Sin Alonso no hay paraíso o cómo la F1 en España cae en el síndrome Indurain

Sin Alonso no hay paraíso o cómo la F1 en España cae en el síndrome Indurain

La caída de público en el GP de España, con la peor asistencia desde 1999, confirma que la Fórmula 1 no pasa sus mejores momentos de popularidad, en plena negociación por su futuro

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

España es un país muy peculiar a la hora tratar el deporte. El fútbol fagocita todo lo demás, con pasiones encontradas, y cuando se refiere a otras disciplinas, especialmente en las que no son de equipo, se fija más en ídolos individuales y sólo si ganan. Pasó con el golf y Severiano Ballesteros, con el ciclismo y Miguel Indurain o Alberto Contador, pasa con Nadal y el tenis… Y últimamente con el bádminton y Carolina Marín o la natación y Mireia Belmonte.

Hasta hace no mucho, Fernando Alonso entraba en ese club. La Fórmula 1 nació mucho antes que él, pero en España no explotó hasta que el asturiano empezó a ganar carreras en el Gran Circo. En ese momento, primero TVE y sobre todo Telecinco y después LaSexta y Antena 3 contaban por millones los espectadores que atraían cada domingo para contar las andanzas del asturiano que luego se convirtió en bicampeón del mundo y la mayor leyenda española de este deporte.

Paralelamente, mucha gente empezó a considerar el fin de semana de mayo del GP de España como una oportunidad única de ver de cerca a su ídolo. A principios de los 2000, coincidiendo con el arranque del reinado de Ferrari y de Michael Schumacher pero paralelamente a la llegada de Alonso al cénit de su carrera, el público empezó a llenar las gradas de Montmeló como nunca antes se había producido. El hito se alcanzó en 2007, una temporada inolvidable para los aficionados al automovilismo y a lo que lo rodea, con un Alonso en una McLaren dominadora y que no logró el tercer título Mundial de su carrera por la presencia de Lewis Hamilton y los navajazos y traiciones que se produjeron en el equipo. Aquel año dejaría en un cuento de niños muchos capítulos de Juego de Tronos.

Lejos quedan aquellos años. Ese año, Montmeló estaba en lo más alto: durante todo el fin de semana acudieron al trazado barcelonés 354.700 espectadores, de los cuales 131.200 fueron el día de la carrera. Doce años después, y ya sin Alonso, aquello es un recuerdo muy grato para los organizadores de la carrera que saben que no se va a repetir. Los números cantan: el GP de España ya no es un evento deportivo al que asistir tan interesante como lo era antes. De aquellos más de 350.000 espectadores en los cuatro días de 2007 se ha pasado a 160.428 espectadores, de los que 87.511 han sido en carrera. Es el peor dato de asistencia a una carrera de Fórmula 1 en el Circuit de Barcelona-Catalunya desde 1999, cuando había dos pilotos españoles como Marc Gené y Pedro de la Rosa penando en la zona trasera de la parrilla.

Sin un Fernando Alonso ganador (las cifras de asistencia han ido cayendo año a año coincidiendo con el declive de resultados del piloto español), ir al GP de Fórmula 1 ya no está entre las preferencias de los aficionados. «2007 fue probablemente una anomalía. Todo Dios creyó que caería el tercero y aquello fue espectacular, no se cabía», recordaba Luis Fernández, un aficionado al automovilismo que lleva visitando Montmeló desde mucho antes de Alonso y que lo hará después, bien para ver Fórmula 1, bien para cualquier otra competición. Es sintomático que un aficionado 'hardcore' como él sea capaz de diagnosticar de manera tan clara y eficiente el problema: la Fórmula 1 interesa tanto en cuanto haya un piloto español ganador. Como ocurría con el golf, con el ciclismo o ahora con el bádminton. Es lo que se puede bautizar como el síndrome Indurain: hasta que no llegó Alberto Contador, el ciclismo sufrió un gran bache de interés tras la retirada del navarro que luego el pinteño recuperó.

El peor momento posible

Los datos preocupan, y mucho, a los responsables del trazado barcelonés. Vicenç Aguilera, presidente del Circuit de Barcelona-Catalunya, está en plenas negociaciones con Liberty Media para renovar el contrato del GP de España con la Fórmula 1, pero a día de hoy no hay nada asegurad. Cifran en un 90% las posibilidades de continuidad, pero ni desde un lado ni desde el otro se atreven a dar fechas acerca de la resolución del contrato. Carreras en las que el ganador se decide desde la salida no ayudan a que su seguimiento sea obligado, si bien el GP de España es uno de los pocos circuitos donde es raro que repita ganador de un año para otro… hasta que ha llegado Lewis Hamilton, que lleva tres consecutivos. El propio piloto británico admitía que había sido una carrera muy predecible y que eso no ayuda al espectáculo.

En la balanza en contra de la continuidad del GP de España también entra la situación política catalana, que el propio Aguilera admitía como un problema. «La situación política no ayuda. Aumenta la complejidad. Los presupuestos de la Generalitat no han sido aprobados y las partidas económicas no existen», señalaba en una entrevista a 'El Mundo'. Y es que en el fondo de todo el embrollo se encuentra el vil metal: si la carrera se hace sostenible por sí misma y menos dependiente de las subvenciones, cada año menores (Ada Colau recortó casi un millón en este 2019 con respecto a 2018 la ayuda que presta el ayuntamiento de Barcelona), el camino será más que fácil.

Carlos Sainz sería uno de los grandes perjudicados de la salida de España del calendario de la Fórmula 1. Una de las pocas zonas del Circuit donde no cabía un alma era la grada que él mismo organizó, con precios muy competitivos, para ayudar a los aficionados. El piloto de McLaren es consciente de la importancia de quedarse con parte de la afición que se subió al carro de Fernando Alonso, y por eso les cuida mucho, especialmente cuando se acerca su visita a Montmeló. Perder ese extra de motivación sería un duro varapalo para él.