Guarden los manuales electorales

Imagen del Congreso de los Diputados./EFE
Imagen del Congreso de los Diputados. / EFE
Narciso Michavila
NARCISO MICHAVILA

Desconfianza, aburrimiento e irritación son los tres sentimientos que, en mayor medida, provocan la política a los españoles. Y, seguramente, son estos tres sentimientos los que van a marcar buena parte de la previsible campaña electoral y los resultados que salgan de las urnas. No es de extrañar que tales instintos sean los designados por los electores si atendemos al entorno en el que nos movemos últimamente.

Y es que desde el año 2015 hasta hoy hemos tenido que acudir a las urnas en cinco ocasiones y, casi seguro, el 10 de noviembre volverán a llamarnos a ellas por sexta vez en cuatro años. La fragmentación, lejos de propiciar más pluralidad democrática, nos ha llevado, en los últimos tiempos, a un escenario de incapacidad de consensos y falta de grandes acuerdos de gobierno. Los hiperliderazgos han ganado la partida a la política.

Además, el empeoramiento de la situación económica, que parece no ocupar la agenda política actual, preocupa cada vez a más españoles: el 55% de los entrevistados por GAD3 considera que la situación económica es mala o muy mala. Por otra parte, la situación de polarización en Cataluña y su difícil solución, que se agravará aún más si cabe con la inminente llegada de la sentencia del 'procés', añade más ingredientes a ese cóctel sociológico.

Como consecuencia de todo este contexto político y social, el 10 de noviembre podríamos encontrarnos con un resultado electoral que no haya sido previsto en ningún manual de sociología electoral.

Ciertas son algunas de las premisas que podemos dar por buenas si la repetición se convierte en un hecho. La participación bajará como consecuencia del hastío y agotamiento que provoca este entorno. En este momento algo más de millón y medio de electores no acudirán esta vez a votar, según nuestras estimaciones de GAD3. Habrá una previsible y leve mejora de los resultados de los dos grandes partidos por efecto de la ley electoral que castiga la fragmentación, por la concentración de voto útil y a causa de la desafección de estos últimos tiempos. Además, el partido con mayor posibilidad de sufrimiento será previsiblemente Ciudadanos cuyo votante es el más volátil, más moderado e indeciso. Aunque no es descartable que el bloque de izquierdas sufra cierto desgaste y acentúe su división, puesto que no serán ajenos, por un lado, a la caída de la participación, y por otro, a la pérdida de su más importante eje movilizador de la pasada campaña: la necesidad de vencer a las derechas.

Sin duda, la responsabilidad sobre la repetición de elecciones parece que va a marcar el fundamento central de campaña de todos los partidos políticos. De ahí se extraen sus movimientos de última hora para visualizar quién de todos es el culpable de llevarnos una vez más a votar.

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