Los devotos de un infierno llamado Los 10.000 del Soplao

Fotos: Javier Rosendo | Vídeo: Héctor Díaz

La duodécima edición de la prueba volvió a reunir a miles de personas en Cabezón de la Sal en una jornada llena de emociones | Joseba Albizu y Meritxell Henares ganan en BTT, Tino Zaballa se lleva el 'Soplaoman', Jesús Herrero de la Herrán, la ultramaratón, Manuel González y Azara García de los Salmones, la maratón, y Raúl Cagigas, la ruta adaptada

Marco García Vidart
MARCO GARCÍA VIDARTCabezón de la Sal

Cuando se acaba una de esas pruebas que exige un esfuerzo máximo, la cara es un compendio de emociones. De cansancio, de sufrimiento. También de emoción. Pero sobre todo de orgullo. Una media sonrisa que lo suele eclipsar todo. Lo conseguí, viene a decir. Aunque duela hasta el último milímetro del cuerpo. La Avenida Cantabria de Cabezón de la Sal fue este sábado un reguero de miles de caras orgullosas. La de las personas que cruzaban ese pórtico de números rojos. Esas cifras decían al oído que se podía sentir orgullo de uno mismo. Que el objetivo estaba cumplido. Los 10.000 del Soplao volvieron a llamar a rebato a los fieles del 'Infierno Cántabro'. Para los de la bicicleta de montaña, la prueba más veterana, la duodécima edición. Desde aquel ya lejano 2007, cuando el gallego Brandán Márquez abría las puertas del 'Infierno Cántabro' a lomos de una bici de montaña, han sido miles de historias de orgullo cada mes de mayo. Este sábado, en concreto, 8.258 en la salida. Los que terminaron, no podían estar más contentos. Muchos de los que no pudieron se juramentaron para regresar al 'Infierno' en 2019.

Un enorme sol rojo despuntaba sobre el horizonte poco antes de las siete de la mañana. El invitado que todos esperaban. Una hora antes del inicio de todo, El Soplao ya luce de prueba muy grande. Lo primero, hay coches aparcados hasta en los cables de la luz. Cuando de milagro se encuentra un hueco, la zona de salida ya es un hervidero de gente. La mayoría, casi quieta como estatuas. Los participantes en la prueba de bicicleta de montaña, los de la ruta a pie, los de la maratón y la combinada... Todos esperando la salida. Y los de la ruta adaptada, las estrellas de este año para la organización. Salva Royano, un vizcaíno de Ciérbana, esperaba paciente en 'la Avenida', como se conoce a esta calle en Cabezón a lomos de su bici. Estaba muy al principio. «El año pasado quedé entre los 500 primeros y te reservan ese puesto en el 'cajón' de salida'», reconocía. Aunque la organización se guarda un centenar. Cuatro de esos puestos fueron para otros tantos 'bikers' que se dieron una trisca de consideración al venir desde Mallorca. Un detalle. Y otros cuatro embajadores del asunto.

La fila de los 'beteteros', como les llamaban por megafonía, era tan larga que llegaba hasta Ontoria. Casi 4.300. Con casi todo preparado para la liturgia de inicio, llegó la primera noticia deportiva. Tino Zaballa concluía el segmento a pie de esa burrada llamada Soplaoman (10 kilómetros nadando, casi 77 corriendo y 111 en bici) poco antes de las ocho de la mañana. Él, y los participantes de la Ultramaratón (113 kilómetros) habían salido a las once de la noche del viernes. Como si no quisiera molestar, tan pronto como apareció, desapareció entre la multitud en busca de su bici. La traca de petardos dio inicio a la música más esperada. Ese 'Thunderstruck' de AC/DC que oído en otro sitio es una gran canción y en Cabezón, pone los pelos como escarpias. La tuvieron que poner unas cuantas veces, porque los de la BTT tardaron 16 minutos en cruzar el pórtico de salida.

