Un extremo de los de verdad

Luis Echeveste realiza el saque de honor junto a sus nietos, el presidente honorífico del Racing, Tuto Sañudo, y el presidente del Real Unión. :/Javier Cotera
Luis Echeveste realiza el saque de honor junto a sus nietos, el presidente honorífico del Racing, Tuto Sañudo, y el presidente del Real Unión. : / Javier Cotera

Racing y Real Unión homenajean a Luis Echeveste, último superviviente del gran Racing de Alsúa y compañía

Aser Falagán
ASER FALAGÁNIrún

«Todavía voy a Santander. No tanto como antes -muchas veces visitó a su amigo Rafa Alsúa-, pero es que he ido bastante. La última vez cuando jugó el Sanse». Luis Echeveste utiliza a sus 89 años la antigua nomenclatura. En términos químicos, es más del sistema tradicional que del Stock. De los que dicen anhídrido carbónico y no óxido de carbono. Incluso se le desliza alguna referencia a 'el Santander' cuando se refiere al Racing. Es natural. Su presencia ayer sobre el césped de Gal evocaba tiempos heroicos y felices. Otras épocas y otras categorías, como el propio estadio junto a la frontera francesa, completamente remozado pero con muchas batallas sobre su césped. Ese mismo que la lluvia castigó sin piedad.

Luis Echeveste es más viejo que la Liga. Nació el 21 de abril de 1928, unos cuantos meses antes de que se pusiera en marcha la Primera División. Aunque nació en Rentería, ahora vive en Hondarribia, que en aquellas fechas se llamaba aún Fuenterrabía. Último superviviente del emblemático Racing de los cincuenta -al que el franquismo había afanado el nombre obligándole a rebautizarse como Real Santander-, se retiró a las puertas de la década de los sesenta en Gal, el mismo remozado estadio que ayer aprovechó la visita del Racing para que dos de sus equipos le rindieran pleitesía en una tarde en la que solo faltó la Real Sociedad.

El gran amigo del irundarra Alsúa salió al campo junto a sus hijos y nietos como testigo de la historia verdiblanca en el mismo estadio en el que el Racing perdió la Liga de 1931, en la que terminó subcampeón, y en el que se retiró el gran extremo izquierdo. A sus 89 años, con boina y en medio de la lluvia que castigaba el césped, recibió una camiseta del Racing de manos de su presidente de honor, Tuto Sañudo, otro histórico que debutó cinco lustros después de que el guipuzcoano abandonara los viejos Campos de Sport con destino a Atocha.

«Hay mucha gente de Santander y mucho ambiente», comentaba satisfecho antes de salir al campo con su característico acento guipuzcoano y bastante generoso con sus paisanos, puesto que la entrada no era la mejor. Y puestos a elegir, tiraba hacia el verdiblanco: «Yo Santander lo siento como mío. ¿Que qué prefiero? Que gane el Racing para que ascienda; eso es lo que quiero», confesaba sobre un equipo que en tres años le caló mucho. «Yo al Santander -o al Racing- lo siento como mío», evocaba trece lustros después de haber trotado la banda que ahora se corresponde con el Parque de Mesones, allí donde se oculta entre unos setos el pequeño banderín que señala el córner de los antiguos Campos de Sport.

«Cuando el Sanse jugó en Santander ya fui a dar una vuelta», explicaba solo una semana después de que el Racing se midiera al filial donostiarra; ese que ahora se llama Real Sociedad B. Su otro gran equipo, como le corresponde casi por genética en su condición de guipuzcoano. Aunque matiza su orgullo: «Yo me fui a la Real por Alsúa. Yo, por mi parte, no habría salido de Santander, pero me tuve que marchar por circunstancias muy concretas.

«Sería muy interesante volver a ver un Racing-Real Sociedad en Primera; volver a tener el equipo en Primera, que es lo que le corresponde a un club puntero como siempre fue el Racing», resumía antes de recibir el aplauso del público de Irún y de la delegación cántabra que ya le esperaba a su llegada al estadio, comenzando por el historiador del Racing y miembro de la Fundación José Manuel Holgado, uno de los promotores del recuerdo a uno de los jugadores que fraguaron entre el barro y el preciosismo la historia verdiblanca.