetro. Había jugadores que acababan casi vomitando», cuenta Sánchez.