El proyecto 'Libera' tenía su propio reto

Los deportistas no son los únicos que se han dejado la piel este año en el Soplao. Distintos colectivos han colaborado para proteger lo máximo posible el entorno natural en que se celebra la prueba. SEO/BirdLife y Ecoembes son los responsables del proyecto 'Libera', encargado de concienciar sobre la importancia de mantener limpios los entornos naturales. Este año, el que haya tirado cualquier residuo fuera de las zonas habilitadas para ello ha quedado descalificado de la prueba.

Para tratar de atajar el problema de la 'basuraleza' se ha incorporado en el reglamento de la carrera que tirar cualquier residuo se considera una falta grave. De esta forma, los jueces y voluntarios de la prueba hicieron ayer un seguimiento especial para comprobar que se cumpliera la norma y los espacios naturales se mantuvieran limpios.

Además, 'Libera' colocó una pancarta en la salida/llegada de la carrera para concienciar a los deportistas y facilitó a los participantes una bolsa de basura para que recogieran residuos.

Tras ellos fueron los de la maratón y combinada, la ruta a pie... Los últimos, la ruta adaptada. Personas con discapacidad, en su gran mayoría. Pero también familias con niños. Para todos ellos fue la ovación más especial de una mañana en la que una inoportuna niebla no dejaba en ese momento ver el sol. La organización había querido que este fuese el Soplao más inclusivo y también el más respetuoso con el monte. En cuanto a apoyar a quien más lo merece, el público fue de 10. Cabezón está tan enamorada de esta prueba que sus habitantes echan una mano en todo lo que se les pide.

Emociones

Tras reponer fuerzas en unos bares de Cabezón que no daban abasto, el público se preparaba a media mañana –ya con el sol en todo lo alto– para comenzar la ristra de emociones. Raúl Cagigas, sobre su silla de ruedas, cruzaba orgulloso la línea de meta. Él abría la serie de ovaciones para los de la ruta adaptada. Pero poco después, llegaba otro gran protagonista de la mañana. Jesús Herrero de la Herrán ganaba su tercera ultramaratón de El Soplao. La segunda consecutiva y además, en el día de su 28 cumpleaños. El año pasado, en la línea de meta le pidió matrimonio a su novia, Alba. Él es de los afortunados que tiene más motivos de orgullo que el resto en El Soplao. Parecía que no estaba ni cansado, porque se animó a cantar 'Viento del Norte' con el speaker. «Pero yo creo que es la última. Ya he ganado tres. Y es mucho sacrificio. El año que viene, no sé qué haré».

Pero los esfuerzos y las emociones no sólo están en el monte, trotando o pedaleando. También se sufre con la espera. Y sobre todo, tras una noche en vela siguiendo a un ser querido. Alejandra e Inés Gómez esperaban a Óscar Rivas, un camargués que estaba haciendo el Soplaoman. Alejandra es su cuñada e Inés, su esposa. «El año pasado acabó, pero en este sólo ha entrenado desde febrero».

La crueldad del 'Infierno Cántabro' sólo admite dos caras en la moneda. Orgullo o derrota. Los que entraban por el pórtico de meta a destiempo tenían, en la mayoría de los casos, heridas de guerra en el cuerpo. Pero sobre todo en el alma. Impresionaba ver el porrazo que se había pegado el coruñés Óscar Muñoz con su bici en su segundo Soplao. «Un chico que iba delante mío se ha caído y le he arrollado», relataba. Una costilla magullada, dos dedos averiados... Y un GPS con muy buena pinta también recibió lo suyo. Pero él estaba más preocupado por lo que le hubiese podido pasar a su compañero. Respiró más tranquilo cuando le dijeron que apenas tenía un golpe en una rodilla. Y agradecía las muchas muestras de cariño que recibía. «Tenéis una tierra fantástica. Ayer estuvimos en Liébana...», decía emocionado. «El año que viene, vuelvo».

