«La cultura no puede salir a la calle sólo en las grandes ocasiones»

La cantante Gema Martínez, embarcada en su tercer proyecto, La Mala Hierba, dio el salto desde el ámbito amateur y se han consolidado como una de las voces de referencia en Cantabria

Gema Martínez, cantante y compositora cántabra./Sane
Gema Martínez, cantante y compositora cántabra. / Sane
Álvaro G. Polavieja
ÁLVARO G. POLAVIEJASantander

Cuando era pequeña, la música la atrapó como atrapan las abuelas a sus nietos en el parque de turno: al vuelo. Fueron ellas, sus abuelas, quienes le inculcaron su pasión, la una por el flamenco, la otra por la música tradicional española, aunque tardó bastante en subirse por primera vez a un escenario. Cuando lo hizo, la cantante y compositora cántabra Gema Martínez (Santander, 1975) descubrió que aquel era su sitio. Tres proyectos, varios discos y muchos conciertos después, sigue viviendo la música con una pasión desbordante. Tras The Spanish Peasant y Joe Ventisca & The Huckelberries, ahora afronta su reto más ambicioso e intimista, La Mala Hierba'.

-Cantante, compositora y maestra. Su vida destila música. ¿Desde cuándo? ¿Cómo se decantó por ella?

-En mi caso no lo considero una vocación al uso, porque no es que quisiera ser cantante desde pequeña. Sí es verdad que en mi casa la música siempre ha estado muy presente desde mis abuelas; una cantaba y la otra era muy musical, mi padre... Pero realmente creo que me encuentré con la música como me podía haber encontrado con cualquier otra forma de expresión. Creo que lo que necesito es expresar cosas, y he tenido la suerte de que la vida me ha puesto en contacto con músicos y gente que se dedicaba a ello, y poco a poco me fui atreviendo, aunque han tenido que tirar bastante de mi. Tardé mucho en quitarme los miedos y la sensación constante de estar ahí un poco como de prestado. Lo que al principio era un juego se convierte de repente en salir a un escenario en el que tienes una responsabilidad, y eso me pesaba mucho. Me pasé mucho tiempo sintiendo que tenía que pedir permiso para estar ahí. Me había generado tanta admiración y respeto durante tantos años que verme de pronto en el escenario era algo complicado. Lo que pasa es que todos esos miedos se compensaban por el disfrute absoluto que para mi suponía estar de pronto en una banda, ver cómo se construyen canciones a partir de idea mínima... Y luego está el vértigo del escenario, que es brutal y que a día de hoy todavía hay veces que lo paso muy mal, pero sólo hasta que han pasado tres segundos... Ahí ya hay una adrenalina, algo que no sé explicar, algo mágico que compensa todo lo demás.

-La música es un concepto muy amplio. ¿Con qué estilos se identifica más?

-Me cuesta decantarme por determinados estilos. Entiendo esa necesidad de poner etiquetas pero soy muy ecléctica, también porque es lo que he vivido desde pequeña en un entorno muy musical. Si miro lo que más ha sonado en mi casa me encuentro con el flamenco, y luego con mi abuela escuchaba copla, bolero y zarzuela. Y ya de mayor tú vas descubriendo nuevos estilos; te encuentras con el grunge y ves que transmite lo mismo que tú sientes. Estoy muy abierta a los estilos. Para mi la letras, las letras, son un pilar importante de lo que a mi me llega de la música, así que quizás mis estilos van por aquellos en los que las letras tienen un peso importante. Si tuviera que salvar algún disco seguramente sería de flamenco. En los últimos años he descubierto el jazz y a través del swim también me está fascinando. Ahora mismo estoy llegando también a la música electrónica, que me gusta mucho, pero ninguno de esos está dentro de lo que hago, que es más música folk americana, y el swing de Nueva Orleans, el blues... A mi, en el fondo, lo que me gusta es la buena música (risas).

-Porque para usted la música es...

-Muchas cosas. Es una forma de comunicación y de expresión, que además está vinculada al ser humano desde la Prehistoria. No sé muy bien por qué eso nos acompaña siempre, creo que es porque forma parte de nuestra naturaleza. En mi caso encuentro belleza, una forma de comunicación capaz de trascender la palabra y... Bueno, no sé si llamarlo terapia... Es mi patio de recreo, el lugar donde conservo las posibilidades de estar haciendo algo no necesariamente productivo, no necesariamente eficaz, sino el dedicarte a algo porque te genera bienestar. Como espectadora me gusta muchísimo escuchar música en directo de múltiples estilos, es algo un poco medicinal.

-¿Cómo comenzó su trayectoria como cantante?

