Fantasmas en la Maquinaria

De Vaughn: 'Da gracias por lo que tienes'

De Vaughn: 'Da gracias por lo que tienes'

'Be Thankful For What You Got' es una pieza realmente mágica, filosofía existencial esculpida en sonido hipnótico y persuasivo

Luis Avín
LUIS AVÍN

Consolidada a lo largo de décadas, la figura desdichada de los «one-hit wonders» describe a ese tipo de artistas que, con justicia o sin ella, disfrutaron de un momento fugaz de fama con una única canción, para quedar luego relegados a las notas a pie de página de la historia del pop, fagocitados por la entropía warholiana que parece regir la competición desde su mismísimo big bang.

El caso de nuestro protagonista de hoy, William De Vaughn, funcionario público en Washington empeñado en conseguir un contrato discográfico que le permitiera difundir sus reflexiones humanistas, entre el góspel y el r&b más jazzy, podría aparentar ser uno más de los que en aquellos primeros años setenta nutrían a las emisoras negras con una plétora de material genérico que a veces terminaba resultando en un éxito menor, otro fogonazo de gloria tramposa que desembocaba rápidamente en el regreso al consabido anonimato para su intérprete. Pero cuando De Vaughn finalmente logró atar –pagando de su bolsillo, por cierto- la ansiada sesión en los estudios Sigma de Filadelfia, llevaba debajo del brazo una composición destinada a convertirse, no solo en un single clásico que casi alcanzó los dos millones de ejemplares vendidos en la primavera de 1974, si no también en un himno absoluto cuya influencia se extendería en el tiempo, trascendiendo géneros y ayudando a definir toda una forma de concebir la música soul.

'Be Thankful For What You Got' era esa composición crucial, que el trabajo colectivo de unos músicos tan sabios e inspirados como MFSB (el guitarrista Bobby Eli describía aquella sesión como una de las más sencillas y directas de toda su carrera) convirtió en una pieza realmente mágica, filosofía existencial esculpida en sonido hipnótico y persuasivo, donde William –con sus deliciosos guiños a Curtis Mayfield- daba una lección de feeling que parecía anunciar a las claras el nacimiento de una genuina superestrella, un singer-songwriter que hablaba el lenguaje de su público, artista imprescindible con muchos éxitos por delante.

Por supuesto, eso no ocurrió: el álbum que De Vaughn grabó a remolque de tan espectacular debut pasó sin pena ni gloria por las listas, y el cantante terminó por abandonar el contrato obtenido con el sello Chelsea. Desilusionado de la industria, tardaría seis años en volver a pisar el estudio de grabación, con resultados comerciales aún más descorazonadores. Volvió a su antiguo trabajo gubernamental, manteniendo una discreta presencia en el circuito gospel de la costa Este, e incluso llegó a regrabar a la desesperada su antiguo hit, mientras el mundo se empeñaba en olvidarse de él y su honestísimo talento.

Pero las canciones tienen vida propia, es sabido, y esta obra maestra ha viajado sin limitación alguna durante estos años, versioneada, citada y re-utilizada de mil formas distintas: Jamaica la adoptó como suya desde el momento mismo de su difusión, con unos cuantos covers de muchos muchos quilates; sucesivas generaciones de productores del hip hop la han recontextualizado, entera o por trozos, sin robarle su dulcísima esencia; y la mayoría de vosotros la tendréis en la memoria como una de las cumbres de «Blue Lines», el primer album de Massive Attack, interpretada por la legendaria garganta de Horace Andy.

Al final, el mensaje y la intención de su autor han calado hondo y están tan vivos o más que en 1974, influyendo en nosotros con la calidez de una canción inmarchitable, necesaria, maravillosamente humana… Dudo mucho que, a estas alturas, De Vaughn sea para nada consciente del valor de lo que plasmó aquella velada en Sigma junto a John Davis, Vince Montana Jr., Norman Harris y demás compinches, pero la gratitud necesita expresarse con vehemencia y sin remilgos. Be thankful!

 

Fotos

Vídeos