Casado, un joven conservador para recuperar el voto perdido

Pablo Casado./
Pablo Casado.

El nuevo presidente de la formación tiene el mérito de haber trabajado con los dos anteriores | Con su victoria, el PP recupera un discurso de centroderecha «desacomplejado»

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Quizá el almuerzo con el que Pablo Casado cerró el pasado jueves su campaña como candidato a la Presidencia del PP fue la última estocada a Soraya. La comida, que contó con la presencia de siete exministros de la etapa de Rajoy, quería dejar claro que el candidato 'aznarista' había logrado también el apoyo de una gran parte de los 'marianistas'. Sáenz de Santamaría, hasta hace poco compañera de todos ellos en el Ejecutivo de Rajoy, sólo pudo contraatacar con unas pizzas y unos refrescos en Génova al grito de «almuerzo de trabajo». Una y otra escena parecían augurar el resultado que finalmente ha tenido el Congreso extraordinario donde los populares elegían a su futuro líder.

Con la victoria de Casado, el PP recupera un discurso de centroderecha «desacomplejado» -no tiene reparos en situarse frontalmente contra el aborto y la eutanasia y defender el espíritu liberal-, el que durante todos estos días ha enarbolado este diputado por Ávila, nacido en Palencia, que debe gran parte de su carrera política a Madrid. Flamante presidente del PP, en su carrera hacia el cargo apostó por una renovación «tranquila y positiva» no dudó en apuntar que era el candidato que menos le gustaba a la izquierda y que más le preocupaba a Ciudadanos, así como en erigirse como la «única vía» que podía salvar al PP «de la fractura absoluta». Así lo han debido entender también los otros cuatro candidatos -María Dolores de Cospedal entre ellos- que, tras caer en la primera vuelta, ofrecieron todo su apoyo a Casado.

Llegó a la capital con apenas 18 años y, a sus 37 años, ha logrado convertirse en el sucesor de Rajoy. ¿La receta? Apostar por la ideología más conservadora para tratar de recuperar a los votantes desencantados que se han marchado a Ciudadanos y Vox. Vicesecretario general de Comunicación durante los últimos tres años, su cara, junto a la de Andrea Levy y Javier Maroto, se convirtió en la imagen de la renovación del PP hasta tal punto de competir en la franja del 'prime time' con las intervenciones de Albert Rivera y Pablo Iglesias. En muchas de ellas, dice, ha tenido que dar la cara «en las peores circunstancias». «He defendido la honorabilidad del partido frente a traidores que se habían lucrado a su costa y a los que ni siquiera conocía», afirma. En este sentido, asegura que en su proyecto «no va a caber la corrupción».

Pese a todo, la figura de Casado también se ha visto salpicada por asuntos turbios en torno a la consecución de sus títulos universitarios. En plena crisis del máster de Cifuentes, salio a la luz que el dirigente del PP había logrado completar un título similar simplemente presentado unos cuantos trabajos. Posteriormente, se desveló que había aprobado la mitad de la carrera de Derecho en tiempo récord. Él está convencido de que el caso no llegará a los tribunales -«Si tuviera alguna duda no me habría presentado a este congreso. Demasiadas explicaciones he dado ya», ha dicho-, sin embargo es de esperar que sus rivales políticos encuentren aquí un saco de munición.

Defensor la unidad de España, la libertad individual, la familia, la honestidad y las víctimas del terrorismo, sitúa su origen político en los días del impacto por el asesinato de Miguel Ángel Blanco y tras los atentados del 11-M. En esas fechas, con 23 años, decidió afiliarse al PP e iniciar su carrera política. Tiene el mérito de haber trabajado con tres destacados líderes del PP -Esperanza Aguirre, José María Aznar y Mariano Rajoy- sin crear suspicacias. Al contrario, fue siempre un 'niño bonito' alabado y admirado por todos.

Ha sido líder de Nuevas Generaciones en Madrid y diputado en la Asamblea de la misma comunidad. Acabada esta etapa, fue elegido por Aznar como su director de gabinete cuando ya estaba fuera de la Moncloa. Su relación con el expresidente siempre ha sido estrecha, hasta tal punto, que fue uno de los pocos rostros conocidos invitados a su boda. «Es mi referente político e ideológico», ha admitido en más de una ocasión. Los elogios han sido recíprocos. «Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que me renueve Casado, que es un tipo estupendo», reconoció Aznar en 2015. Aún con todo, ha negado que pretenda hacer revisionismo de la etapa de Rajoy al frente del Ejecutivo.

Tras el asunto del máster, todo apuntaba a que la carrera de Casado se iba a centrar en la Comunidad de Madrid, donde hace apenas un mes el PP le escogió para dirigir el comité electoral para 2019. Pero sus aspiraciones eran mayores. Con los pesos pesados del partido conservador todavía sin decidirse a participar en la carrera sucesoria, se situó en la línea de salida antes de que se pintara. Se presentó como el candidato de las bases y el que mejor expresa la renovación y el relevo generacional frente a la candidata del poder (Soraya Sáenz de Santamaría). Puede que ese último argumento sea el que ha hecho que los compromisarios finalmente se decidan por él.

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