-En mi caso es definitivo 'The Spanish Peasant', y quizás no tanto en un escenario, sino pues la primera vez que pasé horas en el local de ensayo y descubrí que aquello era maravilloso. Con cuatro acordes y una melodía de voz, luego se incluye una melodía de violín... Cuando descubrí aquello sentí que era algo en lo que yo me quería quedar. En escenarios ha habido cosas muy chulas con 'The Spanish Peasant', y muy arriesgadas también: la primera vez que tocamos en Madrid, los conciertos del Rubicón en Santander, de los que siempre salgo emocionada a pesar de ser un sitio que me pone muy nerviosa porque es un lugar al que van muchos músicos y gente que disfruta y que entiende mucho de música, y eso siempre genera un punto de presión.

-No contenta con uno, se sumó a un segundo proyecto, 'Joe Ventisca & The Huckelberries'.

-Sí, hace tres años, Javi (guitarrista) y yo siempre escuchamos mucha música que tiene que ver con el swingg, con el blues de Nueva Orleans, un blues más de raíz, y empezamos a darle vueltas a por qué no intentar juntar una formación que se centrara en ese tipo de música. Como a mi me gusta también mucho escribir inventé un personaje, que es Joe Ventisca, y todo su recorrido por el delta del Missisipi, donde se iba encontrando con los Huckelberries... Creamos todo un imaginario sobre la base del de Mark Twain, que a mi me fascina como autor, y ahí, tendiendo muy claro hacia dónde queríamos dirigirnos estilísticamente, nos unimos con otro músicos. En este proyecto vamos todos caracterizados como si fueran los años 30, y cada uno tiene un personaje dentro de la banda. Es algo puramente festivo y divertido. Una cosa especial que hemos hecho en este proyecto es adaptar algunas de las versiones que hacemos a través de algo de 'arqueología musical'; nos dimos cuenta de que en todo este repertorio de los años 20 a los años 40 en la música popular americana las letras eran muy importantes, muy reivindicativas a veces, con mucho poder femenino, y nos daba pena que eso se perdiera. Así que hemos empezado a hacer adaptaciones de esos temas clásicos que hemos ido encontrando, que no son traducciones literales porque es prácticamente imposible, sino una adaptación al castellano partiendo del mismo tema, intentando mantener los 'gags' que tienen las canciones... Y eso también genera mucha cercanía con el público. Lo maravilloso de este grupo es que conectamos mucho con la gente, que disfruta y se lo pasa bien.

'La Mala Hierba' | 'Joe Ventisca & The Huckelberries' | The Spanish peasant / Javier Lostal | DM

-Actualmente ha lanzado su tercer proyecto, 'La MalaHierba', que por su enfoque y objetivos trasciende el ámbito musical. ¿Cómo explicaría esta nueva iniciativa?

-El proyecto de 'La Mala Hierba' ha surgido hace un año y medio. Empecé a escribir letras en 'The Spanish Peasant', primero en inglés y después en castellano, y me dí cuenta de que tengo cosas que necesito expresar desde lo artístico, así que también empecé a poner melodías de voz a esas letras. Hubo una primera composición que se llama precisamente 'La Mala Hierba', en la que Javi me ayudó a cerrar toda la armadura instrumental, y la sacamos el 8 de marzo por es una metáfora de que esas realidad que ha llevado a las mujeres desde hace siglos a expresar la necesidad de ocupar su espacio, ni más ni menos que el que nos corresponde. Y que por mucho que esa iniciativa feminista haya sido perseguida, denostada, criticada... va a estar ahí. Siempre lo ha estado. Si repasas la Historia, no siempre ha existido un movimiento como tal, es relativamente reciente, de un par de siglos atrás, pero siempre ha habido precursoras, siempre ha habido mujeres que buscaban su lugar. Es un reflejo de cuántas veces arrancas las malas hierbas y vuelven a salir y me gustaba la idea de que no se atienen a cánones, no tienen por qué ser bellas, no tienen por qué adornar un jardín. Están ahí y tienen una función muy clara. Todo este enfoque me da lugar a empezar a escribir desde ahí cosas que a mi me mueven, que necesito expresar, también cosas muy personales. Era una manera de llevar al ámbito artístico mi parte más activista. Estoy en 'Las Gildas', que es un colectivo de acción solidaria y feminista desde hace 15 años; pertenecí a la Comisión 8 de marzo... Así que en 'La Mala Hierba' me alío con Nico, que es un guitarrista y un músico increíble, y además amigo, le propongo esta historia y nos encontramos con que, aunque quizás a veces le llevo melodías o propuestas un poco extrañas, porque no soy músico, él se encarga de hacer toda la estructura por detrás y así acabamos teniendo ocho temas, versiones que nos apetece hacer con la premisa, buscamos que esas versiones también cuenten a la mujer de otra manera más allá de los márgenes del amor romántico o que vengan de mujeres que han trascendido. Por salirse de los márgenes que el género les marcaba, desde Chabela a adaptar poemas de Rosalía de Castro... Lo que tienen de bonito este proyecto es un encuentro con el público muy cercano y emocional. Me gusta meter textos o poemas de mujeres. Y lo último que estoy haciendo, para salir un poco de mi voz, es incorporar a otras mujeres muy diversas para encarnar esas voces de poetas y otras autoras. Y eso me encanta, que se vea esa diversidad, que se tenga conciencia de que es algo que viene de muchos lugares del planeta a lo largo de toda la Historia, y cuidando mucho la parte artística y musical. Además, una parte de los que sale de los conciertos la estamos dedicando a colaborar económicamente con colectivos que en Cantabria trabajan el feminismo, o trabajan con mujeres o para mujeres pero desde una perspectiva feminista. Eso me permite contar cómo desde mi óptica el feminismo es algo abierto, inclusivo, es algo que nos atañe a todos.

