El descalabro del PSOE andaluz, en clave nacional

Susana Díaz y Pedro Sánchez. /EP
Susana Díaz y Pedro Sánchez. / EP

La supuesta 'primera vuelta' de las elecciones generales que se ha celebrado en Andalucía deja un panorama inquietante para los partidos nacionales

LALIA GONZÁLEZ

La supuesta 'primera vuelta' de las elecciones generales que se ha celebrado en Andalucía deja un panorama inquietante para los partidos nacionales, si saben leer bien sus resultados, bien de verdad, no con esos argumentarios de cara a la galería. La aparición de Vox les reta a todos y habrá que ver si saben hacer frente a la ultraderecha como otros países europeos. La resistencia antifascista que se anuncia desde Podemos abre además un escenario de polarización que no puede ser más indeseable.

Habrá que analizar despacio qué ha pasado, pero la primera conclusión evidente es que nadie puede estar contento. Ni siquiera para Ciudadanos, que en este Sur ha subido como la espuma, puede darse por satisfecho. La meta era el 'sorpasso' y no se ha conseguido. Albert Rivera e Inés Arrimadas no han podido hacer más para convertirse en la segunda fuerza y no lo han logrado. Quizá consiga en los próximos días negociar un 'Borgen' con el PSOE para frenar a la ultraderecha, es decir, obtener la presidencia de la Junta, pero los hechos son los que son. No es menor cuestión la posibilidad de alineamiento con la extrema derecha andaluza, que daría al PP el papel prioritario de alternativa que quiere para sí.

En el PP nacional se debe respirar con alivio por no haber quedado como tercera fuerza, pero tampoco se debe olvidar que el voto popular ha registrado mínimos y que una parte de su espectro, la extrema derecha, se le ha ido a Vox, y para siempre. Casado puede estar cómodo en este escenario, pero alentar al nuevo partido irá indefectiblemente en su contra. No podrá, en cualquier caso, dar carpetazo a Juanma Moreno, si era su intención, y deberá manejar con cuidado los equilibrios internos en la formación. Con estos datos en Andalucía, difícilmente se gana la Moncloa si nos atenemos a las cuentas que hasta ahora se hacían, aunque el nuevo mapa de bloques políticos ya haya cambiado las cuentas.

Podemos nacional tiene ahora nueva baza para controlar a Teresa Rodríguez y los 'anticapi'. La formación andaluza ha funcionado por libre hasta ahora y ha desoído las instrucciones de Madrid. Si los morados confiaban en lograr buenas cifras en la Comunidad para poder recuperar terreno perdido, no va a ser. Habrá que ver si incluso las repercusiones tienen efecto en la alianza con Izquierda Unida, si es que aún queda algo de la antigua coalición.

Más complejo aún es el análisis de qué suponen estos resultados del 2D en clave PSOE. El descalabro andaluz, del gran granero de votos socialista, complica el panorama a Pedro Sánchez de cara a convocar las generales y crece la división dentro de su partido entre quienes quieren elecciones urgentes y quienes le animan a atrincherarse aún más. Pero también le avisa de que tiene que enderezar el rumbo. Está por ver si las alianzas nacionales de Sanchez han perjudicado aquí al PSOE, pero bastante se ha hablado en la campaña andaluza del conflicto catalán o el apoyo obtenido en la moción de censura por parte de los independentistas catalanes. También se aventura si los sanchistas van a abrir la caja de los truenos contra Díaz, incluso si se va a propiciar un relevo. La socialdemocracia española, que soñaba con recuperar terreno de manera sólida, se lo tiene que hacer mirar.

Y, en fin, los doce parlamentarios andaluces de Vox interpelan a todos los partidos. Andalucía no es la excepción, sino el avance de lo que viene. Hay que pensar despacio en cómo combatirlo. Mientras Merkel en Alemania ha combatido a sus ultras, aquí Casado parece abrazar ya a quienes reivindica, el franquismo, quieren acabar con las autonomías, con la ley de matrimonio homosexual, contra la de violencia de género, quienes rechazan a los inmigrantes, quienes reivindican el franquismo y cuestionan la democracia, en fin.

Si algo enseñan estas andaluzas al resto del país no es ya que el cambio del mapa político ha venido para quedarse, que es evidente, sino que hay que consolidar la cultura de pactos, que es algo que hasta ahora formaba parte del lado más hipócrita del discurso político. Es decir, todo el mundo anda en una exaltación del consenso, como tras una noche de farra, pero a la hora de la verdad nadie lo quería ni lo procuraba. Por eso más vale que los partidos dejen de decir '¡ni muert@!', o similar, ante la posibilidad de un pacto postelectoral, porque tendrán al fin que entenderse. También los ciudadanos deberemos perder el prejuicio, agitado por los propios políticos, de que votar a A es hacerlo a B. No sé si estamos preparados, ni unos ni otros, para ceder, transaccionar, renunciar a máximos, ser más posibilista, comprender las razones del otro, cuando lo que viene es precisamente lo contrario: la bronca ultra, el rechazo bruto de las más básicas normas de civilización, de los avances sociales, el azuzar los instintos primarios. La amenaza es muy cierta.

 

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