Hungría expulsa la Universidad de Soros

Universidad Central Europea de Budapest. /AFP
Universidad Central Europea de Budapest. / AFP

Soros y su fundación filantrópica Open Society Foundation se ha convertido en un imán de teorías conspiratorias con la ayuda de Facebook

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

En la Hungría ocupada por los nazis, a los niños judíos como George Soros no se les permitía ir al colegio. La sombra de esos años negros ha vuelto a cruzarse en su vida con la decisión del gobierno húngaro de extrema derecha de expulsar la universidad que el inversor estadounidense estableció en su país de origen hace un cuarto de siglo, considerada una de las mejores del mundo.

A partir del año próximo la Universidad Central Europea (CEU, por sus siglas en inglés) se trasladará de Budapest a Viena, en lo que el rector Michael Ignatieff ha calificado de «un día negro para la libertad en Hungría», dijo ayer el ex político canadiense. El primer ministro húngaro, que llegó al poder con una agresiva política antiinmigración, le acusa de alentar la llegada masiva de inmigrantes y refugiados a Europa, aunque oficialmente ha encontrado un tecnicismo al que aferrarse.

Soros y su fundación filantrópica Open Society Foundation, a la que el multimillonario donó gran parte de su fortuna al traspasarle 18.000 millones de dólares, se ha convertido en un imán de teorías conspiratorias con la ayuda de Facebook. La semana pasada se supo que la plataforma contrató una empresa para difundir rumores contra el inversor de 88 años a raíz de sus críticas a Facebook en el World Economic Forum. En poco tiempo esas semillas han germinado el odio hasta ser atacado con un paquete bomba en octubre pasado.

El primer ministro húngaro Viktor Orban no necesitaba más incentivos para vilipendiarle. De hecho, diferentes medios aseguran que la Unión Europea le había advertido que expulsar a la Universidad Central Europea sería cruzar una línea roja que acaba de traspasar sin consecuencias. Muchos temen que no sea la única institución educativa de carácter progresista en tener que abandonar el país, sino solo la primera en ser expulsada «arbitrariamente», dijo su rector.

El líder húngaro ha hecho votos contra el orden internacional, para lo que no ha encontrado la resistencia que a la CEU le hubiera gustado ver. Tampoco el gobierno de Trump ha defendido apropiadamente a uno de sus más prominentes multimillonarios que se ha alineado sin fisuras con el Partido Demócrata, pero cuyas obras filantrópicas habían gozado de apoyo bipartidista en el Congreso. El nuevo embajador de Trump en el país David Cornstein, viejo amigo de Orban, asegura que trató de interceder por la universidad, pero nadie le ha creído. Ayer reconoció al Washington Post que no ofreció al gobierno de Orban, alabado en su día por el exasesor de Trump Stephen Bannon como «un héroe», ningún tipo de incentivos ni amenazas.

La campaña del gobierno húngaro contra esta universidad comenzó a principios del año pasado, cuando el Parlamento aprobó una legislación que requería a los centros escolares extranjeros tener programas académicos en sus países de origen. El de la CEU en Nueva York no le satisfizo y las manifestaciones de protesta por su decisión, aún menos. «El pueblo húngaro y toda la región serán los que pierdan con esta decisión, que carece de lógica», lamentó la universidad en un comunicado.

 

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