Trump abandona a sus aliados

Una bandera de Estados Unidos ante el Lincoln Memorial. /AFP
Una bandera de Estados Unidos ante el Lincoln Memorial. / AFP

El presidente de EE UU cambia de estrategia en Siria y Afganistán y repite la política de Obama de repliegue de sus tropas

MIKEL AYESTARANCorresponsal en Jerusalén (Israel)

Al llegar a la presidencia, Donald Trump prometió «empezar a ganar guerras de nuevo» tras la era de Barack Obama, marcada por la retirada total de fuerzas de Irak y parcial de Afganistán, y parece tener prisa por hacerlo. Quince años después de que George Bush se subiera a bordo del portaaviones Abraham Lincoln para enviar al mundo el mensaje de «misión cumplida» tras la II Guerra del Golfo, Trump sorprendió el miércoles al anunciar que «tras derrotar al ISIS» retirará a los 2.000 hombres que combatían junto a las fuerzas kurdas en el norte y noreste de Siria.

Para un cambio de estrategia tan importante no le hizo falta subir en un barco y optó por emplear las redes sociales. El siguiente tuit del empresario metido a político puede ser sobre Afganistán ya que, según adelantan algunos medios estadounidenses, planea la retirada de al menos la mitad de sus 14.000 hombres.

Erdogan, antes que los kurdos

El 12 de diciembre Recep Tayyip Erdogan anunció una nueva ofensiva al norte de Siria, la tercera, para alejar de su frontera a los combatientes kurdos de las Unidades de Protección Popular (YPG). El presidente turco perdió la paciencia y exigió el cumplimiento de la hoja de ruta pactada con Washington en mayo, que preveía incluso la creación de patrullas conjuntas de soldados estadounidenses y del país otomano al este del Éufrates.

La amenaza de ofensiva y una conversación telefónica fueron claves para que Trump ordenara la retirada de sus tropas y Erdogan se felicitó «con cierta prudencia» por la decisión, que también fue bien recibida por Irán y Rusia, que forman el trío de países con más peso en el conflicto. El dirigente islamista mostró su compromiso de «eliminar los residuos del EI», grupo que logró nutrirse de miles de voluntarios gracias a la apertura de la frontera por parte de las autoridades de Ankara, pero su auténtica obsesión no son los yihadistas, sino las milicias kurdas.

La YPG constituyen la columna vertebral de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), que encabezan la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI). Las YPG son también el brazo sirio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y Erdogan las considera una «organización terrorista separatista». El apoyo de Washington a éstos era uno de los principales puntos de fricción entre estos dos países aliados en la OTAN y a partir de ahora dejará de serlo, aunque los kurdos exigen a sus aliados que «cumplan sus compromisos» y les ayuden a «prevenir cualquier ataque y poner fin a las amenazas turcas», según repiten sus dirigentes en los últimos días.

Con este movimiento, Trump ha logrado sorprender a todos los actores implicados en Siria. Con 2.000 soldados, su presencia era simbólica, pero servía de garantía para unos aliados que quedan desprotegidos y anuncia al EI que ahora tendrá más capacidad operativa. Porque los yihadistas siguen activos y su líder, Abu Baker al-Bagdadi, en paradero desconocido.

Uno de los países vecinos que ha mostrado su inquietud es Israel, cuyo primer ministro, Benjamín Netanyahu, adelantó que su país «se protegerá» de la amenaza iraní tras la retirada estadounidense. El Ejército hebreo ha atacado objetivos en Siria en numerosas ocasiones desde el estallido de la guerra, ataques que normalmente no admiten de forma oficial y que estarían dirigidos a intereses de la república islámica, uno de los grandes aliados del presidente Bashar el-Asad.

Enésimo plan para Afganistán

El primer plan de Trump para vencer a los talibanes y obligarles a negociar ha durado apenas 15 meses. Su diseño fue obra del general de los Marines, James Mattis, quien recomendó el envío de más fuerza al país asiático. El presidente siguió su consejo, pero ahora parece haber cambiado de parecer y habría ordenado al Ejército que empiece la retirada de cerca de 7.000 militares en los próximos meses, según fuentes oficiales citadas por 'The New York Times'.

Ante la falta de respaldo por parte de Trump en los frentes sirio y afgano, Mattis anunció su dimisión como secretario de Defensa y en febrero dejará de ocupar este cargo. El argumento esgrimido ahora por los estadounidenses es la búsqueda de que Kabul «sea más dependiente de sus tropas». El presidente afgano, Ashraf Ghani, envió un mensaje de tranquilidad y aseguró que esta retirada «no afectará a nuestra seguridad porque en los últimos cuatro años y medio ésta ha estado por completo en manos afganas».

Las fuerzas internacionales llegaron a tener más de 100.000 hombres desplegados en todo el país como parte de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés) y sufrieron 3.500 bajas en los 13 años de misión. Ahora son 352.000 los militares y policías afganos quienes llevan el peso de la lucha contra la insurgencia, según cifras del Ministerio de Defensa del país, pero no pueden hacer frente a la amenaza de unos talibanes que, según declaraciones al canal Tolo del enviado especial de Estados Unidos al país, Zalmay Jalilzad, piensan que «primero deben sentarse con nosotros y luego con el Gobierno afgano» para poder alcanzar un acuerdo de paz.

 

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