«Los niños de acogida deben ser uno más en la familia»

«Los niños de acogida deben ser uno más en la familia»
Alexánder Aguilera

Alexánder Aguilera
ALEXÁNDER AGUILERACastro Urdiales

El desastre de Chernóbil aún sigue estando presente en muchas de las regiones de Bielorrusia. Por esta razón, desde la Asociación de Acogida de Niños Bielorrusos -Acobi Castro Acoge Cantabria- trabajan desde hace tres años para alejar durante unos meses a estos niños de entre 7 y 17 años de su día a día e intentar llevar a cabo un programa de sanación con familias de acogida. Precisamente, la presidente de la asociación, Irene Cubero, es el segundo año que acoge y no duda al tachar de «increíble» su experiencia. Sin embargo, la falta de familias hace que cada año se queden muchos niños sin la posibilidad de disfrutar de dos meses de diversión por lo que desde Acobi, animan a cualquier familia de la región a dar un pequeño paso en el que la ilusión y las ganas son el único requisito.

-¿Qué requisitos deben cumplir los niños?

-Los niños pueden venir a partir de los siete años porque a los niños que son menores de esa edad, el gobierno bielorruso no les deja venir. A partir de aquí, en Acobi nos encargamos de las gestiones hasta los 17 y 18 años. Una vez que son mayores de edad, si ambas familias están de acuerdo, puede seguir viniendo, pero por libre, ya no a través de nuestra asociación. Hay que recalcar que este es un programa de sanación que se lleva a cabo gracias a un acuerdo entre el gobierno bielorruso y el español como consecuencia del desastre de Chernóbil.

-¿Cuánto tiempo están de acogida?

-Dos meses. En esta campaña llegaron el pasado 17 de junio y se van el 27 de agosto y en la de invierno están cerca de un mes. Además, cabe la posibilidad de que los niños que vienen lo hagan durante varios años seguidos.

-¿Cómo es la adaptación de los niños?

-Por lo general, buena. Aquí, todo lo que tienen es mejor que de donde provienen y se adaptan rápido. Es verdad que son muchos cambios, pero enseguida se dan cuenta que van a estar muy bien y no suelen tener ningún problema.

-¿Ha bajado el número de familias dispuestas a acoger?

-No. De hecho, nosotros, en principio, veníamos de Acobi Vizcaya y decidimos crear Acobi Castro Acoge Cantabria ante el aumento de familias cántabras dispuestas a acoger. Por eso, quiero recalcar que no solo nos cerramos a familias de Castro, cualquier persona de la región que tenga ganas e ilusión por acoger a un niño bielorruso puede contactar con nosotros y estaremos encantados de ayudarle.

-¿Se han quedado niños fuera del programa de acogida?

-Hay muchos niños a los que no podemos traer, pero también tenemos programas de ayuda para ellos como, por ejemplo, en Rodnia.

-El pasado domingo, 17 de junio, llegaron los niños para pasar el verano, ¿cómo fue la llegada?

-En este sentido, hay que diferenciar dos tipos de niños. Por un lado, están los que ya han venido más veces, que ya estaban deseando bajarse del avión para coger la maleta y disfrutar de los dos meses que tienen por delante. Sin embargo, en el otro lado, los niños que vienen por primera suelen bajarse serios porque, realmente, ellos no saben a lo que vienen. Sus familias les han dicho que van a España, pero eso no les hace saber lo que van a tener aquí realmente. Además, no conocen el idioma y eso les crea más inseguridad aún. La verdad es que son auténticos supervivientes.

-¿Qué es lo que más aprecian?

-Lo primero de todo, sin duda, la playa, y también la alimentación. Al final ellos no ven la parte curativa, únicamente intentan pasárselo bien y disfrutar de estar mucho tiempo en la calle. Tratamos de que se olviden de las circunstancias que tienen allí porque, incluso, hay niños que están medio abandonados. Todo les llama la atención, el grifo, la playa o el hecho de tener agua caliente.

-¿Cómo definiría la experiencia de acoger a un niño bielorruso?

-La mayoría de las familias dicen que ha sido muy importante para ellos, porque nosotros damos, pero recibimos mucho. Por ejemplo, la niña que tengo yo en acogida se quedó mirando la playa un buen rato y cosas como esta también nos ayudan a valorar todo lo que tenemos. Cuando ves, por ejemplo, que le cambias la mentalidad, que le inculcas la importancia de estudiar, es una gran satisfacción, hemos cumplido el objetivo.

-¿Es importante no sentir lástima?

-Por supuesto. Nosotros, cuando hablamos con las familias de acogida, lo primero que les decimos es que el niño tiene que ser uno más, no hay que sentir lástima y darles de todo en todo momento. Ellos son unos privilegiados por el hecho de venir y, si les damos todo, no van a valorar realmente lo que es estar aquí y se estropea el acogimiento.

-¿Sienten pena cuando se van o están deseando ver a sus familias?

-Hay muchos a los que les da pena irse, pero quieren ver a sus familias. Sin embargo, también tenemos niños que viven en orfanatos y no quieren marcharse. Hay que explicarles muy bien que no les estás abandonando y que van a volver porque hay que tener en cuenta que muchos sienten a la de aquí como su verdadera familia.

 

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