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«Siempre les digo que se tarda un poco más; así nadie protesta»

«Siempre les digo que se tarda un poco más; así nadie protesta»

Gelín, el ‘volante’ del Racing desde hace más de treinta años, asegura que en su hoja de servicios «hay alegrías, sustos , algún secreto y mucha gente buena»

Marcos Menocal
MARCOS MENOCALSantander

«Tendrá más de un millón de kilómetros», aventura mientras le da al contacto de su Mercedes para asegurarse del dato. «Estos motores aguantan más del doble», añade. Todos no, pero la gran mayoría de ellos llevan el nombre de José Ángel Cueto López (Santander, 1959), ‘el conductor del autobús del Racing’. Pasó de las tuercas y el buzo al volante. «Empecé de mecánico, pero a mi me gustaba conducir», señala desde una de las butacas de piel de la parte trasera. Cada una de ellas tiene enchufe individual, sonido independiente, conexión USB, además de baño, cuatro neveras, pantallas de televisión, cafetera y muchas más comodidades.Nada que ver con aquellos autocares azules y blancos de Pancho, «la empresa en la que empecé a trabajar y con la que hice mis primeros viajes con el Racing». De todo ello han pasado 36 años. Casi cuatro décadas de racinguismo nómada.

Al tiempo que se aprieta el nudo de la corbata del uniforme de ALSA, la firma que lleva al equipo de un lugar a otro, elogia a sus jefes. «Este ‘coche’ (así se dirige a su autocar) es casi en exclusiva para el club. Es una deferencia que tienen». A Gelín le gusta ser discreto, por eso «lo que pasa en el autobús aquí queda». Cuesta trabajo sacarle secretos, pero después de tantas horas de carretera se permite algún respiro. «Lo he pasado muy bien y he conocido a gente muy buena», agradece. Es un conductor de cantera, empezó con los chavales «llevando al juvenil y a los pequeños. Cuando Munitis, Colsa y todos estos eran juveniles» y pronto pasó al primer equipo.

Colsa, al maletero y música para las fieras

En su autocar no hay nada prohibido, tan solo una exigencia: respeto. Si acaso las Coca Colas que Marcelino se empeñó en cambiar por agua el año de la UEFA «No dejaba beber más que agua».El gas para otro día con el asturiano. Gelín casi se trae un día a Gonzalo Colsa en el maletero:«Menos mal que oímos los golpes y los gritos». Sonríe. Un desliz. Pero se le ilumina la cara cuando recuerda la música de la película ‘300’ retumbando en su autobús. «Fue de camino a San Mamés en aquella eliminatoria de Copa del Rey con el Athletic. Cuando decían eso de ¡Espartanos!». Fue iniciativa suya.Hasta Marcelino le permitió la licencia.Se salió del carril y aportó su granito de arena.

Su calendario laboral lo condiciona el fútbol. Sus viajes, sus jornadas dependen de cuándo y dónde juegue el equipo. «Ya es algo que lo tengo asumido.Me gusta y el Racing es el Racing...». No le importa; es más es su forma de vida: «Ojalá me jubile así, ¿con el Racing en Primera?». Le quedan tres años así que no hay mucho margen de error. Cada quince días recibe la llamada de Delfín Calzada, el delegado: «Me pregunta dónde podemos parar, dónde se puede comer... Cuánto se tarda». Esboza una pícara sonrisa al admitir que no dice del todo la verdad:«Siempre les digo que se tarda un poco mas. Así nadie protesta». Previsor.

«Llevo más de treinta años. Ojalá me pueda jubilar así, ¿con el Racing en Primera?»

Gelín las ha visto «de todos los colores». No se anima con una descripción detallada de las celebraciones más sonoras tras las victorias: «No, no recuerdo nada especial. Claro que ha habido buenos momentos...». Se ve que no quiere romper ese código de intimidad; el autobús es como el vestuario. Zona secreta. Sin embargo se suelta y comienza a rebobinar mas de treinta años de recuerdos. En junio de 1986, dos años después de haber cogido el volante del primer equipo llegó el fatídico accidente en Saltacaballo: «Veníamos de Sestao. Di la curva y me encontré dos camiones de frente. O de cara contra ellos o al barranco», lamenta. Su rostro se arruga. Casi tiembla. Cicatrices en las piernas. Gelín acabó ingresado en Madrid más de tres meses con fracturas en el cotilo de la cadera. Detrás de él viajaba Víctor Diego, otrora jugador y ahora vicepresidente. Su pierna se rompió y con ella parte de su prometedora carrera. «Ha sido el único accidente que hemos tenido. Gracias que lo contamos», sentencia. Aún mira de reojo cuando pasa camino de Bilbao.

