La primera victoria frente al Real Unión

Tuvo lugar el 21 de marzo de 1926 en los Campos de Sport, en la fase previa de los cuartos de Copa

Una formación racinguista en 1926. De izquierda a derecha, Gacituaga, Amós, Óscar, Raba, Naveda, Prieto, Hernández e Yllera. Agachados, Santiuste, Gómez Acebo y Torón. /DM .
Una formación racinguista en 1926. De izquierda a derecha, Gacituaga, Amós, Óscar, Raba, Naveda, Prieto, Hernández e Yllera. Agachados, Santiuste, Gómez Acebo y Torón. / DM .
Raúl Gómez Samperio
RAÚL GÓMEZ SAMPERIOSantander

La mayor parte de los enfrentamientos entre el Racing y el Real Unión están empañados por el tono amarillento que el paso del tiempo imprime al papel de las crónicas y las fotografías. Es lo que tienen los clubes añejos. Y aunque ambos equipos se han medido desde 1916 en partidos amistosos (que eran la mayoría de los que se celebraban antes de la intensidad del campeonato liguero), camino de Irún me entretengo en los primeros enfrentamientos de carácter oficial que midieron el potencial de cántabros y guipuzcoanos, en especial de la primera victoria racinguista que tuvo lugar en los Campos de Sport el 21 de marzo de 1926 durante la fase previa de los cuartos de final de la Copa.

Fueron 24 equipos los que participaron en la edición de 1926 de la Copa del Rey, equipos a los que se decidió reunir en ocho grupos de tres, cuyos respectivos campeones jugarían los cuartos de final. El criterio geográfico reunió al Racing con el campeón de Guipúzcoa, el Real Unión y el campeón de Vizcaya, el Athletic Club, con los que jugaría una liguilla a doble partido para disputarse la clasificación.

En el primer partido, el Racing perdió en Amute contra el Real Unión (2-1) y en el segundo recibió al Athletic y sólo pudo empatar (1-1). Aquel empate supuso para el Real Unión una noticia extraordinaria, ya que además de haber ganado al Racing, también había derrotado al Athletic en San Mamés por tres a uno y su clasificación parecía muy probable. Con la seguridad de que consiguiendo algún punto se clasificaría matemáticamente, el conjunto guipuzcoano saltó al terreno de El Sardinero el 21 de marzo. La defensa racinguista, compuesta por Santiuste y Naveda, frecuentó durante los primeros quince minutos la táctica de adelantarse para que los iruneses cayeran en la trampa del off side, pero no pudieron evitar que en la primera parte anotaran dos goles. Otra cosa sería la segunda mitad. Al regresar al campo, los jugadores racinguistas, vestidos con unas camisetas de color azul celeste, fueron abroncados por su público «y como si esas protestas fueran el latigazo que restallara en sus mejillas, los azules se lanzan al combate con una enorme cantidad de amor propio, con una valentía inigualada, con una movilidad y con una acometividad vistas en muy escasas y solemnes ocasiones». Así se expresaba el cronista Paco Montaner en El Pueblo Cántabro, mientras que El Diario Montañés resumía la actuación del equipo titulando: «La proeza de los cuatro goals del Racing en veinticinco minutos». El inicio de aquella proeza surgió de un remate de cabeza picado de Amós. Luego fue una jugada impulsiva de Óscar, que por el centro se deshizo de dos rivales y disparó cruzado para empatar. Se había cumplido el minuto 12 de la segunda parte y el Racing seguía contagiado de entusiasmo. En plena insistencia ofensiva, Ateca aprovechó el único hueco de la defensa para marcar el tres a dos. El delirio del público parecía insuperable, pero aún quedaba un cuarto gol del Racing. Fue Amós quien recorrió la banda, atrayendo a tres jugadores para evitar su escapada, mientras Óscar, desmarcado, le apoyó y le pidió la pelota. El goleador racinguista sacó un durísimo disparo que el meta Emery no pudo blocar, aprovechando el mismo Óscar el despeje para anotar el cuarto gol.

El Real Unión acortaría distancias en el marcador anotando el cuatro a tres con el que terminaría el encuentro, resucitando la emoción del grupo, aunque sólo pudo mantenerse una semana. Al equipo cántabro, dirigido por Patrick O'Connell, sólo le faltaba disputar el partido contra el Athletic, pero éste careció de interés. La semana anterior, el Real Unión Club había derrotado a los vizcaínos en Irún por cuatro a dos, clasificándose automáticamente. Los cántabros perdieron en San Mamés y contabilizaron tres puntos, como los bilbaínos, aunque con el honor de haber sido los únicos que derrotaron a los campeones de grupo en la que sería la primera victoria en competición oficial frente a los unionistas.

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