Carolina Marín, a semifinales sin sufrir

Carolina Marín celebra un punto. /
Carolina Marín celebra un punto.

La española supera a la coreana Sung en 43 minutos para alcanzar la ronda que da acceso a las medallas

LAURA MARTA

Un alarido resuena en los pasillos del pabellón 4 de Riocentro. Impresiona. La gente ya sabe que está jugando Carolina Marín. Las rivales y el público. Pero sobre todo las rivales. La onubense había advertido que los pequeños detalles que había pulido en estos dos meses de preparación agotadora marcarían la diferencia. Así es. La pista recoge los ecos de sus gritos cada vez que suma un punto. Son una mezcla de alegría, rabia y amenaza. Con sus golpes mantuvo controlada a la coreana Ji Hyun Sung. Con sus gritos, acabó haciéndole llorar. Marín, a lo suyo, ya está en semifinales. Un paso más hacia su objetivo.

Marín lleva seguidores allá donde va. También a Río, donde un grupo ruidoso de españoles y fans de la onubense animaron la contienda. Se notó que el partido era de cuartos, definitivo para las esperanzas de medalla, porque tras un inicio fulgurante, la española cometió algún error de más que la mantuvo atenta por si reaparecía la coreana. Pero fue solo un momento. En cuanto supo leer las estrategias de la rival, la española no tuvo ningún problema en ampliar la ventaja hasta llevarse el set.

Un primer parcial resuelto con claridad por 21-12 en 21 minutos. Marín había desestabilizado a su rival alcanzando todos sus ataques y situándose en la pista antes de que lanzara siquiera el volante. Rapidísima en reflejos y movimientos, la española cubrió la pista como si supiera con antelación las intenciones de Sung. «Lo importante era no darle ninguna oportunidad. Fue importante la ventaja que he tenido en el principio de los sets», comentó tras su encuentro.

Tal la superioridad que Marín comenzó el segundo set con un parcial de 8-0. Desesperada, la coreana trató de cambiar de táctica. Y la española sufrió una pequeña desconexión, una relajación incontrolada que permitió a Sung ganar algo de confianza y meterse en el partido de nuevo. Aunque a Marín no le inquietó en exceso, pues mantuvo siempre una diferencia de cinco puntos.

A punto de las medallas

Su entrenador, Fernando Rivas, admitió tras la primera fase que su pupila no estaba jugando al ciento por ciento, que todavía podía exigirse mucho más y ser cada día más perfecta. Pero no lo necesitó ante Sung. Además de los reflejos, también ha aumentado la capacidad para cubrir toda la pista. De una sola zancada es capaz de tapar la red o de recuperar terreno en la retaguardia. Solo al final, a tres puntos de la victoria, Sung lanzó su propio grito, pero solo fue un alarido desesperado. Marín recuperó la compostura y finiquitó el set en 23 minutos. «Ya dije que había venido en mi mejor estado de forma porque la preparación fue muy dura, por eso me estoy encontrando muy cómoda», explicó

Está en semifinales sin apenas haber sufrido desgaste, pero no se fía. Se enfrentará el jueves a Li Xuerui, oro en 2012 y a quien ya venció Marín en la final de su primer mundial. «No sé si las rivales me respetan, yo desde luego no puedo respetar a nadie porque vengo a ganar. Unos Juegos Olímpicos hay que desdramatizarlos. Todas venimos a conseguir una medalla. Quiero pensar en lo que hacer en cada partido y no salirme de eso. Las sensaciones son muy positivas y el pabellón está perfecto. Hay algo de aire, pero me siento como en casa». ¿Se siente ya con el oro? «Todo el mundo me dice que ya tengo la medalla, cuando llegué a la Villa me la esperaba encima de la cama, pero la única que tengo es la de la virgen del Rocío, que me acompaña siempre. A ver si la conseguimos de verdad», sonríe. Los ecos de sus alaridos de guerra se quedan en el pabellón.

Marín lleva seguidores allá donde va. También a Río, donde un grupo ruidoso de españoles y fans de la onubense animaban la contienda. Se notó que el partido de cuartos en un inicio con algunos errores de la española que pusieron el marcador apretado. Pero Marín lo quiere todo. En cuanto supo leer las estrategias de la coreana, la española no tuvo ningún problema en ampliar la ventaja hasta llevarse el set.

Un primer parcial resuelto con claridad por 21-12 en 21 minutos después de que la española desquiciara a su rival al estar siempre antes de que llegara su ataque. Rapidísima en reflejos y en movimientos, Marín cubrió la pista en todos los ángulos, incapacitando la función de ataque de la coreana.

Tal la superioridad que Marín comenzó el segundo set con un parcial de 8-0. Desesperada, Ji Hyun Sung trató de cambiar de táctica. Y la española comenzó a cometer errores fáciles a pesar de la buena dinámica que llevaba, y de que el marcador solo le inquietó a mitad de set, cuando los ocho puntos de diferencia se quedaron en cinco.

Además de los reflejos, la capacidad de Carolina Marín para cubrir toda la pista es determinante. De una sola zancada cubre la red o recupera terreno en la retaguardia. En muy buena forma física, aguantó sin bajones el partido y los intentos de presión de la rival que no conseguía romper la barrera de los cinco puntos.

Solo al final, a tres puntos de la victoria, Sung lanzó su propio grito, pero solo fue un alarido desesperado. Marín recuperó la compostura y finiquitó el set en 23 minutos. Marín ya está en semifinales y sus alaridos de guerra se han quedado grabados en el pabellón.