Manuel González y Azara García abrían la puerta al reguero de maratonianos. Penitentes sobre 48 kilómetros. Al poco, entraba ese protagonista de primera hora de la mañana. Un Tino Zaballa que conseguía bajar de las 18 horas en el Soplaoman. Era ya bien pasado el mediodía cuando la 'Avenida' se iba poblando de historias. Iguales o más importantes que la de los ganadores. Inmaculada y Mercedes traían consigo a Mario, Pablo, Ainhoa, Sara y Alejandro. Chavales de entre 4 y 12 años. Habían hecho una de las rutas adaptadas, la de 9,6 kilómetros. «Queríamos que hiciesen esta ruta para que los niños vieran lo privilegiados que son en relación a otras personas», señalaban ambas. Lección de vida para unos futuros devotos del infierno. Mercedes Gutiérrez, una suancina de 69 años, también llegaba a la meta en medio de una gran ovación. «Lo he pasado muy bien. Hemos ido hasta Carrejo, Mazcuerras y vuelta. Por una cambera», señalaba. Su hijo Borja era quien empujaba la silla de ruedas.

Ese orgullo de un día como el de este sábado es, en muchos casos, compartido. La pequeña recta de meta es el lugar apropiado para que el pequeño de la casa pase a acompañar al padre o madre de turno. Nerea echaba una mirada de indisimulado orgullo a su padre, al castreño Xabier Landaburu. «Había hecho el Soplao en bici, pero una maratón nunca, en ningún sitio. Hoy –por ayer– es la primera. Y ha sido muy dura», señalaba entre jadeos. Pero la sonrisa de Nerea podía con todo el cansancio. Otros, que no tuvieron la fortuna de esa compañía inmediata, tenían que esperar un rato más para estar contentos. Samuel Martín vino de Aranda de Duero a correr la Ultramaratón. Apenas acertaba a hablar. «Ha sido muy dura. Brutal. Sobre todo al principio. No me esperaba que fuese tan técnica. Menos mal que cuando amanece todo se ve distinto». Había estado quince horas y media corriendo por el monte.

Joseba Albizu se convertía en el nombre que destacaba un poco sobre los demás. De Albizu, el corredor nacido en Azpeitia y que debutó como profesional en aquel Mercatone One de Mario Cipollini (después pasó al Euskatel, donde acabó su corta carrera profesional), fue la victoria en la carrera de bicicleta de montaña. La segunda, tras la conseguida en 2012. En Negreo dejó al ganador de 2017, Alberto Fernández. Esta vez se intercambiaron las posiciones, ya que Albizu fue segundo en el 'Infierno' del año pasado, por detrás del cántabro. «En el Negreo he sido un poco más fuerte», señalaba el ganador. Su compañero de fatigas resumía a la perfección el llamado 'espíritu del Soplao'. «Ha salido un buen día y hemos podido disfrutar todos. Esta todo perfecto para andar en bici de montaña». A media tarde, la bilbaína Meritxell Henares era la primera mujer en atravesar con su bici el arco de meta.

Pero desde hace once años –doce ediciones–, en El Soplao lo de menos es quien gane. En la línea de llegada hay mil historias y motivos diferentes para salir con una sonrisa de orgullo del Infierno. «Voy con gente de trail ¿Y quién no conoce El Soplao? Así que esta vez me animé a venir». Maite Gómez viajó desde Albacete para hacer una de las rutas a pie «por estos paisajes envidiables que tenéis en Cantabria». Gente de todas las comunidades españolas y de una veintena de países se dio este sábado un paseo por el corazón de una región que la primavera ha vestido de un verde perfecto. Los 10.000 del Soplao volvieron a demostrar que del Infierno se sale con una sonrisa de indisimulado orgullo. Y ayer, en Cabezón de la Sal, de esas hubo a miles. El año que viene, más.

 

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