«La música hace a los niños más listos y a los mayores mejores personas»

El percusionista cántabro Yeyo Pilatti ha desarrollado toda su trayectoría profesional con las baquetas en las manos. Su historia retrata la evolución musical de Cantabria durante las últimas décadas

Centrado en el jazz, Pilatti compagina su labor de músico con la docencia de la percusión en Cantabria. /María Gil Lastra
Centrado en el jazz, Pilatti compagina su labor de músico con la docencia de la percusión en Cantabria. / María Gil Lastra
Álvaro G. Polavieja
ÁLVARO G. POLAVIEJASantander

Festival de Jazz de San Sebastián. Década de los 70. Se celebra una jam session. Acceder cuesta 25 pesetas. Eran otros tiempos. Un joven cántabro que roza la veintena las paga para disfrutar de varios maestros de esa música impredecible que cada vez le cautiva más. En un momento dado se sitúa tras el batería y, cuando éste alza los brazos al finalizar un tema, le arrebata las baquetas. El músico le mira con reproche, pero él acaba sentado en la banqueta. Lleva años practicando sin más guías que sus ganas y su intuición. Al final toca tres temas y, al acabar, el público estalla en aplausos. En ese momento, Yeyo Pilatti, que todavía no es uno de los bateristas cántabros de referencia que acabará siendo, decide que va a dedicar su vida a la música y, en concreto, a ese instrumento.

La trayectoria musical y profesional de Yeyo Pilatti (Los Corrales de Buelna, 1956) equivale a un recorrido minucioso y comprometido por la evolución de la música moderna en Cantabria y en España en las últimas cuatro décadas. Grupos de rock, de blues, de jazz. Madrid, Valencia, Cataluña, Canarias. La vida sobre el escenario, contactando en ocasiones con auténticas referencias de culto: Paco de Lucía, Juan Carlos Calderón, Carles Benavent, Bloque... Trabajos en diferentes orquestas para ganarse la vida como músico, que nunca es fácil. Y también, con el tiempo, docencia en varios formatos y distintos niveles para consolidar la cantera de músicos de Cantabria. Actualmente ejerce en la Escuela Municipal de Música de Los Corrales de Buelna y en la academia Aula de Ritmo Drums.

–¿Cuándo y por qué decidió dedicarse a la música y, en concreto, a la percusión?

–Desde muy pequeño ya se respiraba en casa un ambiente musical. Mis tíos y antes mi abuelo materno tocaban, uno el acordeón, otros la batería. Cuando tenía ocho años cualquier artilugio servía para improvisar una: tenedores sobre los platos o pequeños palos de avellano sobre un sofá... A los diez años mi arsenal percusivo incluía bongós, triángulos, panderetas, cajas rumberas y muchos vinilos. La batería se me resistió hasta que pude comprarla a plazos; en aquellos tiempos era un artículo de lujo. En 1970 descubrí el jazz y con catorce años me enfoqué en una dirección concreta y prematura para los adolescentes de mi edad. Me gustaba la música que no entendía y decidí que tenía que estudiar lenguaje musical y escuchar con mucha atención a los bateristas para conseguir tocar todos los estilos posibles con una visión afroamericana. El problema fue que en los conservatorios no existía esa modalidad formativa, así que tuve que aprender de forma autodidacta, contando sólo en ocasiones con la ayuda de músicos como el profesor Basilio Gomarín, un entrañable trompetista que me aconsejó muy bien. Ahí comenzó una carrera profesional enfocada a la música que ya no tuvo retorno.

«Mi corazón tiraba a crear mi propia música, pero la cartera me decía que la seguridad estaba en la comercial» vivir de la música

–¿Qué le ha aportado la música en todos estos años?

–La mayor aportación que me ha dado es la libertad, el aprender a ser respetuoso con los compañeros de trabajo para poder asimilar con paciencia las ideas de otros colegas en sus composiciones, buscando con sutileza cualquier idea rítmica, fuese copiada o creada. En la música es fundamental tocar con muchos músicos porque siempre aprendes mucho de los demás.

–¿Qué requisitos o habilidades se requieren para llegar a ser un buen batería?

–Para ser un batería profesional, o luchar para serlo, no solo se requiere técnica y talento: es muy importante el oído, la sensiblidad para saber escuchar todos los instrumentos aportando un buen tempo, aceptar siempre que eres la base. A partir de ahí puede surgir la creatividad y la belleza dentro de unos cánones técnicos. En el caso de los bateristas siempre cabe el peligro de dejarte llevar por el lirismo del propio tema, de 'sobre tocar'. Cuando hablamos de música creativa, la que te permite improvisar dentro del propio tema, eso es algo que se va logrando poco a poco y cometiendo errores en directo. Por eso insisto en que saber escuchar a tus compañeros es fundamental para lograr ese momento único que llegue al corazón del oyente.

–¿Cuál ha sido en líneas generales su trayectoria profesional como músico?

–Mi trayectoria musical siempre ha estado expuesta a vaivenes económicos; cuando mi corazón me llevaba a crear música con diversos músicos y amigos, mi cartera me decía que la seguridad del momento estaba en la música comercial. El mundo que viví con varias orquestas de baile me ayudó a entender otras músicas que no me atraían, pero que se convirtieron en una fuente de enriquecimiento técnico. Lo peor de esa faceta fue sin duda la capacidad hortera que tenían algunos de sus componentes para llorar de emoción con las más aberrantes canciones de ultratumba carpetovetónica. Si a aquello le sumamos la picaresca que siempre ha existido hacia los músicos, el triunfo de los representantes y la insistente puesta en escena de circos andantes, se puede entender que muchos de ellos escaparan rápidamente de esa escena...

