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La desgracia como forma de vida

La desgracia como forma de vida
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El Racing más flojo de lo que va de temporada vuelvea caer y agrava su imagen de impotencia y frustración | El Rayo Vallecano fue muy superior al equipo de Iván Ania, que acumula cinco jornadas sin ganar y sólo dos puntos de quince

Sergio Herrero
SERGIO HERRERO

Los partidos del Racing quizá los guioniza Tarantino. O tal vez es que al equipo cántabro le mola lo surrealista. Los verdiblancos, los del campo, los del banquillo y los de la grada se las prometían felices a eso del minuto 30, cuando el bisoño central Martín vio la segunda cartulina amarilla por una entrada sobre Sergio Ruiz. Una hora en superioridad. Un sueño. Pero cuatro minutos después, cuando la sonrisa todavía se estaba formando, el acelerado Nkaka tocó, por detrás, lo justo para derribar a Trejo en la frontal del área. Esa norma no escrita de la ley de la compensación hizo el resto. Otro caramelito de limón. El segundo. A la calle. Diez contra diez. Y hasta tuvo fortuna el conjunto cántabro, porque de la falta del belga, Embarba sacó un zapatazo que se estrelló en la cruceta de la meta de Luca.

Ambos equipos utilizaron el final de la primera mitad para asimilar todo lo sucedido y el nuevo escenario que se había abierto en el encuentro, pero sin abandonar los roles iniciales. El Rayo, con el balón y en campo rival, y el Racing, con el trasero metido en su área. A la espera del descanso para reorganizar lo reorganizable. Porque el Racing, un partido más con el monigote de inocente, inocente a la espalda, era un auténtico despropósito en cualquier aspecto del juego.

Visto lo visto, era el Racing el que debía cambiar algo, porque para el Rayo el diez para diez no sólo no le perjudicaba, sino que le dejaba aún más espacios para jugar a su aire. El equipo de Paco Jémez lo intentó nada más arrancar la segunda mitad con un durísimo disparo de libre indirecto de Bebé que hizo tronar la valla publicitaria de la izquierda de la meta racinguista. Y el propio jugador portugués, tras otro error grave en la salida de balón de los de Ania, fusiló a un Luca que se quitó de encima el balón como pudo.

Ni de penalti

Ania dio entrada a Yoda y Nuha en lugar de Cejudo y Barral, pero fue el VAR quien acudió en ayuda del conjunto cántabro. Luna, sin balón, tocó a Cayarga, que se trastabilló y cayó al suelo. El colegiado, tras consultar la pantallita indiscreta, señaló al punto de penalti. Yoda cogió la pelota. Qué la fuerza sea contigo. Pero no tanta, hombre. El francés echó el cuerpo atrás y la pelota se marchó al larguero. ¿Hay algo más que pueda hacer el Racing para ser más desgraciado?... Seguro que sí.

El Rayo Vallecano bajó de revoluciones y el Racing aprovechó esos momentos de asueto madrileño para dar alguna señal de vida. Hasta hizo gol, aunque fuese en fuera de juego. Una buena estrategia a la salida de un córner le llegó a Sergio Ruiz en el segundo palo, pero el astillerense, antes de marcar, se encontraba en posición adelantada. La respuesta franjirroja fue un zapatazo de Embarba desde la frontal que Luca mandó por encima del larguero.

Y el Racing volvió a convertirse en el pelele con el que el Rayo Vallecano quería jugar antes de irse a dormir. El equipo verdiblanco era absolutamente impotente. Sin el balón. Porque con el balón... Apenas lo tuvo. Así que Paco Jémez en el banquillo, viendo la exigua renta que tenía pese a su superioridad, le pegó una patada a un balón como si el resultado fuese en contra.

Hubo que conformarse con poquito. Una galopada de Sergio Ruiz terminó en un balón colgado al área que Mario Ortiz, en lugar de rematar, prolongó hacia la entrada de Nuha, que no pudo cabecear en boca de gol. La cara del delantero catalán era la perfecta muestra de lo que es el Racing después de cinco jornadas sin victoria y mil y una peripecias negativas. A cada cual peor. Impotencia, culpa, frustración, sufrimiento... Bebé estuvo a punto de castigar aún más la capacidad racinguista, pero su disparo tocó en Figueras y se marchó fuera. Pero la guinda de las catastróficas desdichas racinguistas llegó en el 94. Luca subió a rematar un córner. A la desesperada. El nudo de este microrrelato no importa. Bebé hizo el segundo. De mal en peor.