Buen estreno con aplausos atrasados

Buen estreno con aplausos atrasados
Javier Cotera

Los Nuevos Campos de Sport de El Sardinero cumplen hoy 30 años de historia y para ello, el club ha querido organizar el primer 'bolo' del verano

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

Con ganas de aplaudir. Es la mejor manera de empezar una temporada. Es probable que el racinguismo tuviera el stock lleno y el almacén hasta la bandera de aplausos porque la temporada pasada se los guardó casi todos. No se los mereció nadie. Quizás por eso el Racing salió enchufado desde el primer minuto, con la vergüenza torera que no se tuvo en primavera. Cuando las heridas no han cerrado bien, más vale curarlas cuanto antes y para eso hay que tomarse en serio cualquier ensayo, aunque sea con balas de fogueo. Todo esto lo sabe Iván Ania, que además de jugador de fútbol sabe preguntar. De lo que se enseñe la primera cita depende la continuidad de una relación. Por eso su equipo salió intenso y le quitó la brújula al Alavés en el primer cuarto de hora. Agarró la pelota, abrió el campo y se puso a correr. Para entonces, Enzo Lombardo había tirado un caño, César Díaz fallado un mano a mano y el público aplaudido un par de veces. Ania corrió ayer más en su banquillo que en algún partido en su época de futbolista.

Cuatro fichajes; Olaortua y Figueras, en defensa; Lombardo, en una banda, y Jon Ander, en la delantera, para empezar. Acompañando a los nuevos, otros cuatro del año pasado y tres de los chavales de casa. En la pizarra, 4-4-2 con la defensa en tres cuartos de campo. Y en la grada, aplausos. Reinaba tanto el buen rollo que hasta Quique Rivero se jugó un lanzamiento de falta con intención.

Ania con camisa ceñida, pantalón pitillo y una sudada de pretemporada;Abelardo, su colega en el otro banquillo, en bermudasde verano y pidiendo calma. Uno de Oviedo y otro de Gijón. La primera cita de ayer no era igual para el pretendiente a ganarse los aplausos de El Sardinero que para el forastero ocasional. En el campo la propuesta del primero desarboló a la de su rival;con Figueras y Olaortua tirando la línea bien arriba y sin complejos y con Lombardo y Musy pidiéndola pegaditos a la cal. De manual. Y en cada duelo, un grito desde la banda.

Ania vivió el partido con una intensidad tan grande que los de su banda se quedaron sordos. Las ganas por agradar a la 'novia' en el primer encuentro hicieron olvidar tantos malos recuerdos de principios de año. Emoción contagiosa. Y mientras tanto desdobles del lateral en banda, paredes en ataque y un puñado de gestos tácticos que arrancaron las miradas cómplices de los aficionados. El Racing, con lo puesto, se comió en la primera parte a un Alavés inapetente. La guinda casi la pone Jon Ander que en un remate de cabeza de los de siempre –salto, marcaje de los tiempos y testarazo– mandó el balón al larguero y el bote de la pelota a punto estuvo de requerir los servicios del VAR. Por el rival, por las ganas, intensidad y los detalles, notable alto.

Sin errores

El descanso sirvió para que el 'Pitu' cambiase a todo su equipo. Un amistoso. Sin embargo para Ania no lo era tanto y tan solo le dio relevo a Crespo, en portería, por Zárraga. La segunda plantilla de los vitorianos le hizo más daño a la primera del Racing; le intentó quitar el balón y le presionó con más maldad. Ania se dio un respiro y aprovechó el ensayo para probar lo que tiene. Les dio minutos a Pau Miguélez, Juanjo, Mario Soberón, Javi Cobo –todos de casa–, Jerín y Aitor Buñuel. El dibujo, innegociable, y la actitud, también. Siempre en las primeras citas se tiende a comparar con lo que se dejó atrás; el Racing de ayer perdía la pelota y peleaba por recuperarla. Un detalle de mucha importancia, de los que marcan la pauta. Ni más ni menos.

De la segunda hornada destacó Juanjo. El de Ontaneda la pidió, la bajó y la tocó. No le importó más. Para él también había aplausos reservados y terminaron corearon su nombre. Por su parte, Pau Miguélez desbordó y Jerín se fajó en el centro del campo. De los nuevos faltaba por enseñarse Aitor Buñuel, que con la experiencia de sus veinte años y el fútbol de Primera decidió correr para atrás más que para delante por si acaso. Era su primer día. Los conocidos cumplieron su rol con agrado en el primer capítulo de un libro con páginas en blanco. Y los canteranos también supieron ganarse el beneficio de la duda en un equipo a medio hacer.

En la segunda mitad faltaron ocasiones y se cometieron errores que le hicieron sudar mucho más a Ania. Su Racing enseñó sólo un registro. A sus dos líneas de cuatro bien juntas no les hizo falta cambiar el gesto. No hubo ni tiempo ni ocasión para jugar de otra manera. Ya habrá partidos. Del Alavés ni rastro. Desdibujado y superado.

El racinguismo está necesitado y el equipo en deuda. Hay tantas ganas contenidas que una carrera, un pase bien dado o un grito a tiempo desata la euforia en la grada. Es importante entrar con buen pie y por eso lo de ayer era más que un amistoso; era una petición en toda regla de olvido. El Racing no quiere empezar con lastre una temporada en la que es más importante contar lo que pasa que lo que ocurrió. Esa lección tan sencilla parece que ha puesto de acuerdo a todo el mundo.

Los amistosos sirven para testar el grado de implicación. La afición –al menos la que estuvo en El Sardinero– está en forma y el equipo enseñó muchas cosas que pueden servir. Optimismo.

 

Fotos

Vídeos