-Como maestra, ¿cómo valora la importancia de la música en los actuales planesde estudios?

-Como maestra creo que la música no tiene el peso que debería tener en la educación primaria, y además creo que está tan reducida en cuestión de horarios y con unos contenidos tan marcados académicamente que los maestros y las maestras de música hacen una labor increíble. Con tan poco tiempo, con la consideración tan liviana que tiene el área de música, y además siendo casi todos ellos apasionados de la música, en realidad muchas veces tienen que ceñirse a unos contenidos muy evaluables, al final. Y apasionar a los 'peques' con la música, sobre todo en la Primaria, las posibilidades se les quedan muy reducidas. Yo como maestra de Primaria intento que la música esté muy presente y trabajo para intentar que el alumnado escuche mucha música diferente y muchos estilos diferentes, porque si no ahora, mediáticamente, le llegan cosas muy estandarizadas, muy concretas, mainstream puro y duro. Lo que les llega desde la televisión, también desde las redes sociales, los videojuegos... A mi me gusta que puedan ver que la música puede ser muchas otras cosas que esos productos, desligarla un poco de esa idea que tienen de que la música es para bailar. No tienen otros canales por los que les llegue un planteamiento más amplio, y por eso a mi me gusta muchísimo trabajar canciones, ponerles temas en clase mientras estamos en plástica, unos días música clásica, otros rock, jazz... Entiendo que tienen que salir de los ritmos machacones del regetón, por ejemplo. Me gusta que la música esté muy presente porque les aporta códigos nuevos, diferentes lenguajes, trabaja la parte corporal... Cuando son tan pequeños hay que acompañarles y dirigirles mucho, tienes que explicarles el contexto y demás, pero les enriquece mucho.

-Como artista y creadora, ¿cómo ve la situación de la música en Cantabria? ¿Cómo cree que podría mejorarse la realidad de los músicos en nuestra comunidad?

-Yo tengo la sensación de que hay un potencial tremendo en una comunidad tan pequeña. Hay gente buenísima, preparadísima, y a las instituciones sólo habría que decirles que nos dejen tocar. Estoy a favor de que con los impuestos se apoye la cultura en cualquiera de sus disciplinas. Creo que debe haber subvenciones porque para eso también pagamos nuestros impuestos, y quiero que se apuntale y que se apoye desde ahí la cultura, pero no sólo puede ser eso: no puede ser que la cultura salga a la calle sólo en las fiestas, en lo festivo o en las grandes ocasiones. Creo que faltan espacios para tocar con dignidad. A niveles municipales creo que son muy pocos los ayuntamientos que apoyan realmente ofreciendo una infraestructura digna para tocar, y me refiero en todos los sentidos: un buen equipo, con una remuneración adecuada y unas condiciones claras y adecuadas. Muchas veces pasan cosas así, que te quieren pagar menos diciendo que te va a ver mucha gente. Y me duele muchísimo cuando viene del sector privado, pero me duele muchísimo más cuando viene de las instituciones. Me avergüenza, no es que me duela, me avergüenza mucho. Porque cuando hay ocasiones concretas sacan la cultura a la calle y se jactan de ello, pero es que eso no puede ser sólo una vez al año. Aquí hay infraestructuras brutales que están infrautilizadas... Pues que cedan esos espacios, que muevan a la gente. Sí que es verdad también que luego la gente se mueve poco a ver música, sobre todo si tiene que pagar, y aunque sea un precio muy pequeño, casi simbólico. Cuatro personas en el escenario con un montón de horas de trabajo detrás, con un montón de dinero invertido en instrumentos y equipos, y una paliza en esa jornada, y nos cuesta poner cinco euros... En ese sentido habría que fomentar algo de conciencia en el público, pero las instituciones deben actuar bien: que cedan espacios, que no les cueste poner equipos decentes para que esa banda que ha trabajado tanto suene como tiene que sonar, que contraten buenos técnicos... Porque a veces te encuentras en situaciones penosas, que te llevan a renunciar, a decirte que no quieres tocar así. Al final acabas diciendo que no a determinadas cosas por eso. Que es algo que te duele y te escuece porque es precisamente lo que quieres hacer, tocar, pero llega un punto en el que hay que poner límites, y no por ir de divo o diva, sino porque esto tiene un precio. Esto, la música, tiene un valor y tiene un precio, y como institución qué menos que apoyen la música y la cultura de una forma digna.

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