1. Yeyo Pilatti fue acompañante de Bloque, uno de los grupos de referencia del rock cántabro. | 2. Pilatti formó parte de Gato, otro grupo de rock de referencia en la región. | 3. El batería cántabro practicando en su acadeia. / 1 y 2. Yeyo Pilatti | 3. María Gil Lastra

–Ha recorrido España con la música a cuestas, y también persiguiéndola...

–Sí, he dado unas cuantas vueltas... (risas) En 1974 me fui a vivir a Madrid y allí conocí a muchos músicos. Mis mejores recuerdos son sin duda de clubs de jazz como el Balboa Jazz y El Whisky Jazz Club; allí pude escuchar en directo a muchos de los grandes del jazz americano, y a notables como Tete Montoliú, Pedro Iturralde o Juan Carlos Calderón, entre otros. Después tuve que hacer el servicio militar en La Laguna, y en aquel par de años me dio tiempo a entender la gran influencia del jazz latino y de la salsa que había por aquellas tierras. Durante la época de la Transición y la crisis, entre los años 70 y 80, tuve mucho contacto con la vida musical cántabra. Grupos como Aqua, San Luís 5, Trasgo, Miércoles, Gato, Bloque o Ibio, que fueron referente en una transición lenta que nos sirvió para conocer el genial momento musical que vivió este país. Fue entonces cuando surgieron los primeros festivales y conciertos de rock y jazz en España. Después también estuve en Valencia, antes de regresar a Cantabria. Durante aquella época conocí la música de Miles Davis, Steps Ahead, Tito Puente, Celia Cruz o del gran Buddy Rich, eran regalos con los que podía disfrutar en aquella tierra con una extraordinaria cultura de músicos.

–¿Cómo se inició en el campo de la docencia?

–En 1990 me di cuenta que podía ser útil en el campo de la enseñanza y comencé a dar clases particulares; en aquella época estuve trabajando en la academia de música Vargas 47 en Santander. Más adelante, y compaginándolo con el trabajo en orquestas, volví a dar clases en sitios como Aula de Ritmo Drums. También realicé diferentes colaboraciones con la Escuela Cántabra de Guitarra, con cuyo director, Quiu Herrero, he trabajado en actividades tanto didácticas como musicales en el Aula de Cultura de Caja Cantabria en Santander. Creo que conocer la historia y evolución de la música contemporánea es muy importante para conocer tu presente. Un gran ejemplo de ello fue el exito de los conciertos dididácticos que efectuamos en su día para todos los colegios de Cantabria. Los profesores de los centros me transmitían lo interesante y divertido que resultaban aquellas actividades que realizábamos con unos músicos cántabros maravillosos. De entre ellos guardo un especial recuerdo de Manuel Pérez, saxofonista que aunque fallecido hace un tiempo aún le tenemos en la retina. Hace poco murió víctima de accidente Francisco Javier García Tazón, un buen bajista del grupo Bloque; el vacío que deja es profundo, le recuerdo con nostalgia ya que fue compañero de viaje en Valencia. Murió tocando todos los días el bajo y aprendiendo siempre. En mi caso, hablando de formación y volviendo al presente, actualmente doy clases en la Escuela Municipal de Música de Los Corrales y en mi academia Aula de Ritmo Drums en Santander.

«Cuando empecé no había formación de jazz en los conservatorios» formación

–¿Cómo valora la cantera de músicos, especialmente de bateristas, en Cantabria?

–El nivel musical en Cantabria es variado y alto. Actualmente la batería goza de excelente salud y tenemos una gran muestra de representantes en nuestra tierra. No voy a nombrar a nadie en concreto porque me dejaría gente y no lo deseo, pero sí tengo que mencionar el caso único de nuestro querido Ito Luna, un gran profesor de batería y un músico ejemplar que sigue tocando con setenta y dos años. Se merece un homenaje.

–¿Cree que los estilos de música que le caracterizan reciben el suficiente apoyo en Cantabria?

–Creo que está claro que vamos a la cola. Las programaciones que se hacen van dirigidas a una masa que mueve dinero y rara vez se enfocan a las formaciones más cultas musicalmente. La pregunta que me hago es: ¿la música moderna, compleja y culta, puede divertir? Claro que sí. Falta música en directo de calidad y que los empresarios apuesten por ella.

–¿Cuáles son sus grupos de referencia?

–Grupos favoritos tengo una inmensidad. Desde Yes, Led Zeppelin, Cactus o Jethro Tull en mi juventud a Weather Report o Chick Corea, por decir algunos. Ahora estoy muy motivado con la actualidad en New Orleans, creo que saben sacar oro de sus tradiciones, tienen unos grupos y festivales únicos. Galactic, Naughty Professor, Bonerama Band o Trombon Shorty son buenos ejemplos de ello.

–¿Por qué cree que es importante la música?

–La música es un bálsamo para todo y para todos, y por eso es fundamental atreverte a escuchar cosas diferentes. La música es importante para el aprendizaje global, son matemáticas bien aprendidas. A los niños les hacen más listos y a los mayores mejores personas. La música nos calma, nos hace reír, llorar, saltar y gritar. Las buenas sociedades tienen buena música en su vida.

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