Bolsonaro encara el reto de levantar Brasil

Jair Bolsonaro. /AFP
Jair Bolsonaro. / AFP

A punto de asumir la presidencia, el líder conservador deberá lidiar con una profunda crisis económica

MARCELA VALENTEBuenos Aires (Argentina)

Si atenúa su discurso intolerante y logra dar impulso al débil crecimiento de la economía, el futuro presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que asume el cargo el 1 de enero, podría convertirse en el nuevo líder de la derecha latinoamericana. Una mayoría de brasileños se mantiene expectante ante esa posibilidad. No obstante, los desafíos son inmensos y las pistas que su entorno ha brindado hasta el momento no permiten despejar las incógnitas sobre el futuro inmediato.

La llegada al poder del brasileño encuentra a su par argentino, Mauricio Macri, en su peor momento, con una crisis económica que amenaza su proyecto de reelección. Peor ha sido la suerte del peruano Pedro Kuczynski, obligado a renunciar este año por un escándalo de corrupción. En este contexto, sobrevive el chileno Sebastián Piñera, que es capaz de llevarse bien con sus colegas de la región más allá de sus diferencias.

Pero dadas las dimensiones de Brasil, Bolsonaro debería ser el que esté en mejores condiciones de encabezar un eventual giro derechista latinoamericano. Para ello tendrá que templar sus intervenciones polémicas -que lo acercan al estilo impetuoso y colérico del estadounidense Donald Trump-, así como ensayar una retórica menos ofensiva hacia los gobiernos izquierdistas de Bolivia, Cuba, Nicaragua o Venezuela. Y reforzar lazos con los presidentes más cercanos desde el punto de vista ideológico como Macri, Piñera o el colombiano Iván Duque Marquez.

Lejos de esa diplomacia, Bolsonaro se jactó públicamente de no invitar a su investidura a presidentes de gobiernos «que violan las libertades de sus pueblos» y tampoco dio señales de querer profundizar la integración en el Mercosur o en la Unasur que ideó el expresidente Luiz Inacio 'Lula' da Silva para unir a Sudamérica. Por el contrario, le da la espalda a la región y prioriza el vínculo con Estados Unidos e Israel.

En el plano interno, los retos son múltiples. «Será un gobierno difícil», según él mismo anticipó el viernes pasado frente a su colega israelí Benyamin Netanyahu.

Después de dos años de recesión (2015-2016) la economía del gigante sudamericano creció apenas un 1% en 2017 y cerrará 2018 en torno al 1,3% de incremento del PIB. El nuevo Gobierno se propone lograr lo que no pudo el saliente Michel Temer: aprobar una reforma de las pensiones que permita reducir el gasto y achicar el déficit fiscal y el volumen de la deuda interna.

Brasil está además sufriendo un profundo deterioro social. Tras el período de expansión económica de los tres primeros gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) -cuando la pobreza y la indigencia se redujeron drásticamente- el proceso se revirtió. Desde 2014 la miseria está de nuevo en aumento y del casi pleno empleo se ha pasado a un nivel de paro del 11,6%.

El presidente del poderoso Banco Itaú, Alfredo Setúbal, sostiene que a partir de 2019 «Brasil podría crecer entre el 3% y el 4% anual». Pero aclara que para eso debería realizar una reforma tributaria y una de las pensiones. Esos temas están en la agenda del futuro ministro de Hacienda, Paulo Guedes. Pero las dificultades que enfrentó Temer para un consenso parlamentario en ese sentido no permiten ser optimistas.

Ajuste y privatizaciones

Bolsonaro no tendrá mayorías en el Congreso. Las renovadas cámaras ofrecen un escenario de fragmentación inédito. Una treintena de partidos en Diputados y una veintena en el Senado. Para obtener la sanción de medidas como la reforma de las pensiones, que exige una mayoría especial, se requiere una capacidad de negociación que hasta ahora el equipo de transición no ha demostrado.

El futuro presidente ha reconocido que no entiende de economía. Incluso ha admitido no ser el más capacitado para su cargo, pero confía en que «Dios capacita a los elegidos». Por su parte Guedes dice no ser un experto en política. Tampoco tiene experiencia en la gestión pública. Es un economista liberal que viene del sector privado.

Si bien no se conoce un plan económico específico se prevé una política de ajuste, apertura comercial y privatizaciones que podría atraer inversiones pero también ir en contra de la industria brasileña y el empleo. En cambio el oficialismo sí podría contar con un respaldo amplio del Congreso para adoptar medidas que permitan reducir la delincuencia, una demanda que cuenta con el apoyo mayoritario de la población.

Cuestionado por sus posturas homófobas, misóginas y racistas, Bolsonaro buscará satisfacer a sus votantes con una mayor libertad para portar armas e intentará bajar la edad de imputabilidad de los menores. Para compensar, podría evitar los comentarios machistas, de rechazo a la homosexualidad o irrespetuosos contra la población afrodescendiente y de pueblos originarios que le han generado serias críticas no solo en Brasil.

Michel Temer, a merced de la justicia

Acusado por la Fiscalía General por corrupción, organización criminal y lavado de dinero en al menos tres causas, el presidente de Brasil, Michel Temer, de 78 años, deberá enfrentarse a la justicia ordinaria a partir del mismo día 1 de enero de 2019, cuando entregue el mando a Jair Bolsonaro y pierda el fuero privilegiado.

Con récord de impopularidad para un mandatario que acaba su gestión, Temer fue acusado en dos causas graves de corrupción en 2017 pero el Congreso negó por mayoría la autorización para apartarlo del cargo e investigarlo. Este mes ha vuelto a ser imputado en una tercera investigación criminal.

Pero hay otros cinco casos en los que aparece involucrado. Si bien todavía no están configurados como denuncias, son asuntos que lo vinculan a su amigo el coronel Joao Baptista Lima Filho, que fue su socio en constructoras que obtuvieron contratos con el Estado desde los 80. Las denuncias de 2017 se basaron en el testimonio del empresario Joesley Batista, que grabó al mandatario en el garaje de su residencia cuando éste le recomendaba seguir pagando una cantidad al expresidente de la Cámara, Eduardo Cunha, preso por corrupción y que amenazaba con delatar a otros.

Sobre el encarcelado Lima, la Fiscalía descubrió que la esposa del coronel pagó con dinero 'vivo' una reforma realizada en la residencia de la hija de Temer. El presidente saliente era el 'vice' de Dilma Rouseff cuando se produjo su polémica destitución en 2016. Temer, aliado del Partido de los Trabajadores (PT), se había apartado de Rousseff y apoyó el juicio político en su contra. Una vez en el poder puso en marcha un programa neoliberal contrario al del PT y este año votó a Bolsonaro. Por eso, para el partido fundado por 'Lula' da Silva, el de Temer fue un gobierno «golpista», que conspiró contra Dilma.