May aprieta el acelerador para el 'plan b'

Theresa May. / Efe

La primera ministra británica busca un nuevo acuerdo que pueda convencer a la mayoría de los Comunes y sea aceptable para Bruselas Supera la moción de censura laborista por 19 votos e inicia conversaciones con el Parlamento

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal en Londres (Reino Unido)

Theresa May ha iniciado las conversaciones con unionistas norirlandeses para identificar modificaciones al Acuerdo de Salida de la Unión Europea, tras superar con su apoyo y el de los diputados de su partido la moción de censura presentada por los laboristas por 325 votos contra 306. La primera ministra anunciará el lunes los detalles de su nueva iniciativa para ganar una segunda votación del acuerdo, en cuya Declaración Política podría introducirse un compromiso con mantener una unión aduanera.

Tras la humillación de la víspera, cuando encajó la mayor derrota parlamentaria de un Gobierno británico sobre un asunto significativo, May no será forzada a unas elecciones generales inmediatas. El líder laborista, Jeremy Corbyn, ve su prioridad estratégica neutralizada, a pesar del apoyo de los independentistas escoceses, los liberal-demócratas y los nacionalistas galeses.

Corbyn ha argumentado que «por convención y precedentes, el Gobierno habría hecho lo correcto y dimitir». Pero, según el laborista, la ley de mandatos fijos de cinco años que introdujo el Gobierno de coalición de conservadores y liberal-demócratas- permite la caída del Ejecutivo sólo tras perder una moción de censura o el voto de dos tercios de la Cámara- «es usada ahora para sostener un Gobierno zombi», cuyo «pacto Frankenstein está muerto».

Un diputado del independentista Partido Nacional Escocés (SNP), Pete Wishart, interrumpió al laborista para preguntarle si su partido propondría la permanencia en la UE o el 'brexit' en caso de forzar con su moción unas elecciones generales. «Somos un partido democrático y nuestro partido decidirá», ha respondido Corbyn entre aspavientos de la Cámara.

La ambigüedad laborista ha sido también subrayada por May en su turno de réplica a la moción, pero para ella «convocar unas elecciones generales es lo peor que podríamos hacer». «Cuando necesitamos unidad, traerían división. Cuando necesitamos certeza, traerían caos. Traerían retrasos cuando necesitamos avanzar», dijo la líder conservadora.

Esa caracterización de los inconvenientes de las elecciones evocaba la oración de San Francisco, pronunciada por Margaret Thatcher tras su primera victoria, en 1979. «Donde hay discordia, que nosotros llevemos armonía. Donde hay error, que nosotros llevemos la verdad. Donde hay duda, que llevemos la fe...»-, pero May, con chaqueta de color azul real, el preferido de Thatcher, no es hoy dama de hierro.

De su predecesora quizás solo tiene la obstinación en el final de su década de mandato. May lo ha confirmado al avanzar las líneas de su diálogo con el Parlamento, que anunció inmediatamente después de conocerse la derrota extraordinaria del Acuerdo de Salida. No será la búsqueda de un entendimiento con los demás partidos del arco parlamentario, al menos en su primera fase.

Equilibros

May ha iniciado, en el Palacio de Werstminster, la conversación con el Partido Democrático Unionista (DUP), cuyos diez diputados la han sostenido hasta la emergencia en el acuerdo de la salvaguardia irlandesa que crea una diferente marco de regulaciones en Irlanda del Norte y que han votado hoy contra la moción laborista. Se oponen a cualquier acuerdo que contemple la salvaguarda.

Y tras sondear una vez más qué haría posible un voto unionista en favor del Acuerdo de Salida modificado, la primera ministra quiere retomar conversaciones con diputados laboristas que, por representar a circunscripciones en las que el 'out' ganó por amplia mayoría o por aceptar el 'brexit' o por evitar una salida sin acuerdo, estarían dispuestos a unirse al Gobierno en una segunda votación.

Medios británicos especulan sobre una aceptación por May en el curso del debate de la posibilidad de pedir a la UE la extensión del plazo de la negociación, que termina el 29 de marzo; pero simplemente ha afirmado que los socios europeos «sólo extenderán el Artículo 50 si está claro que hay un plan para avanzar» hacia el acuerdo. Quiere crear las bases para una negociación rápida antes de cursar la petición a Bruselas.

Es improbable que logre deserciones laboristas para neutralizar a los 117 diputados conservadores que votaron 'no' al acuerdo, uno más de los que votaron contra ella en diciembre cuando los 'brexiters' promovieron una moción de censura dentro de su partido. Esos disidentes quieren negociar con la UE tras salir en marzo, sin comprometerse a pagar 44.000 millones de euros a las arcas comunitarias y con la idea de pactar un acuerdo comercial como el firmado con Canadá.

Para hacer viable su nuevo plan, May tendría quizás que entenderse con Corbyn, que desea una unión aduanera permanente, que resolvería el problema de la salvaguarda irlandesa y rompería al Partido Conservador. La ministra que gestiona la agenda del Parlamento, Andrea Leadsom, partidaria de la salida sin acuerdo, ha descartado una negociación con el líder laborista, pero May ha confirmado tras ganar la moción que se entrevistará con los líderes de todos los partidos.

Sánchez asegura que Gibraltar «siempre será un problema, aunque constructivo»

S. Arroyo.- El 'brexit' priorizaba las agendas de los líderes europeos. Y Pedro Sánchez no dudó en abrir su intervención ante los europarlamentarios en Estrasburgo con este asunto. Lo hizo remarcando que lo que se pactó con Londres en la última semana de noviembre «es la opción que protege mejor los intereses y los derechos de ciudadanos y operadores económicos por lo que corresponde a Reino Unido -añadió- adoptar las decisiones oportunas sobre los pasos que va a dar». Ni un desliz en la tesis de la 'no renegociación'; en la línea de lo que ya la noche del martes expresó a través de las redes sociales.

Posteriormente, ya en una comparecencia ante los medios de comunicación en la sede parlamentaria, ahondaría en la incongruencia que supondría modificar el Acuerdo de Retirada «cuando estamos diciendo que es el mejor posible y el único posible, ¿para qué? ¿para tener otro peor?», aseveraba.

Gibraltar entró en el análisis cuando un periodista le cuestionó en inglés si el futuro del Peñón se convertiría de nuevo en un problema en la negociación de las próximas semanas en el supuesto de que se llegase a reabrir ese acuerdo. Sánchez amenazó hasta el último momento con vetar la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del 25 de noviembre, en la que se sellaron los pactos del 'brexit' que el martes tumbó la Cámara de los Comunes. Sánchez, también en inglés, respondió que Gibraltar «siempre es un problema» para Londres y Madrid independientemente de que exista acuerdo o no en el proceso de escisión abierto.

«Siempre será un problema para nuestros gobiernos, pero será un problema constructivo», aseguró antes de subrayar la relevancia de los cuatro protocolos vinculados al divorcio que, en caso de un 'brexit' sin acuerdo se mantendrían activos, al haber sido condicionados desde el primer momento de la negociación a las relaciones bilaterales entre los dos países. Ninguno podría avanzar más allá si los asuntos sobre la mesa afectasen al ámbito comunitario.

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