Muestrario de pasmos

Nieves Bolado
NIEVES BOLADOSantander

Asegura que con un porcentaje de probabilidad del 99,9%, renunciará dentro de unos días (en febrero) a seguir siendo diputado regional y concejal/portavoz de Torrelavega. No podrá dejar de ser excalde porque el pasado sólo existe en la memoria. Ildefonso Calderón amaga con abandonar la política activa en represalia a su partido –el PP– que desde Madrid ha impuesto a Ruth Beitia como candidata a la Presidencia de Cantabria para disputar a Revilla el sitial de Peña Herbosa. No parece haber seguido el candidato virtual a la Alcaldía de Torrelavega en 2019 un sabio consejo –en realidad una bravuconada desafiante– exhortando a que no se anuncien las dimisiones, que se presenten. Seguramente no está todo dicho, y si es verdad que la vida puede cambiar radicalmente en un segundo, en un mes, puede provocar una hecatombe.

Lo cierto es que el enfado de Calderón no exacerba en exceso a las gentes del PP local, tan acostumbradas a la invasión de competencias –un clásico que se reedita cíclicamente– aunque consiguen seguir contrariando a los zamarreados y penitentes seguidores del partido fundado por Manuel Fraga. En Torrelavega, el pasmo sobrepasa uno de sus conceptos etimológicos –el de sorpresa, por ejemplo– tomando aquel otro que da título al cuadro pintado por Rafael en 1517 –El Pasmo de Sicilia– representando la caída de Cristo en el camino del Calvario. Muy descriptiva.

Así han sido los alunizajes que desde 1987 viene propiciando el PP en las cabeceras de las listas municipales de Torrelavega, lanzando de paso un enervante Código Bravo a sus bases. La última, fue la toma de tierra que protagonizó el propio Calderón. Su sorpresiva e impuesta entronización en 2007 como candidato a la Alcaldía fue un meteorito que fulminó con tal impacto contra la militancia que aún se adivinan las muescas en el rostro de algunos afiliados, simpatizantes o votantes que se enteraron de la novedad cuando abrieron las páginas de El Diario Montañés. Albalá había atravesado el reseco desierto de la coalición con el PRC durante los cuatro años como teniente de alcalde de López Marcano. Tenía, pues, razón y motivo para sus aspiraciones que quedaron, no obstante, frustradas horas antes de hacerse público que tenía un sustituto en un perfecto desconocido de la política municipal, Ildefonso Calderón. Como premio de consolación le tocó la pedrea: el puesto 17 en la lista al Parlamento de Cantabria, donde logró ser diputado por los pelos ya que el PP consiguió aquel año 18 escaños. Era presidente del partido Ignacio Diego.

Aquel pasmo se había parido en un pasteleo vespertino del veraneo comillano de 2006, donde un reputado publicista, un preeminente político –y algún aconsejador ocasional– diseñaron una candidatura a la que pusieron el nombre de Ildefonso Calderón, un neófito de la política –perfecto desconocido hasta entonces en la vida pública– y que con indisimulado enfado de gran parte de la militancia local, torció las aspiraciones de Luis Carlos Albalá que se veía pilotando un segundo intento de alcanzar la Alcaldía de Torrelavega. Aquel inesperado acuerdo pergeñado en la Villa de los Arzobispos obligó a la agrupación local a improvisar una afiliación de esas de 'toda la vida'.

No se interrumpía la tradición. Albalá se quedaba como Rigoletto, el burlador burlado, porque ocho años antes, el entonces joven político producía un marasmo similar en la militancia al ser designado –que no elegido– por la directiva regional del PP (que presidía Gonzalo Piñeiro) para tumbar al veterano y correoso político, Ricardo Bueno, de cuya mano Albalá había llegado a la política local en 1995. Como parece ser hábito, también Bueno se enteró de que había testado a favor de su pupilo unas horas antes de producirse el anuncio del inopinado relevo.

Ya en 1987 Pedro Cabeza (AP) había sido víctima prematura de una similar decisión de José Luis Vallines (presidente regional del partido) que sobrepuso su opinión a la de Jesús Díaz (presidente local) ordenando que el candidato fuera José Parra, provocando una cascada de deserciones en las filas de la incipiente Alianza Popular. Parra dimitió tras las elecciones, quedando José Luis Merino Gutiérrez al mando del grupo municipal, intuyendo que podría ser el nuevo líder local, ilusión frustrada en 1991 con la imposición de Ricardo Bueno como candidato. Cadena de asombros.

En el caso de Ildefonso Calderón, si su anuncio de dejar la política no es un envite 'a la chica', volverá a la vida 'civil', al trabajo que ha mantenido –es médico y no depende exclusivamente del dinero público– quizás musitando en el camino de vuelta el mismo lamento de aquel viejo periodista y político democristiano, Giulio Andreotti, que reconoció que lo que realmente desgasta del poder no es ejercerlo, sino perderlo.

 

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