La mujer, de la revolución industrial a la digital

Si analizamos el panorama de la presencia femenina en la formación y ocupación tecnológica, llegaremos a una conclusión preocupante: la mujer no se está situando bien ante la gran revolución en curso

GEMA DÍAZ

Este 8 de marzo, que celebramos el Día Internacional de la Mujer, es preciso volver la vista atrás para admirar y agradecer a las pioneras que lucharon desde finales del XIX por conquistar el derecho al sufragio universal no consagrado por la ONU hasta 1952 y a la igualdad de derechos plenos entre hombres y mujeres.

En marzo de 1911, un pavoroso incendio arrasó en New York la industria camisera Triangle Waist y acabó cruelmente con la vida de 123 mujeres que trabajaban en su interior. El aldabonazo de esta tragedia sacudió la conciencia de la sociedad de su época, que tomó conciencia de las indignas condiciones de trabajo de las mujeres. Nacía el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en recuerdo de aquel día aciago de la II Revolución Industrial.

Hoy, más de un siglo después, nos enfrentamos a una vertiginosa revolución digital que sacude con una fuerza inusitada los cimientos más firmes de nuestra sociedad. Las tecnologías transforman las maneras de trabajar, de producir, de crear, de relacionarnos. Y si en aquellas industrias de incipientes máquinas eléctricas y taylorismo en ciernes a las mujeres se nos asignó a los puestos de trabajo de menos cualificación y salario, debemos estar bien atentas al riesgo cierto de que vuelva a ocurrir algo similar en los modelos de producción que la nueva economía digital apunta.

De todos es bien conocida la brecha salarial que aún existe entre las mujeres y hombres de nuestro país. Y, aunque es cierto que no existe convenio que ya no aplique el principio lógico de un mismo trabajo un mismo salario, no cabe duda que los puestos más cualificados, de mayor responsabilidad y salario suelen estar ocupados mayoritariamente por hombres. Hasta aquí la realidad que tratamos de mejorar día a día. Pero, atención, debemos ser conscientes de que la mayoría de los empleos que se crearán durante estos próximos años tendrán base tecnológica y que las empresas que más valor aporten y beneficios obtengan, así como los empleos mejor remunerados y las profesiones de mayor proyección y recorrido, serán las relacionadas con la economía digital. De nada valdría la lucha de la igualdad de la mujer en la economía tradicional si no la garantizamos en la vanguardia económica y profesional que supone la transformación digital.

Y si analizamos, aunque sea sucintamente, el panorama de la presencia femenina en la formación y ocupación tecnológica, llegaremos a una primera conclusión preocupante: la mujer no se está situando bien ante la gran revolución en curso. Las mujeres españolas consiguen el 59% del total de títulos universitarios de nuestro país, aunque solo representan el 32% de los titulados en ingeniería y el 21% de los titulados en informática. Atención a este dato, pues ya anticipa el quiénes estarán al frente de los desarrollos y de las empresas tecnológicas. Y, aunque es cierto que existe la libertad de elección de carrera y que nada impide a la mujer estudiar una carrera tecnológica, también lo es que los modelos sociales y familiares empujan a la mujer a las carreras sanitarias y humanísticas, en detrimento de las tecnológicas.

Según la OCDE, el 71% de los hombres con estudios de ciencias acaban teniendo profesiones en ingeniería, matemática o estadística, mientras que solo el 43% de las mujeres con esos estudios acabarán en esas ocupaciones. Estos datos están cimentando las grandes desigualdades del inminente futuro, en el que si no cambiamos esta realidad de nuevo a las mujeres nos tocará ocupar los puestos menos cualificados, lo que significará la consagración de la brecha salarial que aún padecemos.

No tenemos un segundo que perder. Por eso, sorprende la indiferencia que tanto las instancias públicas, como la propia sociedad, prestan a cuestiones del todo vitales como la Agenda Digital o la educación tecnológica, que debería impregnar nuestra formación, también la que reciben los profesores y maestros. Basta comparar el esfuerzo que en estas materias y en emprendimiento tecnológico escolar realizan países como Singapur, Japón, Corea del Sur, Israel, India, Finlandia o EE UU para comprender donde estarán los países más prósperos y dinámicos de este próximo futuro. Y, desgraciadamente, en España no estamos a la altura de los países más avanzados en la materia, sin que se aviste una voluntad cierta de cambio.

¿Y en Cantabria? La revolución tecnológica debe ser una palanca para nuestro desarrollo de mujeres y hombres y para mantener y atraer el talento a nuestra tierra. Una iniciativa en este sentido, por ejemplo, es la del programa GirlsTech, que desarrolla la Embajada de EEUU en España con el Ayuntamiento de Santander orientado al empoderamiento tecnológico de sesenta chicas de entre nueve y doce años, con el reto de comenzar a crear su primer ecosistema tecnológico. En este Día de la Mujer debemos mirar hacia atrás con orgullo, por los logros conseguidos, pero también hacia adelante, para ambicionar que la revolución digital nos haga prosperar y para que nos iguale a hombres y mujeres en sus empleos, para así no permitir, bajo ningún concepto, que sea usada para volver a discriminar profesional y salarialmente a las mujeres.