«Me preguntan dónde se puede parar, para comer, para dormir. Organizamos el viaje días antes»

Ser el conductor del Racing es un oficio como el de un actor de cine, pero de especialista, de los que su nombre no sale en grande en los créditos. No puede faltar la dosis de peligrosidad. «La carretera es así; recuerdo un viaje de Madrid con Lucas Alcaraz de entrenador y una nevada enorme. Tardamos nueve horas en llegar a casa». Pero aquella es del cine en color, Gelín también las tiene en blanco y negro:«Una vez fuimos a Lugo, con Paquito y Saro de entrenadores; nos jugábamos el ascenso a Primera:Hubo que pintar el balón con betún... Pasamos respeto volviendo». ‘Perdieron’ 3-0 –Gelín es uno más– pero ‘ascendieron’. Aquella noche la expedición tuvo que dormir de camino y a la mañana siguiente... «Madre mía la que cayó. Mutiu era la primera vez que veía nevar». Había que ver al nigeriano haciendo bolas de nieve. Su trabajo incluye diálogo e interpretaciones; empatizar con mucha gente.«Con Ufarte echamos muchas parrafadas. Con Jabo Irureta también. Los autobuses de antes llevaban dos asientos al lado y era más fácil». Pero no sólo con entrenadores, también con jugadores: «Ami me impresionó la cercanía de Amavisca. También la de Setién», enumera con mucho respeto mientras e lamenta «a ver si les va a sentar mal a los demás. No quiero hacer distinciones».

«En Primera y en la UEFA viajaba en vacío el día antes¡Qué recuerdos con los gendarmes!»

No todo es coser y cantar, a Gelín la carretera le hizo pinar las orejas más de una vez «con sustos, es normal», pero también el fútbol propiamente dicho. El oficio también añade riesgo. «En Bilbao, el día de la Copa (2008) me llevaron a aparcar y pasamos por Pozas –la calle de los vinos–, me cayó de todo», recuerda. Escoltado, pero aún así temeroso. El autobús siempre es el primer reclamo para los enemigos de la calma. «En Madrid, el año del ascenso Jesús Gil calentó el partido diciendo que Setién era un pesetero y nos rompieron dos lunas». Allí, en mitad de la M-30 terminó parando. «Iba Santiago Díaz en el ‘coche’», recuerda. Porque con los presidentes también ha tenido bastante «buena relación». Sobre todo con «Cholo o Manolo Huerta, que eran muy cercanos». Del que no puede decir mucho es de Piterman. «Le gustaba salir el primero para que le vieran». Suficiente. Y otro día en San Sebastián: «Nos tiraron no sé qué y nos rompieron la luna. No se dio cuenta ni la policía». Miedo. «Y años antes también nos rompieron otra y en el viaje vinieron los rusos jugando a las cartas. No se enteraban ni del frío» Venían de Vallaldolid.

«En Bilbao el día de la Copa (2008) sentí miedo. Cuando me llevaron a aparcar me cayó de todo»

Admite «no haber llegado tarde nunca», al menos por su culpa. «Una vez la policía nos hizo dar una vuelta enorme para ir la Bernabéu y casi no llegamos al partido». Prisas. Pero Gelín recuerda tantos y tantos viajes de avanzadilla. «En Primera y en la UEFA; yo iba con José (utillero) un día antes vacío, con el material y luego iba al aeropuerto a recoger al equipo... ¡Qué tiempos! Con los gendarmes». Se pone nostálgico, pero guarda la compostura. Pura discreción. Ahora en Segunda B todo en más de andar por casa, aún así sigue teniendo cada quince días hormigueo.«Mi hijo es socio, en mi casa son racinguistas... Guardo camisetas que me han regalado». Algún privilegio tenía que tener. Gelín es el corresponsal aventajado, sus compañeros le usan de cronista. «Me preguntan nada más llegar, ¿qué tal jugaron?». Normal, no en vano nadie ha visto al Racing a domicilio más que él en los últimos 36 años. «Sufro cuando despiden a los entrenadores. O estos últimos años cuando la gente no cobraba. Me meto en su piel y sufro. Somos obreros. Pero tengo claro que el Racing jamás desaparecerá, porque es el Racing». Sin duda, convincente.