Sánchez aterriza en la realidad

Pedro Sánchez (i) junto a Feijóo. /EP
Pedro Sánchez (i) junto a Feijóo. / EP

El jefe del Ejecutivo modula el discurso con el que hizo oposición a Rajoy tras un mes en la Moncloa

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

No tuvo que pasar ni un día para que Pedro Sánchez asumiera que el discurso que mantenía en la oposición debería ser ajustado en la Moncloa. El jefe del Ejecutivo ya adelantó durante su moción de censura contra Mariano Rajoy que no le quedaría más remedio que hacer suyos los presupuestos negociados por el Gobierno del PP y contra los que tan duramente había cargado. También dejó caer que no habría nueva financiación autonómica en esta legislatura. Pero el baño de realidad ha ido aún más lejos y hoy, durante el debate parlamentario en el que debía presentar su programa político, trató de arrastrar hacia él a sus socios parlamentarios, fundamentalmente a Podemos.

En vísperas de la negociación de los objetivos deuda y déficit y de la aprobación del techo de gasto con el que se han de elaborar las cuentas públicas de 2019, el secretario general del PSOE advirtió a sus aliados de la izquierda de que no será posible alcanzar el nivel de gasto público que llevan días exigiendo a cambio de su respaldo (un aumento de aproximadamente 15.000 millones de euros). «Yo también he cometido el mismo error -admitió ante Ione Belarra, la portavoz que suple la baja de paternidad de Pablo Iglesias e Irene Montero- pero la economía crece a un 2,8% y la inflación es del 2%. Tenemos que ser muy conscientes y autolimitarnos para no aumentarla más; la macroeconomía son lentejas».

Fue uno de los más severos jarros de agua fría que Sánchez vertió sobre las demandas de sus apoyos parlamentarios en las casi cinco horas que duró el pleno del Congreso, pero no el único. El Gobierno advirtió el pasado viernes, a raíz de la polémica generada por las grabaciones de Corinna su Sayn-Wittgestein sobre el patriomonio de Juan Carlos I, de que no publicaría los nombres de los beneficiarios de la aministía fiscal de 2012. Hoy, Sánchez se presentó ante la Cámara con el anuncio de que, a cambio, prohibirá por ley regularizaciones extraordinarias de ese tipo. Pero no logró aplacar a la izquierda y tampoco a Ciudadanos.

El jefe del Ejecutivo tuvo que oír cómo, uno tras otro, varios portavoces le recordaban las promesas realizadas como líder de la oposición. «Hasta diez vídeos suyos circulan en la red con ese compromiso -insistió Belarra-. Tenemos derecho a saber si el (anterior) Rey es un defraudador y se puede hacer». A eso se unieron los reproches de Izquierda Unida y Esquerra por no respaldar una comisión de investigación sobre los negocios del exjefe del Estado. «Es la alianza republicana la que le ha hecho llegar aquí, téngalo en cuenta», le espetó Alberto Garzón.

Sánchez se escudó en la sentencia del Tribunal Constitucional que declaró nula la amnistía hace aproximadamente un año para justificar su decisión de mantener en secreto los nombres de los amnistiados. El tribunal dejó claro que no se pueden perdonar las deudas a los defraudadores con el único argumento de corregir el déficit público, pero también advirtió de que pese a todo no se podrían revisar las declaraciones realizadas por los 31.000 contribuyentes que se acogieron a la medida.

«Lo que no voy a hacer es prevaricar», dijo el líder socialista tras asegurar que desconoce quiénes forman parte de la famosa lista. «Le exijo que cumpla -insistió Albert Rivera-; no hay ningún informe jurídico que diga que no se pueden publicar los nombres».

Defensa «de izquierdas»

En el paso de las musas al teatro, el secretario general del PSOE también ha tenido que adaptar su visión sobre el presupuesto de las Fuerzas Armadas. Él, que en su estreno como líder del partido armó un enorme revuelo al decir en una entrevista desenfadada de 'El Mundo' que sobraba el Ministerio de Defensa, volvió hace unos días de la cumbre de la OTAN con el mensaje contrario: su objetivo será aumentar el gasto militar hasta el 2% del PIB.

Las críticas de quienes le apoyaron en la moción de censura no tardaron en llegar. Sánchez recordó que la exigencia del presidente estadounidense, Donald Trump, a los aliados europeos era aún mayor (hasta el 4% del PIB) y argumentó que si Estados Unidos se retira, la Unión Europea tiene que hacer una «reflexión» para ver cómo cubre su espacio. «Yo que soy una persona profundamente de izquierdas y progresista, como lo son ustedes, les digo que de izquierdas también es garantizar y asegurar la paz en el mundo -esgrimió- y eso exige de una alianza atlántica que esperemos que se preserve en el tiempo».

El jefe del Ejecutivo se vio forzado además a justificar su decisión de no prescindir de los Centros de Internamiento de Extranjeros, que el PSOE en la oposición exigía reformar en profundidad. Sánchez aseguró que su intención sigue siendo «mejorar su gestión». «Pero es importante no engañar a la ciudadanía y ser conscientes de que necesitamos espacios donde poder ubicar a los inmigrantes irregulares, aquellos que no son asilados», añadió.

En el capítulo de dificultades no faltaron otros asuntos de los que el PSOE llevaba tiempo haciendo bandera. Será tan complejo reformar la LOMCE, la reforma laboral, o la ley mordaza entre formaciones con posiciones tan distintas que, como mucho, admitió, se podrán hacer retoques.

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