La montaña sanadora

La montaña sanadora

La Picota, en Cantabria, de solo 240 metros, me trae recuerdos del Kang Yatze de 6.300 entre el Himalaya de Nepal y el Karakórum

Pepín Román
PEPÍN ROMÁNSantander

Frente a mí, una de las mejores vistas del mundo. Estoy en la cumbre de mi montaña favorita: La Picota, 240 metros de altitud, en mi tierra, Cantabria, que de manera desinteresada protege mi casa de los fuertes temporales del invierno. Hoy, 17 de julio, las nubes que están formando tormentas me dan una impresión mucho más grande de esta montaña. Me recuerdan otra muy especial para mí de tan solo 6.000 metros más alta que está a unos 8.000 kilómetros de aquí. No soy bueno con las fechas, aniversarios y tampoco uso 'Google Calendar', pero de pura casualidad y contra todo pronóstico me acabo de dar cuenta que tal día como hoy hace dos años estaba en su cumbre. Así que hoy os hablaré del Kang Yatze.

Entre el Himalaya de Nepal y el Karakorum existe una depresión en las montañas, en Ladakh, India, uno de los últimos lugares del mundo donde aún es posible experimentar la esencia más pura del budismo y una de las residencias misteriosas del Dalai Lama.

Recuerdo la primera vez que vi el Kang Yatze en directo, estaba pasando una fuerte gastroenteritis unida a una infección respiratoria. Era un zombi y esta montaña parecía ser la dueña del increíble Valle de las Flores que durante días llevábamos recorriendo. Parecía decidir por él, era muy grande desde aquel lugar. Lo primero que pensé al verla fue desafiarla con mis esquís, quizá en aquel momento esquiar me ayudaría a liberarme de los males que estaba sufriendo. No lo sé, pero era como un alivio solo pensarlo. Ese año esquiamos, claro, y como si de una medicina milagrosa se tratara, se me pasó todo.

Esta otra vez, hace dos años, volvía a estar en su cumbre, pero acompañado por Nicolás Ardao, paisano asturiano, gran montañero, buen amigo y el mejor 'snowboarder' de montaña que conozco. Él subió en su 'splitblard' y yo en mis esquís. Era su primer gigante de 6.000 metros que iba a surfear. Yo ya tenía unas cuantas, pero la ilusión de afrontar esta nueva aventura era la misma.

Deslizarnos en una mole lejana, alta y solos implica muchos riesgos y exige un altísimo autocontrol. Desgraciadamente, en estos lugares no están nuestros buenos amigos de GREIM para venir a ayudarnos. El Kang Yatze (6.300 mts) tiene una enorme pala de nieve de entre 30 y 55 grados que permite el esquí en más de 1.000 mts de desnivel. La nieve primavera es la principal característica. Por la noche y a primera hora de la mañana está muy dura, helada y según sale el sol, sus rayos calientan y derriten su superficie, lo que hace que sea una nieve muy agradable para esquiar, similar a la de nuestros Picos de Europa en primavera o el Atlas, en Marruecos. Totalmente diferente a la difícil y compleja nieve en la que solemos esquiar a mas de 6.000 metros en otras zonas del mundo.

Aquí cada giro es una aventura, debes interpretar muy bien la nieve, su textura, brillo, formas, para saber en el lugar exacto donde girar y con qué fuerza hacerlo. Debes conocer bien la montaña, sus riesgos, pero sobre todo tienes que disfrutar. Vivir lo que para mí es el esquí de verdad, el que más me motiva y el que más me aporta, el esquí de compromiso en el que todo depende de ti, en el que tu propia confianza garantizará el éxito: disfrutar de la altitud, de lo salvaje, de que todo a tu alrededor esté dos mil metros más abajo y que, cuando paras a descansar en su pendiente de 50 grados, te hace sentir muy expuesto. Disfrutar de la compañía, de la sonrisa de tu compañero…

El esquí en el Himalaya, en opinión de quienes lo practicamos, es a día de hoy el maximo exponente del deslizamiento sobre una tabla o unos esquís y es uno de los sueños que muchos esquiadores de montaña buscan cumplir.

Pero todo esto no tendría sentido si solo nos interesase lo deportivo. A mí me aporta más lo social: enseñar a los más pequeños de aldeas a 4.000 y 5.000 metros que con unos esquís se pueden divertir, de qué trata este deporte y de que no es necesario que los esquís sean malos o tengan más o menos colores llamativos. De lo que se trata es de resbalar por la nieve y divertirse. Si con lograr sonrisas en los neveros es suficiente, nuestra aventura habrá sido un éxito y, así, sus ratos libres se volverán más entretenidos.. Quién sabe, quizás algún día sean ellos los que esquíen sus montañas.

El Kang Yatze, el Ladakh, el Himalaya, la India, Nepal o Pakistán solo son nombres que atraen por las montañas, por la actividad, por la búsqueda de retos, pero que terminan enamorándote por sus gentes, por por su cultura, por su religion y por la vida que tienen de felicidad plena sin bienes materiales. Esto es lo que realmente me atrae a regresar a estos lugares todos los años: la vida en su expresión más simple.

Hasta la proxima amigos. No tardaré en contar más aventuras. Prometido.