El Deva se desborda e inunda Molleda y Unquera

Lucía Alcolea / Héctor Ruiz

El tráfico permanece cerrado para acceder al pueblo, donde han tenido que desalojarse una docena de viviendas

Lucía Alcolea
LUCÍA ALCOLEACabezón de la Sal

Los pueblos de Unquera y Molleda, en el término municipal de Val de San Vicente, han sufrido desde primera hora las consecuencias del temporal y el desbordamiento del río Deva, que ya ha dejado incomunicada Molleda, donde alrededor de las once de la mañana la Guardia Civil de Tráfico ha cortado el tráfico en la nacional N-631. El alcalde del Ayuntamiento, Roberto Escobedo, confirmaba esta mañana que la situación en Molleda era la más preocupante. «Hemos desalojado al menos una docena de viviendas y fueron los propios vecinos, sobre todo personas mayores, los que en la tarde de ayer ya empezaron a subir a las zonas altas del pueblo al ver que el nivel del río aumentaba», acostumbrados a ver cómo el agua entra en sus viviendas. Por el momento el tráfico continúa cortado en el límite entre ambos pueblos, aunque sí se puede acceder atravesando el monte dando una vuelta más larga por el pueblo asturiano de Pesues.

En la urbanización El Llanzucu, de Unquera, los vecinos se han pasado la mañana mirando al río Deva y resignados mientras el agua entraba en sus garajes alcanzando incluso más de un metro de alto. «Sucedió lo mismo hace diez años», explicaban Neri Rodríguez y Andrea Franco, dos residentes, por eso ayer por la tarde ya sacaron los coches y las bicicletas del garaje. «Mira, mira, hace años se inundó el patio y esto era una piscina marrón, pero esta vez esperemos que no llegue a tanto», explicaban mientras señalaban la altura que el agua había alcanzado en sus bajos. En la misma urbanización reside Óscar Lujar. Le faltaba poco para que el agua alcanzase su vivienda. «Está al ras», decía esperando que no ocurriera lo peor y el agua inundase su casa.

En una situación parecida se encontraban esta mañana los propietarios de algunos establecimientos de hostelería de la calle San Felipe Neri, en Unquera, cuyos bajos y patios interiores estaban anegados. «Está a punto de caramelo», bromeaba Tere Gutiérrez, cuyo hijo regenta el bar La Asturiana. Fuera de la cocina del establecimiento, en la 'corralada', se había formado una piscina marrón. «Hay menos de un metro, pero te calas por encima de las rodillas, aunque depende porque hay zonas de desnivel y cubre más». «Un año entró hasta el mostrador y estamos preocupados porque no sabemos si esta tarde pasará lo mismo con la pleamar, que está prevista a las siete».

Lo que suceda esta tarde con la marea alta le preocupaba también a Ramón Canal, propietario del Hotel Río Deva, paradójico si tenemos en cuenta que el río había inundado su almacén y trataba de sacar el agua mediante una bomba de achique «que tenía mi cuñado en su barco». En enero están cerrados, «pero aun así se ha visto afectada la calefacción del local y varias lavadoras». El agua salía de su local «muy sucia y con mucha fuerza», pero a él se le notaba muy tranquilo o más bien, «resignado», decía. Como lo estaba también el dueño del Pindal, quizá el restaurante más afectado. Situado justo al lado del río Deva, el agua había entrado en el local hasta ocupar unos 20 centímetros. «Ayer por la tarde ya estuvo a punto de entrarme el agua en el negocio, pero el río ha empezado a desbordarse a primera hora de la mañana. No nos queda otra que resignarnos y esperar a que remita la lluvia, luego valoración de daños y limpieza». No había llamado a los bomberos, «porque no hay vidas humanas en juego y sé que Cantabria entera está desbordada». No ha perdido mucho producto, «pero sí algo y luego está la maquinaria que se haya podido ver afectada».

El presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, visitó esta mañana Unquera y explicó que «toda Cantabria está igual». También dijo que se enfrentan a una situación «que yo no había visto nunca hasta ahora».